sábado, 23 de diciembre de 2017

La mamá de Nuria está rara (parte 3)

Al llegar al médico, cuando éste examinaba a mamá, yo no me pude controlar y le pregunté en cuanto tiempo se iba a poner bien mi mamá.
Tras oír esto, el médico, con un gesto preocupado, me dijo:
-          Pequeña, eso es difícil decirlo, pero tu mamá seguro que se va a poner bien y va a poder llevarte al cole y hacer las cosas que hacía antes. ¡No te preocupes!
Pasaban los días y mamá continuaba en el hospital, por lo que papá se pasaba mucho tiempo en el hospital, así que para ayudar un poco en casa papá contrato a la señora Pots, la cuál nos ayudaba en las tareas domésticas, nos quería mucho, nos daba muestras de ánimo tanto a mi papá como a mí y la semana pasada que estuve llorando, me llevó a casa de mi amiga Luna con el fin de que me encontrara mejor.
Llegó el día en que a mamá le dieron el alta en el hospital y regresó a casa.
Antes de su llegada, me preguntaba cómo me la iba a encontrar, si había cambiado algo, si se acordaría de mí….
Cuando mamá llegó ella parecía tan normal, parecía que no tenía ninguna enfermedad mental. Me dio un abrazo, y dijo que me había echado muchísimo de menos, y que pronto todo volvería a ser como siempre. Yo también lloré de verla así.
Algunos días, yo notaba como mamá estaba muy deprimida y algo callada cuando tomaba su medicación.
Papá me dijo que cuando la psicosis pasaba era bastante normal que las personas que la padecían estuvieran tristes y calladas, y que eso formaba parte del proceso que debían seguir para curarse.
Viendo todo esto, me gustaría que mi mamá volviera a ser normal como antes de que la psicosis hubiera aparecido en su vida.
Ayer, como estaba lloviendo y no podíamos ir a ninguna parte, hicimos un pastel de chocolate papá y yo, y mamá, al vernos, quiso acompañarnos también. Cuando habíamos terminado y nos dispusimos a comer el pastel, papa me hizo una de sus bromas y me quitó el pastel, a lo que mamá respondió con una gran y sonora carcajada.

Esto me hace pensar que algún día se curaba y será libre de esa cruel y dura enfermedad a la que llaman “PSICOSIS”.
FIN

jueves, 21 de diciembre de 2017

La mamá de Nuria está rara (Parte 2)

La siguiente vez que fui al hospital, parecía una reunión familiar, ya que estaban mis tíos, primos y abuelos, incluidos los médicos y enfermeras que cuidaban a mamá. Mis papás me hablaron de la enfermedad de mamá. Se llamaba psicosis; y al oírla, mis primos se rieron porque decían que esa palabra les hacía gracia. Por otro lado, yo sentí miedo de que el doctor se enfadara por el comportamiento de mis primos, pero simplemente se limitó a sonreír y a asentir con la cabeza.
Cuando llegamos a casa, mi papá me explicó que la enfermedad que mamá tenía hacía que sus pensamientos se quedaran desordenados, que cambiara su comportamiento a uno muy raro y que le hacía oír y ver cosas que solo estaban pasando en la mente de mamá.
También me dijo que cuando mamá se ponía enferma no siempre sabía que síntomas serían los que mamá tuviera de verdad, de los que tenía sólo en su imaginación, y que por eso era mejor que estuviera en el hospital para que lo pudieran ayudar más.
A los pocos días, mi papá me volvió a hablar de aquella enfermedad llamada “psicosis”, y me dijo que algunas de las personas pueden enfermar si tiene mucho estrés o problemas en sus vidas. Ahí, yo me preocupé un poco y con un tono preocupado, pregunté:
-          ¿Mamá ha enfermado por mí?
Entonces, papá me dio un fuerte abrazo y me dijo que esa enfermedad no la causaban los niños ni otras personas, sino que había algunas personas que eran más sensibles que otras, por lo que podían ponerse enfermas con mayor facilidad.

Al mes, mamá tuvo que ir a revisión de su enfermedad, y tanto papá como yo fuimos con ella. En el camino, mamá tenía una sonrisa y no dejaba de decirme que todo iba a salir bien, lo que me hacía pensar que esa sonrisa podría no ser de verdad, y que todo se quedara en la imaginación de mamá. CONTINUARÁ...........

lunes, 18 de diciembre de 2017

La mamá de Nuria está rara (Parte 1)

“Me llamo Nuria, tengo 8 años y en cuarto cursos. En mi familia somos tres: mi mamá, mi papá y yo. Mi papá trabaja en unas oficinas y mi mamá…”. Mi profesora nos mandó hacer una redacción sobre el trabajo de nuestros papás. Aunque soy muy buena escritora, ahora tengo problemas con esta…
Mi mamá era una madre normal, cariñosa y trabajadora, pero de repente, un día me dí cuenta que se había convertido en alguien diferente, ya que se sentaba en silencio con la mirada enfocada hacia la nada.
Algunas veces me despertaba y escuchaba como mamá iba a la cocina a media noche, hasta que un día comenzó a decir cosas raras, a reírse y a hacer cosas que nunca jamás hubiera hecho; me asustaba ese comportamiento, ya que sentía que se había convertido en otra persona.
Hasta que un día comenzó a gritar y llorar sin parar, por lo que papá algo asustado la llevó al hospital, y yo, al verlos irse, no me atreví a preguntar por qué se la llevaba, pero algo en mí me decía que era algo muy serio, por lo que tuve dolor de cabeza durante algunos días, y cuando mis amigos y profesores se me acercaban para preguntarme cómo iban las cosas, me quedaba callada.
Papá pasaba mucho tiempo en el hospital con mamá, por lo que mis abuelos me cuidaban. Me decían que tenía que ser una niña muy valiente, fuerte y ayudar en casa todo lo que pudiera porque ya era muy mayor. Papá tenía mucho trabajo mientras mamá no estaba, por lo que intenté ayudarle en lo que pudiera, para que no se cansara mucho él también.

Cuando pasó una semana, fui a ver a mi mamá al hospital. Tenía miedo de cómo me la encontraría, pero cuando pasé a su cuarto, mi mamá parecía ser la de siempre, recibiéndome con un cálido abrazo y una gran cantidad de besos. 
CONTINUARÁ...........

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Noventa y nueve (parte 2)

Cuando el paje salió por la mañana, el sabio y el rey lo estaban espiando. El sirviente leyó la nota) agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció. La apretó contra el pecho, miró hacia todos lados y cerró la puerta.
El rey y el sabio se acercaron a la ventana para ver la escena. El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa, dejando sólo una vela, y había vaciado el contenido de la bolsa. Sus ojos no podían creer lo que veían: ¡una montaña de monedas de oro! El paje las tocaba, las amontonaba y las alumbraba con la vela. Las juntaba y desparramaba, jugaba con ellas... Así, empezó a hacer pilas de diez monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres, cuatro, cinco pilas de diez... hasta que formó la última pila: ¡nueve monedas! Su mirada recorrió la mesa primero, luego el suelo y finalmente la bolsa.
"No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era mas baja. "Me robaron -gritó-, me robaron, ¡malditos! "Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas. Corrió los muebles, pero no encontró nada. Sobre la mesa como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había noventa y nueve monedas de oro. "Es mucho dinero -pensó- pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo. Cien es un número completo, pero noventa y nueve.
El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, tenía el ceño fruncido y los rasgos tensos, los ojos se veían pequeños y la boca mostraba un horrible rictus. El sirviente guardó las monedas y, mirando para todos lados con el fin de cerciorarse de que nadie lo viera, escondió la bolsa entre la leña. Tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número cien? Hablaba solo en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla; después, quizás no necesitaría trabajar más. Con cien monedas de oro un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas de oro se puede vivir tranquilo. Si trabajaba y ahorraba, en once o doce años juntaría lo necesario. Hizo cuentas: sumando su salario y el de su esposa, reuniría el dinero en siete años. ¡Era demasiado tiempo! Pero, ¿para qué tanta ropa de invierno?, ¿para qué más de un par de zapatos? En cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.
 El paje había entrado en el círculo del noventa y nueve. Durante los meses siguientes, continuó con sus planes de ahorro. Una mañana entró a la alcoba real golpeando las puertas y refunfuñando.
 - ¿Qué te pasa? -le preguntó el rey de buen modo.
-Nada -contestó el otro.
-No hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
-Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría Su Alteza, que fuera también su bufón y juglar?

 No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

martes, 12 de diciembre de 2017

Noventa y nueve (parte 1)

En un país no muy lejano había un rey muy triste, el cual tenía un sirviente que se mostraba siempre pleno y feliz. Todas las mañanas, cuando le llevaba el desayuno, el sirviente lo despertaba tarareando alegres canciones de juglares. Siempre había una sonrisa en su cara, y su actitud hacia la vida era serena y alegre.
Un día el rey lo mandó llamar y le preguntó:
-Paje, ¿cuál es el secreto?
-¿Qué secreto, Majestad?
-¿Cuál es el secreto de tu alegría?
-No hay ningún secreto, Alteza.
-No me mientas. He mandado cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.
-Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo a mi esposa y a mis hijos viviendo en la casa que la corte nos ha asignado, estamos vestidos y alimentados, y además Su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas que nos permiten darnos pequeños gustos. ¿Cómo no estar feliz?
-Sino no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey- Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.
El rey estaba furioso, no conseguía explicarse cómo el paje vivía feliz así, vistiendo ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos.
Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le preguntó:
-¿Por qué él es feliz?
-Majestad, lo que sucede es que él está por fuera del círculo.
-¿Fuera del círculo? ¿Y eso es lo que lo hace feliz?
-No, Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
-A ver si entiendo: ¿estar en el círculo lo hace infeliz? ¿Y cómo salió de él?
-Es que nunca entró.
-¿Qué círculo es ese?
-El círculo del noventa y nueve.
-Verdaderamente no entiendo nada.
-La única manera para que entendiera sería mostrárselo con hechos. ¿Cómo? Haciendo entrar al paje en el círculo. Pero, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo. Aunque si le damos la oportunidad, posiblemente entrará por si mismo.
-¿Pero no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-Si se dará cuenta, pero no lo podrá evitar.
-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos lo hará?
-Tal cual, Majestad. Si usted está dispuesto a perder un excelente sirviente para entender la estructura del círculo, lo haremos. Esta noche pasaré a buscarlo. Debe tener preparada una bolsa de cuero con noventa y nueve monedas de oro.

 Así fue. El sabio fue a buscar al rey y juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. El sabio guardó en la bolsa un papel que decía: "Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no le cuentes a nadie cómo lo encontraste".  CONTINUARÁ..........