Intenté por mi parte
hablar con otros de sus familiares, pero la relación de ellos estaba rota, no
había manera, no querían saber nada de ella ni de su carácter. Me hice a la
idea de que Nina tendría que afrontarlo con la cabeza fría, era joven, tenía
talento y dinero, no podía dejarse vencer, y así se lo dije. Cada tanto lo
llamaba para preguntar por su hermano y siempre me decía con la voz totalmente
rota que estaba peor.
Por fin, un día lluvioso
de agosto murió el hermano de Nina. Ella no lloró y se portó amable con todo
que llegó al velorio y al entierro. Lo enterramos una mañana y ella se quedó a
la par de la tumba hasta que cerraron el cementerio, debajo de la lluvia, sin
llorar, sólo sentada en el suelo sin expresión alguna. Tuve que llegar yo
seguida de un médico a inyectarle un relajante que la hiciera dormir
profundamente y llevármela a casa para que descansara.
—Me duele mucho el
pecho —me dijo un par de días después por teléfono. No lo soporto, duele
mucho, y no creo que se me quite. La muerte me derrotó, se lo llevó. ¿Quién me
va a cuidar ahora?
Busqué al mejor de los psicólogos
que lo había tratado cuando Antonio la dejó y durante dos meses Nina respondió
bastante bien. Incluso contrató una semana un estudio y grabó diez canciones,
las mejores que le escuché tocar, todas tristes, en tonos menores,
magistralmente interpretadas.
Después de grabar las
canciones llegó a mi casa y me entregó su violín favorito. Me dijo que ya nunca
iba a tocar más. Pero era un buen violín que sonaba bien y quería que lo
tuviera alguien que lo apreciara. No, le dije, en un par de meses volvemos a
tocar y te vas a poner bien. Sonrío sombríamente y me dijo que le seguía
doliendo demasiado el pecho, y que de todos modos nadie apreciaba su trabajo,
que ni la conocían.
Dos días después, cuando
su hermano cumplía cuatro meses de haber muerto, Nina fue al cementerio
desde temprano y llevó un pastel de manzana, el favorito de su hermano. Comió
un par de bocados durante el día, con algo de agua que llevaba. Una hora antes
de que cerrara el cementerio, con un revólver calibre 38 se pegó un tiro
certero y fatal en el corazón, y allí falleció delante de la tumba donde
reposaba el alma de su hermano, dejando este mundo como otras de las futuras
promesas de la música que se fueron demasiado jóvenes.
FIN
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