miércoles, 31 de enero de 2018

La Violinista (parte 3)

Intenté por mi parte hablar con otros de sus familiares, pero la relación de ellos estaba rota, no había manera, no querían saber nada de ella ni de su carácter. Me hice a la idea de que Nina tendría que afrontarlo con la cabeza fría, era joven, tenía talento y dinero, no podía dejarse vencer, y así se lo dije. Cada tanto lo llamaba para preguntar por su hermano y siempre me decía con la voz totalmente rota que estaba peor.
Por fin, un día lluvioso de agosto murió el hermano de Nina. Ella no lloró y se portó amable con todo que llegó al velorio y al entierro. Lo enterramos una mañana y ella se quedó a la par de la tumba hasta que cerraron el cementerio, debajo de la lluvia, sin llorar, sólo sentada en el suelo sin expresión alguna. Tuve que llegar yo seguida de un médico a inyectarle un relajante que la hiciera dormir profundamente y llevármela a casa para que descansara.
—Me duele mucho el pecho —me dijo un par de días después por teléfono. No lo soporto, duele mucho, y no creo que se me quite. La muerte me derrotó, se lo llevó. ¿Quién me va a cuidar ahora?
Busqué al mejor de los psicólogos que lo había tratado cuando Antonio la dejó y durante dos meses Nina respondió bastante bien. Incluso contrató una semana un estudio y grabó diez canciones, las mejores que le escuché tocar, todas tristes, en tonos menores, magistralmente interpretadas.
Después de grabar las canciones llegó a mi casa y me entregó su violín favorito. Me dijo que ya nunca iba a tocar más. Pero era un buen violín que sonaba bien y quería que lo tuviera alguien que lo apreciara. No, le dije, en un par de meses volvemos a tocar y te vas a poner bien. Sonrío sombríamente y me dijo que le seguía doliendo demasiado el pecho, y que de todos modos nadie apreciaba su trabajo, que ni la conocían.

Dos días después, cuando su hermano cumplía cuatro meses de haber muerto, Nina fue al cementerio desde temprano y llevó un pastel de manzana, el favorito de su hermano. Comió un par de bocados durante el día, con algo de agua que llevaba. Una hora antes de que cerrara el cementerio, con un revólver calibre 38 se pegó un tiro certero y fatal en el corazón, y allí falleció delante de la tumba donde reposaba el alma de su hermano, dejando este mundo como otras de las futuras promesas de la música que se fueron demasiado jóvenes.
FIN

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