El día
17 de agosto de 1995, nació la pequeña Leire, la cual era una niña muy deseada
por sus padres y desde el momento que llegó al mundo se convirtió en una niña
muy querida por todos, ya que era tan bonita que parecía una pequeña princesa.
Al
pasar los meses, Leire seguía creciendo con todo el amor que le brindaban sus
padres; hasta que un día sus padres observaron algo en la pequeña. De pronto,
vieron que la pequeña hacía un extraño movimiento con la cabeza y los hombres y
tras ese movimiento lloraba desconsoladamente.
Viendo
esto, los padres acudieron rápidos al hospital, donde le empezaron a realizar
pruebas a la pequeña, concluyendo que solo se trataba de gases, por lo que
mandaron a Leire y a sus padres a casa, sin darle la menor importancia al
problema.
Los
días pasaban y Leire no dejaba de repetir este extraño movimiento, entonces sus
padres ya muy preocupados decidieron acudir a otro hospital en el que trabajaba
un médico muy conocido por sus diagnósticos eficaces. El especialista examinó a
la bebé y al comprobar las pruebas, se sorprendió al encontrar lo que encontró:
-
Lamento decirles que Leire sufre una enfermedad
muy rara de la cual tenemos muy poca información.
-
¿Cómo? - dijo el padre - ¿Podría explicarse con
más claridad?
-
Leire tiene una enfermedad conocida como
síndrome de West, la cual se encuentra dentro de las enfermedades más raras del
mundo; de ahí sus convulsiones y la afectación en la sonrisa.
-
Eso es terrible – añadió la madre angustiada.
-
¿Qué futuro le espera a nuestra hija de aquí en
adelante? – preguntó el padre preocupado.
-
Me entristece decirles que esta enfermedad
posee un 90% de posibilidades de que Leire tenga algún tipo de retraso y solo
un 10% de posibilidades de que no le queden secuelas de la enfermedad – añadió
el doctor palideciendo.
-
¿Hay algo que podamos hacer? – preguntaron al
unísono.
-
Podemos aplicarle un tratamiento para
contrarrestar los ataques, pero tendremos que probar con varios antes de dar
con el exacto – respondió el médico.
-
Haga lo que pueda por nuestra pequeña –
contestó el padre afligido.
Desde
ese mismo día, Leire quedó ingresada en ese mismo hospital mientras que se le
practicaron diversas pruebas para averiguar el origen de su enfermedad, a la
vez que se le aplicaban varios tratamientos, pero no daban resultado pues la
niña se encontraba cada vez peor, pues las crisis iban en aumento y su estado
se estaba deteriorando.
Un día
Leire jugaba tranquilamente en su habitación cuando de pronto las crisis
comenzaron a darle muy seguido, sin darle tiempo a la pequeña a recuperarse
entre los ataques. Su madre alarmada llamó a las enfermeras y al médico, pero
no sabían que hacer para intentar frenar las epilepsias que le daban a la
pequeña, hasta que se les ocurrió la idea de probar un tratamiento que hasta
ahora no habían probado llamado “Sebril”.
Al
aplicárselo, las crisis le fueron desapareciendo poco a poco por lo que la
pequeña pudo descansar al fin, y al ver esto los médicos decidieron ponerle
este tratamiento con la esperanza de que pudiera minimizar sus síntomas.
Días
después, los médicos comprobaron que el tratamiento si estaba haciendo efecto
en Leire y sus crisis iban desapareciendo poco a poco, por lo que los médicos
le hicieron nuevas pruebas, sorprendiéndose de sus resultados. Así que, el
médico que llevaba el caso de Leire citó a los padres en su despacho y con una
voz serena les dijo:
-
¿Creen en los milagros?
-
¿A que viene todo esto? – contestó el padre de
Leire sorprendido.
-
Tengo excelentes noticias, la enfermedad de
Leire es casi inexistente y si seguimos con el tratamiento, muy pronto Leire
estará recuperada y sin secuelas – les respondió el médico.
-
¿De verdad? – respondió el padre incrédulo.
-
Si, aunque le haremos algunas pruebas más para
estar seguros mañana y según los resultados le daremos el alta por la tarde –
dijo el médico.
-
¡Maravilloso! – exclamaron los padres al
unísono.
Tras
esto, los padres quisieron ver a su hija y fueron hasta la habitación donde se
encontraba Leire durmiendo plácidamente. Éstos la despertaron dulcemente y al
abrir los ojos la pequeña tenía una extraña sonrisa.
A
la mañana siguiente le practicaron las pruebas a Leire, y comprobaron
sorprendidos que la niña no tenía ningún rastro de la enfermedad, y el médico
volvió a citar a los padres de la niña en su consulta para darles la buena
noticia:
-
Hemos comprobado que Leire no tiene ningún
rastro de la enfermedad, es como si nunca la hubiera tenido.
-
¡Es un milagro! – exclamaron los padres
llorando de alegría.
-
Si, en eso estoy de acuerdo con ustedes, Leire
sin duda ha sido una niña muy especial ya que casi ningún niño que tenga esta
enfermedad, sobrevive sin ninguna secuela – dijo el médico.
-
¿Nos podemos ir a casa? – dijo la madre de la
pequeña llorando aún.
-
Claro, enseguida tramitaré el alta para Leire.
Leire
y sus padres se fueron a su casa después de esta charla, y la niña siguió
creciendo rodeada del amor que le brindaban sus padres y toda su familia tras
conocer la noticia de su enfermedad.
La
pequeña ya contaba con dos años, y un día paseando con su madre, vio que una
vecina suya estaba pelando diversas frutas, sentada en su puerta. La niña se
acercó corriendo a coger un trozo de manzana, con tan mala suerte que la
manzana se le quedó atascada en la garganta, y Leire comenzaba a ahogarse.
Su
madre intentó por todos los medios que tosiera para que pudiera escupir el
trozo de manzana, pero no daba resultada y la pequeña ya se estaba empezando a
poner morada. Por suerte, otra vecina que pasaba por allí, se acercó corriendo
y le introdujo los dedos en la boca de Leire, hasta que pudo coger el trozo de
manzana y sacárselo, salvando así a la pequeña.
Después
de este incidente, la pequeña entró en el colegio donde hizo un montón de
amigas y fue pasando por todos los cursos de educación infantil y primaria sin presentarse
ningún incidente más como los otros dos.
CONTINUARÁ......