sábado, 27 de abril de 2019

En Mayo

¡Ven al prado de lirios y claveles,
mi bello y dulce bien! El campo llena
de perfumes la atmósfera serena
y el mes de mayo irradia en los vergeles.

¡Ven! Entre los rosales y laureles
flauta invisible melodiosa suena.
¡Ven! Que en la orilla del Genil amena
el amor es panal de ricas mieles.

¡Ven, mi alma! Las auras su frescura
nos ofrecen; las aves su armonía
y recóndito nido la espesura.

¡Mas no, no vengas, adorada mía;
que el inmenso raudal de mi amargura
tu corazón feliz destrozaría

Romance del prisionero

Que por mayo era, por mayo,
cuando los grandes calores,
cuando los enamorados
van servir á sus amores,
sino yo, triste mezquino,
que yago en estas prisiones,
que ni sé cuándo es de dia,
ni ménos cuándo es de noche
sino por una avecilla
que me cantaba al albor:
matómela un ballestero;
¡déle Dios mal galardon!

Epigrama XXXV

Nuestro amor
nació en mayo
con malinches en flor
cuando están en flor
los malinches en managua.
Sólo ese mes
dan flores:
en los demás
dan vainas
pero los malinches
volverán a florecer
en mayo
y el amor
que se fue
ya no volverá

Mayo catastrófico

¡Mayo! ¿Esto es Mayo? ¿Dónde está su brillo?
¿Y dónde su fragancia? La ventisca
ha tornado lo verde en amarillo
y dado al campo una expresión arisca.

El desconcierto añade de su odio
al desconcierto natural el hombre
y no parece el mundo sino brodio
de locura y catástrofes sin nombre.

¡Oh días tenebrosos, días aciagos
de indescriptibles, punzadores dramas,
de heroicas cobardías y de estragos!

¿En dónde refugiarse? ¡El cielo en guerra,
epiléptico el mar, el aire en llamas
y en fragorosa convulsión la tierra!

Primero de mayo de 1937

No sé qué sepultada artillería
dispara desde abajo los claveles,
ni qué caballería
cruza tronando y hace que huelan los laureles.
Sementales corceles,
toros emocionados,
como una fundición de bronce y hierro,
surgen tras una crin de todos lados,
tras un rendido y pálido cencerro.
Mayo los animales pone airados:
la guerra más se aíra,
y detrás de las armas los arados
braman, hierven las flores, el sol gira.
Hasta el cadáver secular delira.
Los trabajos de mayo:
escala su cenit la agricultura.
Aparece la hoz igual que un rayo
inacabable en una mano oscura.
A pesar de la guerra delirante,
no amordazan los picos sus canciones,
y el rosal da su olor emocionante
porque el rosal no teme a los cañones.
Mayo es hoy más colérico y potente:
lo alimenta la sangre derramada,
la juventud que convirtió en torrente
su ejecución de lumbre entrelazada.
Deseo a españa un mayo ejecutivo,
vestido con la enterna plenitud de la era.
El primer árbol es su abierto olivo
y no va a ser su sangre la postrera.
La españa que hoy no se ara, se arará toda entera.

lunes, 22 de abril de 2019

La leyenda de San Cristóbal (parte 2)


Tras esto, Relicto no contestó y dejo de servir a este hombre para salir a buscar al que realmente fuera ese rey que tanto había ansiado. Fue preguntando a la gente y todos le respondían que el mayor rey habido era Cristo, por lo que marchó a una montaña para intentar encontrarlo, donde encontró un ermitaño que le instruyo en la fe cristiana. Pero Relicto no dejaba de preguntarse cómo podría servir a Jesús, y ahí el ermitaño le indico que usase su estatura para servir a Dios y a los demás. Y a partir de ahí, se dedicó a transportar a los viajeros a través de un peligroso río un día tras otro.
Cuando Cristóbal llevaba ya un tiempo realizando este oficio, un niño pequeño se le acercó:
-          Pequeño, ¿qué necesitas?
-          Quiero que me cruces hasta el otro lado – le respondió el niño sin dejar de mirarle.
-          ¿Qué piensa hacer un niño tan pequeño como tú en el otro lado sin protección? – le respondió Relicto sorprendido.
-          Quiero que me cruces hasta el otro lado – le volvió a repetir el niño.
-          De acuerdo – respondió Relicto.
Durante la travesía, el niño creció y se hizo tan pesado como el plomo hasta tal punto que Relicto tenía numerosas dificultades para llevarlo, y cuando alcanzó el otro lado de la orilla, este extrañado le dijo al niño:
-          Tú me has puesto en el mayor peligro. No creo ni que el mundo entero sea tan pesado en mis hombros como lo has sido tú.
Y el niño le respondió:
-          Tú no solo has tenido en tus hombros el peso del mundo, sino al hombre que lo creó. Yo soy Cristo, tu rey, a quien tú has servido en este oficio.
Tras decir esto, el niño se desvaneció y al oír esto, Relicto se llenó de gozo, y recibió su bautismo de las manos de Babilas, patriarca de la región de Antioquía y comenzó a servir a su señor. Después se cambió el nombre por Cristóbal que significa “el que porta a Dios”.
Posteriormente, Cristóbal visitó Licia y fue acogido por los cristianos, que sufrían un gran martirio a manos del rey local. Cristóbal fue llevado ante él, y el rey, intentar ganárselo, le tentó con grandes riquezas y dos mujeres, a las cuales Cristóbal convirtió al cristianismo.
Tras esto, el rey estalló en cólera y mando que lo mataran, pero hubo muchos intentos fallidos, antes de que Cristóbal falleciera decapitado.

FIN.

La leyenda de San Cristóbal (parte 1)


Érase una vez un hombre llamado Relicto, el cual tenía unas elevadas dimensiones tanto en estatura como en porte. Su deseo desde que fue un niño fue ponerse al servicio del Rey más grande que hubiese existido en la Tierra.
En su juventud, comenzó poniéndose al servicio del emperador romano Gordiano, hasta que un día vio como ese rey se santiguaba ante la mención del diablo. Por ello supo que ese rey le tenía miedo al diablo, por lo que partió a buscar al diablo.
Un día se encontró con una banda de malhechores, y uno de ellos se dirigió hasta Relicto:
-          ¿A quién buscas forastero? -respondió.
-          Mi gran deseo es encontrar al mayor rey que haya podido existir jamás, y me han dicho que es un tal Diablo – dijo Relicto.
-          Pues yo soy ese que buscas – dijo el malhechor.
-          Pues a ti y solo a ti te serviré – dijo Relicto.
Tras esto, Relicto comenzó a servir a esta persona, hasta que un día observó como el rey, el cual él creía que era el más poderoso, se apartaba de una cruz:
-          ¿Por qué te apartas? – preguntó Relicto extrañado.
-          Tengo miedo de Jesús- dijo temeroso el malhechor.
-          ¿Por qué? Si tú eres el mayor rey habido en la faz de este mundo – afirmó Relicto.
-          Te mentí, no soy el Diablo, todo lo hicimos para burlarnos de ti – dijo apenado el malhechor.


CONTINUARÁ...

sábado, 20 de abril de 2019

La esmeralda encantada (parte 10)

El chico derramó una lágrima esperando una buena reprimenda de sus amigos pero  ¡por supuesto que los gnomos no se enfadaron! Todo lo contrario: lo comprendieron todo y se sintieron muy orgullosos de la inmensa generosidad que su amigo humano guardaba en el corazón.
El más anciano volvió a hablar en nombre de todos.
– Te has convertido en un gran hombre y nos sentimos felices de ser tus amigos. Has pensado en los demás antes que en ti mismo y eso te honra.
Igual que aquel lejano día de primavera, metió la mano derecha en el bolsillo trasero de su pantalón rojo.
– Ten, este pañuelo es para ti. No tiene ningún valor y tampoco tiene poderes, pero queremos que lo luzcas en el mismo lugar donde llevabas la esmeralda, atado a tu cuello. Cada vez que lo mires te recordará lo importante que es seguir siendo bueno y generoso el resto de tu vida.
El joven se puso el pañuelo, sonrió,  y abrazó uno a uno a sus maravillosos e inseparables amigos secretos.
FIN.

La esmeralda encantada (parte 9)

Cabizbajo lo confesó todo:
– Amigos, tengo que deciros algo que no os va a gustar: he vendido la esmeralda que me regalasteis cuando era niño.
El gnomo anciano puso cara de disgusto.
– ¿Qué? ¿Cómo has podido hacerlo? ¡Nos prometiste llevarla siempre contigo!
El joven se sentía fatal.
– Sé que lo prometí y que gracias a ella he tenido una vida fantástica, pero no podía soportar ver cómo mis vecinos lo pasaban mal. La sequía ha arrasado los campos este verano y las familias estaban desesperadas. Quería ayudar y decidí vender la esmeralda para comprar alimentos ¡Siento decepcionaros y haber faltado a mi palabra!
CONTINUARÁ...

La esmeralda encantada (parte 8)

Con el dinero en la mano se fue inmediatamente a un almacén, compró sacos de alimentos,  los metió en un carromato y regresó al pueblo. Por la noche, de incógnito, fue dejando un saco en la puerta de cada familia. Cuando los vecinos se levantaron al amanecer se llevaron una increíble sorpresa ¡Alguien les había regalado comida para un mes! Todos se preguntaban quién habría sido la persona que les había salvado la vida, pero no encontraron respuesta.
Esa misma tarde el chico acudió al bosque para reunirse con sus amigos. Por primera vez en muchos años iba triste porque sentía que les debía una explicación: había prometido no quitarse jamás la esmeralda del cuello y en cambio… ¡la había vendido!
CONTINUARÁ....

La esmeralda encantada (parte 7)

A pesar de su buena suerte, se sentía fatal por sus vecinos.
– “Es muy triste la situación que está viviendo toda esta gente. Tengo que hacer algo, pero… ¿cómo podría ayudar?”
De repente, se le ocurrió una idea.
– Ya lo tengo… ¡Puedo vender la esmeralda mágica! La suerte pasará a otra persona, pero al menos me darán un buen dinero para comprar víveres y auxiliar a los más necesitados.
Así lo pensó y así lo hizo. Al día siguiente fue a la ciudad más cercana y encontró  un señor muy rico que le pagó cien monedas de oro, una auténtica fortuna, por la esmeralda de la suerte.
CONTINUARÁ...

La esmeralda encantada (parte 6)

¡Los gnomos tenían razón! La vida sonrió al hijo del leñador y con el paso de los años se convirtió en un joven guapo, sano  y afortunado en el amor ¡La piedra era un verdadero talismán! Pero lo más bonito de todo fue que continuó visitando a sus mejores amigos sin que nadie se enterara ¡Seguía siendo su más preciado secreto!
El verano que cumplió veinte años la comarca sufrió una fuerte sequía. Los campesinos estaban desesperados porque la tierra se resquebrajaba,  el grano no crecía y los animales se morían de sed. La situación era terrible y a todo el mundo le iba mal menos a él, siempre protegido por la esmeralda mágica.
CONTINUARÁ...

La esmeralda encantada (parte 5)

El gnomo se rio.
– ¡Ja, ja, ja! Sí, lo sabemos. Es lo más bonito que nadie ha hecho jamás por nosotros y queremos agradecértelo ¡Eres un niño maravilloso y un amigo de verdad!
El ser diminuto metió la mano derecha en el bolsillo trasero de su pantalón rojo.
– Toma esta esmeralda.  Aunque parezca una piedra como cualquier otra es una piedra mágica. Si te la cuelgas al cuello y la llevas siempre contigo te traerá suerte y fortuna. Tendrás dinero, salud y amor para siempre.
El niño sonrió y obediente se colocó la esmeralda atada a una cuerda como si fuera un collar.
– Gracias, amigos, muchas gracias ¡Jamás me la quitaré!
– Te lo mereces por ser tan bueno y generoso.
CONTINUARÁ...

viernes, 12 de abril de 2019

La esmeralda encantada (parte 4)

Un día, por fin, los rayos de sol empezaron a calentar la tierra con fuerza. La nieve se deshizo y los alegres trinos de los pajarillos volvieron a escucharse entre los árboles ¡La primavera había llegado y con ella el momento que nuestro protagonista había estado esperando con tanto anhelo!  Nada más terminar las clases, atravesó el bosque a toda velocidad para reencontrarse con sus amigos los gnomos. Allí estaban todos juntos y sonrientes esperando su regreso.
El más anciano se acercó a él de un saltito y le dijo:
– Bienvenido, amigo ¡El invierno ha sido muy largo y teníamos muchas ganas de verte!
– ¡Yo también a vosotros! ¡Estoy deseando que me contéis nuevas historias!
– ¿Sí? Pues voy a contarte una ahora mismo…
– ¡Qué bien, empieza por favor!
– Nos hemos enterado de que un amigo nuestro ha trabajado todo el invierno recogiendo leña para que su padre no talara el árbol donde vivimos.
– Eh… Sí, bueno… ¡ese amigo soy yo!
CONTINUARÁ...

La esmeralda encantada (parte 3)

– “¡Qué pena no poder  visitar a mis amiguitos hasta que vuelva la primavera! Espero que no les falte comida y puedan resguardarse en algún sitio calentito hasta que llegue el buen tiempo…”
Uno de esos días fríos y ventosos su padre le pidió que le acompañara a buscar leña.
– Hijo, ponte el abrigo, las botas de piel y la bufanda que vamos a buscar algo de madera ¡Abrígate bien!
Tomaron el camino del bosque y casualmente se detuvieron junto al árbol de los gnomos.
– ¡Este árbol es perfecto para talar!
El niño, horrorizado, juntó las palmas de las manos y le rogó que no lo hiciera.
– ¡No, papá, no! Es mi árbol favorito y aquí viven unos amigos míos.
El padre se rio pensando que su hijo tenía demasiada imaginación.
– ¡Ja, ja, ja! ¿Unos amigos tuyos viven este árbol?… Bueno, bueno, está bien, pero con una condición: a partir de ahora serás tú quien se encargue de recoger  a diario un poco leña para para la chimenea ¿de acuerdo?
– ¡Sí, papá, te lo prometo, yo me ocuparé!
El niño respiró aliviado y por supuesto cumplió su promesa. Sin demostrar pereza alguna,  todas las tardes después de hacer los deberes dedicaba un rato de su tiempo a recoger  troncos y ramas en torno a la casa que luego su mamá echaba al fuego.
CONTINUARÁ....

La esmeralda encantada (parte 2)

Un día de otoño, bajo un árbol frondoso que proyectaba una sombra muy alargada, descubrió una fila de setas y enseguida notó que algo se movía sobre ellas. Cuando se acercó vio que sobre cada una había un gnomo ¡Sí, un gnomo de esos de los que tanto se habla en los cuentos y que a veces pensamos que no existen!
Se frotó los ojos para comprobar que no estaba soñando. No, estaba bien despierto y los gnomos seguían allí, mirándole con ojos curiosos y una pícara sonrisa.
Como parecían amigables se puso a charlar con ellos y se convirtieron en muy buenos amigos. Desde entonces cada tarde el pequeño regresaba a casa lo antes posible, cogía la merienda, y se iba corriendo al árbol bajo el que vivían esos pequeñajos tan divertidos que le contaban emocionantes historias del bosque ¡Jamás contó a nadie su secreto!
Pasaron los meses y llegó el crudo invierno. La nieve lo cubrió todo y el niño tuvo que dejar de ver a sus queridos gnomos porque sus padres no le dejaban salir a jugar afuera ¡Hacía demasiado frío y podía resfriarse!
CONTINUARÁ....

La esmeralda encantada (parte 1)

Érase una vez un niño que todos los días, al volver de la escuela, jugaba en el bosque que había cerca de su casa. Allí se entretenía observando  insectos con una pequeña lupa, trepando por los árboles en busca de hojas con formas raras o escogiendo flores hermosas para llevar a su mamá.

CONTINUARÁ....

jueves, 11 de abril de 2019

Aniversario, de Clemente Athaus

Sigue un día a otro día,
oh dulce patria, y el rubor los cuenta;
que, impune todavía
injuria tan sangrienta,
son dos años la edad de nuestra afrenta.
Como el hijo que llora
de la madre la pública mancilla,
bañe tu prole ahora
en llanto la mejilla,
al ver, patria, la mengua que te humilla.
No en brazos de Amor duerma
el buen peruano, ni descanse o ría,
estando tu honra enferma:
destierre la alegría
hasta que llegue de tu triunfo el día.
Tal día en fin cercano
contemplas, patria; que la armada ibera
ya surca el océano,
pidiendo tu ribera
do el escarmiento y el baldón la espera.
Oh Abril, oh Abril, tú viste
el ultraje del pérfido enemigo
y nuestro oprobio triste:
sé tú también testigo
de la justa venganza y del castigo.

14 De Abril de 1866.

Abril, de José Martí

Juega el viento de abril gracioso y leve
con la cortina azul de mi ventana:
da todo el sol de abril sobre la ufana
niña que pide al sol que se la lleve.
En vano el sol contemplará tendidos
hacia su luz sus brazos seductores,
estos brazos donde cuelgan las flores
como en las ramas cuelgan los nidos.
También el sol, también el sol ha amado
y como todos los que amamos, miente:
puede llevar la luz sobre la frente,
pero lleva la muerte en el costado.

miércoles, 10 de abril de 2019

El niño que insultada demasiado (parte 6)

Emocionado, Manu recorrió las calles usando su don para ayudar y mejorar a las personas que encontraba. Así consiguió ir cambiando lo que pensaban de él, y pronto se dio cuenta de que desde el principio podría haberlo hecho así y que, si hubiera sido amable y respetuoso, todos habrían salido ganando.
Tiempo después, las pociones perdieron su efecto, pero Manu ya no cambió su forma de ser, pues era mucho mejor sentir el cariño y la amistad de todos que intentar sentirse mejor que los demás a través de insultos y desprecios.
FIN.

El niño que insultaba demasiado (parte 5)

Un día, una niña pequeña vio su aspecto triste y sintió lástima. La pequeña pensó que le gustaría ser amiga de aquel niño y, cuando aquel pensamiento tocó la piel de Manu, en lugar de dolor le provocó una sensación muy agradable. Manu tuvo una idea.
- ¿Y si utilizara mi lanzapalabras con buenas palabras? ¿Funcionará al revés?
Y probó a decirle a la niña lo guapa y lo lista que era. Efectivamente, sus palabras volaron hacia la niña para mejorar su aspecto de forma increíble. La niña no dijo nada, pero sus agradecidos pensamientos provocaron en Manu la mejor de las sensaciones.
CONTINUARÁ...

martes, 9 de abril de 2019

El niño que insultaba demasiado (parte 4)

El niño gritó, amenazó y usó terribles palabras, pero pronto comprendió que el mayordomo no había visto nada. Ni ninguno de los que surgieron nuevas ráfagas de letras ácidas dirigidas hacia él. En un solo día aquello de los hechizos de palabras pasó de ser lo más divertido a ser lo peor del mundo.
- Será culpa del mago. Mañana iré a verle para que me quite el hechizo.
Pero por más que lloró y pidió perdón, era demasiado tarde para el antídoto.
- Tendrás que aprender a vivir con tus dos hechizos: lanzapalabras y recibepensamientos. Bien usados podrían ser útiles…

Manu casi no podía salir a la calle. Se había portado tan mal con todos que, aunque no se lo dijeran por miedo, en el fondo pensaban cosas horribles de él y cuando esos pensamientos le tocaban eran como el fuego. Por eso empezó a estar siempre solo.
CONTINUARÁ....

El niño que insultaba demasiado (parte 3)

- ¡No quiero! ¡Esto es muy divertido! Y soy el único que puede hacerlo ¡ja, ja, ja, ja! ¡Tontos! ¡Lelos! ¡Calvos! ¡Viejos! - gritó haciendo una metralleta de insultos.
- Tengo una idea, maestro - digo uno de los ayudantes mientras escapaban de las palabras de Manu- podríamos dar el elixir a todo el mundo.
- ¿Estás loco? Eso sería terrible. Si estamos así y solo hay un niño insultando, ¡imagínate cómo sería si lo hiciera todo el mundo! Tengo que pensar algo.
En los siete días que el mago tardó en inventar algo, Manu llegó a convertirse en el dueño de la ciudad, donde todos le servían y obedecían por miedo. Por suerte, el mago pudo usar su magia para llegar hasta Manu durante la noche y darle unas gotas de la nueva poción mientras dormía.

Manu se despertó dispuesto a divertirse a costa de los demás. Pero en cuanto entró el mayordomo llevando el desayuno, cientos de letras volaron hacia Manu, formando una ráfaga de palabras de las que solo distinguió “caprichoso”, “abusón” y “maleducado”. Al contacto con su piel, las letras se disolvieron, provocándole un escozor terrible.
CONTINUARÁ....

lunes, 8 de abril de 2019

El niño que insultaba demasiado (parte 2)

Pero ya era demasiado tarde. Manu recorría la ciudad insultado a todos solo para ver cómo sus palabras tomaban forma y sus letras se lanzaban contra quien fuera como fantasmas que, al tocarlos, los atravesaban y los transformaban en aquello que hubiera dicho Manu. Así, siguiendo el rastro de tontos, feos, idiotas, gordos y viejos, el mago y sus ayudantes no tardaron en dar con él.
- ¡Deja de hacer eso, Manu! Estás fastidiando a todo el mundo. Por favor, bebe este otro elixir para deshacer el hechizo antes de que sea tarde.
CONTINUARÁ...

El niño que insultaba demasiado (parte 1)

- ¡Oh, Gran Mago! ¡Ha ocurrido una tragedia! El pequeño Manu ha robado el elixir con el hechizo Lanzapalabras.
- ¿Manu? ¡Pero si ese niño es un maleducado que insulta a todo el mundo! Esto es terrible.. ¡hay que detenerlo antes de que lo beba!
CONTINUARA..

sábado, 6 de abril de 2019

Un papá muy duro (parte 4)

Y así, gracias a un chico que no parecía muy duro, Ramón y su papá, y muchos otros, terminaron por llenar el colegio de tipos duros, pero de los de verdad: esos capaces de aguantar lo que sea para defender lo que está bien.

FIN

Un papá muy duro (parte 3)

Un día, a la salida, el gigantesco papá de Ramón le preguntó quién era Víctor.
- ¿Y este delgaducho es el tipo duro que hace que ya no seas quien manda en el patio? ¡Eres un inútil! ¡Te voy a dar yo para que te enteres de lo que es un tipo duro!
No era la primera vez que Ramón iba a recibir una paliza, pero sí la primera que estaba por allí el papá de Víctor para impedirla.
- Los tipos duros como nosotros no pegamos a los niños, ¿verdad? - dijo el papá de Víctor, poniéndose en medio. El papá de Ramón pensó en atizarle, pero observó que aquel hombrecillo delgado estaba muy seguro de lo que decía, y que varias familias estaban allí para ponerse de su lado. Además, después de todo, tenía razón, no parecía que pegar a los niños fuera propio de tipos duros.
Fue entonces cuando el papá de Ramón comprendió por qué Víctor decía que su padre era un tipo duro: estaba dispuesto a aguantar con valentía todo lo malo que le pudiera ocurrir por defender lo que era correcto. Él también quería ser así de duro, de modo que aquel día estuvieron charlando toda la tarde y se despidieron como amigos,habiendo aprendido que los tipos duros lo son sobre todo por dentro, porque de ahí surge su fuerza para aguantar y luchar contra las injusticias.
CONTINUARÁ...

Un papá muy duro (parte 2)

Y la tercera paliza llegó cuando fue él mismo quien no quiso darle el bocadillo.
- Los tipos duros como mi padre y yo no robamos ¿y tú quieres ser un tipo duro? - había sido su respuesta.

Víctor seguía llevándose golpes con frecuencia, pero nunca volvía la cara. Su valentía para defender a aquellos más débiles comenzó a impresionar al resto de compañeros, y pronto se convirtió en un niño admirado. Comenzó a ir siempre acompañado por muchos amigos, de forma que Ramón cada vez tenía menos oportunidades de pegar a Víctor o a otros niños, y cada vez menos niños tenían miedo de Ramón. Aparecieron nuevos niños y niñas valientes que copiaban la actitud de Víctor, y el patio del recreo se convirtió en un lugar mejor.
CONTINUARÁ...

Un papá muy duro (parte 1)

Ramón era el tipo duro del colegio porque su papá era un tipo duro. Si alguien se atrevía a desobedecerle, se llevaba una buena.
Hasta que llegó Víctor. Nadie diría que Víctor o su padre tuvieran pinta de duros: eran delgaduchos y sin músculo. Pero eso dijo Víctor cuando Ramón fue a asustarle.
- Hola niño nuevo. Que sepas que aquí quien manda soy yo, que soy el tipo más duro.
- Puede que seas tú quien manda, pero aquí el tipo más duro soy yo.
Así fue como Víctor se ganó su primera paliza. La segunda llegó el día que Ramón quería robarle el bocadillo a una niña.

- Esta niña es amiga del tipo más duro del colegio, que soy yo, y no te dará su bocadillo - fue lo último que dijo Víctor antes de empezar a recibir golpes.
CONTINUARÁ....

jueves, 4 de abril de 2019

El sartenazo (parte 2)

- Espera Sopón-dijo el anciano- podrás darle el sartenazo cuando yo te rompa la pata.Recuerda que yo llevo muletas por tu culpa.
Sopón se quedó paralizado. Recordaba al viejo que acababa de entrar. Era Sapiencio, su viejo profesor que un día le había salvado de unos niños gamberros cuando era pequeño, y que al hacerlo se dejó una de sus patas. Recordaba que todo aquello ocurrió porque Sopón había sido muy desobediente, pero Sapiencio nunca se lo había recordado hasta ahora...
Entonces Sopón se dio cuenta de que estaba siendo muy injusto con Renata. Todos, incluso él mismo, cometemos errores alguna vez, y devolver golpe por golpe y daño por daño, no hacía sino más daño . Así que, aunque aún le dolía la cabeza y pensaba que a Renata se le había ido la mano con el sartenazo, al verla tan arrepentida y haciendo de todo para que le perdonase, decidió perdonarle. Y entonces pudieron dedicar el resto del tiempo a reirse de la historia y saborear la rica hamburguesa de moscardón, y todos estuvieron de acuerdo en que aquello fue mucho mejor que liarse a sartenazos.

Fin.

El sartenazo (parte 1)

La rana Renata era la mejor cocinera de los pantanos y a su selecto restuaurante acudían todas las ranas y sapos de los alrededores. Sus "moscas en salsa de bicho picante" o sus "alitas de libélula caramelizadas con miel de abeja" eran delicias que ninguna rana debía dejar de probar, y aquello hacía sentirse a Renata verdaderamente orgullosa.
Un día, apareció en su restaurante Sopón dispuesto a cenar. Sopón era un sapo grandón y un poco bruto, y en cuanto le presentaron los exquisitos platos de Renata, comenzó a protestar diciendo que aquello no era comida, y que lo que él quería era una buena hamburguesa de moscardón. Renata acudió a ver cuál era la queja de Sopón con sus platos, y cuando este dijo que todas aquellas cosas eran "pichijiminadas", se sintió tan furiosa y ofendida, que sin mediar palabra le arreó un buen sartenazo.

Menuda trifulca se armó. A pesar de que Renata enseguida se dio cuenta de que tenía que haber controlado sus nervios, y no dejaba de pedir disculpas a Sopón, éste estaba tan enfadado, que decía que sólo sería capaz de perdonarla si él mismo le devolvía el sartenazo. Todos trataban de calmarle, a sabiendas de que con la fuerza del sapo y la pequeñez de la rana, el sartenazo le partiría la cabeza. Y como Sopón no aceptaba las disculpas, y Renata se sentía fatal por haberle dado el sartenazo, Renata comenzó a hacer de todo para que le perdonara: le dio una pomada especial para golpes, le sirvió un exquisito licor de agua de charca e incluso le preparó.. ¡una estupenda hamburguesa de moscardón!
Pero Sopón quería devolver el porrazo como fuera para quedar en paz. Y ya estaban a punto de no poder controlarle, cuando aparecio un anciano sapo caminando con ayuda de unas muletas.
CONTINUARÁ...

miércoles, 3 de abril de 2019

A pesar

“A pesar,
a pesar de las voces que se pierden,
de los dedos que bailan solos
por nuestras pieles descompuestas, separadas,
a pesar de los tiempos escénicos,
de las risas momentáneas
en las que flotamos absortos,
de las miradas tiernas, enamoradas;
A pesar,
a pesar del pesando y aligerando,
de los encuentros perfectos
en los que a veces nos encontramos,
como caminantes nuevos, perdidos…
a pesar de los poemas y las letras,
de los susurros y las caricias,
a pesar de los guiños
y de todo lo que aquí compartimos;
A pesar,
a pesar soñando y despertando
de los sueños viejos y de los nuevos,
a pesar de los viajes omitidos
y de todo aquello cuanto vivimos,
a pesar de lo que escribimos
y a duras penas escuchamos;
A pesar,
a pesar durmiendo y esperando,
de las sábanas revueltas
y las camas reconquistadas,
a pesar de los cielos ciegos
y los paisajes ignorados,
a pesar de todo y a pesar de nada,
a pesar, a pesar….”

Pétalos de tí

“Pétalos de ti,
voces de tacto
que por ti siguen
en los rincones de mis pensamientos,
susurrando;
Pétalos de rojo negro,
rojizas hojas de terciopelo
que se arrastran de tu cuerpo
hasta mi cuello…
Tus pies siguen
el camino que te marco,
onduladas formas
de perseguir a tientas
los versos que te mando;
te desnudo poco a poco,
descubriendo con los dedos
que por ti entrego,
que llegaste ya desnuda
en esta danza
de los tempos nuestros;
Enciendo las estrellas terrenas,
y una sinuosa estela
te guía entre los petalos
hechos de aliento:
es mi voz que te lleva
entre los luceros,
son mis versos
que te calientan
entre los medios fríos
de la primavera nueva;
Revivo los gemidos,
los silencios oportunos
con los que conversábamos
antes de empezar
los diálogos prematuros…
Pétalos prohibidos
esparcidos por tu cuerpo mío,
susurros de amores y guiños
leyendo en ti los poemas
de mi sino;
Prohibidas las palabras,
te verso a base de besos,
resonando aquí,
entre mis sábanas,
como cascadas de Asia…
Pétalos de ti,
paseando por mi firmamento…”

martes, 2 de abril de 2019

Un cuento de Semana Santa (parte 4)



Pese al paso de los años, Clara nunca perdió el contacto con la asociación de voluntarios que acompañaron a su hijo durante su estancia en el hospital y cuando éste cumplió la mayoría de edad, entró a formar parte de la asociación. Desde el año 1993, AVOI trabaja con los niños internos en la planta de oncología del hospital Materno Infantil. Los martes por la mañana, Alejandro juega con los chicos ingresados en el hospital mientras que Clara, por su parte, colabora los jueves en el taller de la asociación manufacturando piezas para vender en los rastrillos benéficos. Clara reconoce que la actitud de los profesionales y voluntarios fue fundamental para la recuperación. ‘Allí me sentía como en casa y todos formábamos una especie de familia. Estoy inmensamente agradecida a todos los profesionales sanitarios’. Gracias a la labor de AVOI, cada día del año hay voluntarios en el hospital y todos los cumpleaños y fiestas del calendario son trasladados desde la calle al Materno gracias al ingenio de los integrantes de este colectivo. ‘Su objetivo es que los niños sean felices y que se olviden del lugar donde están. La organización es tan eficiente que incluso hay lista de espera para ser voluntario’, añade Clara.


Han transcurrido quince años desde aquella historia, pero los sentimientos continúan intactos. Desde aquel año 2000, Clara sigue la estela de la Virgen de la Salud cada tarde del Domingo de Ramos. Cuando anochece, en el tramo final que discurre desde la Catedral hasta el encierro, Ale se incorpora para recoger a su madre y acompañarla, durante unos instantes, a cumplir la promesa de aquel niño al que le gustaba la Semana Santa de Málaga.

FIN