La siguiente vez que fui
al hospital, parecía una reunión familiar, ya que estaban mis tíos, primos y
abuelos, incluidos los médicos y enfermeras que cuidaban a mamá. Mis papás me
hablaron de la enfermedad de mamá. Se llamaba psicosis; y al oírla, mis primos
se rieron porque decían que esa palabra les hacía gracia. Por otro lado, yo
sentí miedo de que el doctor se enfadara por el comportamiento de mis primos,
pero simplemente se limitó a sonreír y a asentir con la cabeza.
Cuando llegamos a casa,
mi papá me explicó que la enfermedad que mamá tenía hacía que sus pensamientos
se quedaran desordenados, que cambiara su comportamiento a uno muy raro y que
le hacía oír y ver cosas que solo estaban pasando en la mente de mamá.
También me dijo que
cuando mamá se ponía enferma no siempre sabía que síntomas serían los que mamá
tuviera de verdad, de los que tenía sólo en su imaginación, y que por eso era
mejor que estuviera en el hospital para que lo pudieran ayudar más.
A los pocos días, mi papá
me volvió a hablar de aquella enfermedad llamada “psicosis”, y me dijo que
algunas de las personas pueden enfermar si tiene mucho estrés o problemas en
sus vidas. Ahí, yo me preocupé un poco y con un tono preocupado, pregunté:
-
¿Mamá ha enfermado por mí?
Entonces, papá me dio un
fuerte abrazo y me dijo que esa enfermedad no la causaban los niños ni otras
personas, sino que había algunas personas que eran más sensibles que otras, por
lo que podían ponerse enfermas con mayor facilidad.
Al mes, mamá tuvo que ir
a revisión de su enfermedad, y tanto papá como yo fuimos con ella. En el
camino, mamá tenía una sonrisa y no dejaba de decirme que todo iba a salir
bien, lo que me hacía pensar que esa sonrisa podría no ser de verdad, y que
todo se quedara en la imaginación de mamá. CONTINUARÁ...........
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