miércoles, 26 de febrero de 2020

La sonrisa perdida

- ¡Abuela, abuela! ¿Has visto mi sonrisa?
- ¡Sí, mi nena, cuándo sonríes entra el sol por la ventana!
 ¡La luna se hace más grande y florecen mis rosas, y aturde el canto de los pájaros!
- ¡Pero abuela, no la encuentro! Se me ha perdido.
- ¿Qué te ha pasado, mi niña?  -debe ser algo grave, no se pierde la sonrisa tan fácilmente-
-Es que le he preguntado a Julio si me quiere y me ha dicho: - ¡Tonta, borra esa sonrisa de tu cara gorda!

-Y me dejó muy triste y perdí mi sonrisa
- Ven mi niña, que seguro se quedó detrás de una cosquilla. Juntas la buscaremos y volverás a recobrarla.
-En primer lugar, le diremos a Julio que tu carita no es gorda, es redondita. Es muy pequeño y solo se defiende.
-Pronto será tu cumpleaños y vendrán todos tus amiguitos. Sí, Julio también y volverás a jugar y de pronto, verás que aparece.
Cuando nos sentimos solos a veces perdemos la sonrisa. Cuando estamos tristes, pero no dura mucho.
-Te haré una hermosa torta, te pondrás tu mejor vestido y adornaré tu cabecita con ese moño que tanto te gusta.
Y pensé en mi cumpleaños, en los regalos que recibiría, en todo lo que jugaríamos y algo empezó a hacerme cosquillas.
¡Tenía razón mi abuela, no la había perdido porque de pronto la cara se me iluminó y mi boca dibujó una gran sonrisa!
¡Como sabe mi abuela!
¿Cuánto cuesta una sonrisa?
– Nada.
¿Cuánto beneficio nos puede dar?
– Mucho.
¿Qué tiempo dura?
– Un instante.
¿Y cuánto perdura en la memoria?
– A veces toda la vida.
¿Quién es tan rico que no la necesite?
– Nadie.
¿Quién es tan pobre que no pueda regalarla?
– Nadie.
¿Se empobrece el que la da?
– Al contrario, se enriquece.
¿Se puede comprar, vender o robar?
– Sólo se puede ofrecer gratuitamente.
¿Y quién es el que está más necesitado de una sonrisa?
– Aquél que no tiene ninguna para dar.
Sonríe siempre, para no dar a los que no te quieren el placer de verte triste, y para dar a los que te aman la certeza de que eres feliz.

La mano

Una profesora pidió a sus alumnos de primer curso que hiciesen un dibujo de alguna cosa con la cual estuviesen agradecidos. Ella pensó que seguramente todos ellos eran hijos de familias pobres no tendrían mucho que agradecer, así que dibujarían platos de comida, o alguna cosa por el estilo.


Sin embargo, la profesora quedó sorprendida con el dibujo que hizo uno de sus alumnos... Era una mano, dibujada de forma sencilla e infantil.
Pero, ¿de quién era la mano? Toda la clase quedó encantada con aquel dibujo.
"Creo que debe ser la mano de Dios", dijo un niño "No, yo creo que es la mano de un granjero que está dando de comer a las gallinas", dijo otro.
Cuando finalmente todos volvieron a su trabajo, la profesora se aproximó a su alumno y le preguntó de quién era la mano.
"Es su mano, profesora" -murmuró él.
Entonces la profesora se acordó que, en varias ocasiones, en el recreo, ella le había cogido de la mano a él, que era un niño raquítico e desamparado. Ella hacía esto frecuentemente con los niños.
Pero aquello significaba mucho para este alumno.

Construir el puente

No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes empezaron a discutir. Ésta fue su primera discusión seria que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro con hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes de forma continua.
Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente.
Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas, seguido de semanas de silencio.
Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. "Estoy buscando trabajo por unos días", dijo el extraño, "quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso".
"Sí", dijo el mayor de los hermanos, "tengo un trabajo para usted”.
Mire al otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho, es mi hermano menor".
"La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él cogió su tractor y desvió el cauce del río para que quedara entre nosotros".
"Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero?"
"Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más."
El carpintero le dijo: "Creo que comprendo la situación”.
Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho."
El hermano mayor ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja durante todo el día para ir al pueblo a por comida.
El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando.
Al regresar el granjero cuando se acercaba la noche, el carpintero había terminado su trabajo.
El granjero quedó con los ojos y la boca completamente abiertos. ¡No había ninguna cerca de dos metros! En su lugar había un puente. ¡Un puente que unía las dos granjas por encima del río!  Era un bonito puente con pasamanos.
En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano le dijo: "Eres un gran tipo, ¡mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho!".
Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. "¡No, espera!", le dijo el hermano mayor. "Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti", le dijo el hermano mayor al carpintero.
"Me gustaría quedarme", dijo el carpintero, "pero tengo muchos puentes que construir".

La Saeta

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

Nocturno

Padre Nuestro, que estás en los cielos,
¡por qué te has olvidado de mí!
Te acordaste del fruto en febrero,
al llagarse su pulpa rubí.
¡Llevo abierto también mi costado,
y no quieres mirar hacia mí!
Te acordaste del negro racimo,
y lo diste al lagar carmesí;
y aventaste las hojas del álamo,
con tu aliento, en el aire sutil.
¡Y en el ancho lagar de la muerte
aun no quieres mi pecho oprimir!
Caminando vi abrir las violetas;
el falerno del viento bebí,
y he bajado, amarillos, mis párpados,
por no ver más enero ni abril.
Y he apretado la boca, anegada
de la estrofa que no he de exprimir.
¡Has herido la nube de otoño
y quieres volverte hacia mí!
Me vendió el que besó mi mejilla;
me negó por la túnica ruin.
Yo en mis versos el rostro con sangre,
como Tú sobre el paño, le di,
y en mi noche del Huerto, me han sido
Juan cobarde y el Ángel hostil.
Ha venido el cansancio infinito
a clavarse en mis ojos, al fin:
el cansancio del día que muere
y el del alba que debe venir;
¡el cansancio del cielo de estaño
y el cansancio del cielo de añil!
Ahora suelto la mártir sandalia
y las trenzas pidiendo dormir.
Y perdida en la noche, levanto
el clamor aprendido deTi:
¡Padre Nuestro, que estás en los cielos,
por qué te has olvidado de mí!

Soneto a Jesús crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno escuras?
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el Ángel me decía:
«Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

Poema de Cuaresma

Jesús, tú que estás en el desierto,
me acerco para darte aliento,
consolarte hasta tu huerto,
es tu soledad un tormento.


Una cuaresma dolorosa,
un nuevo encuentro,
renovamos el arrepentimiento,
para ser dignos en el cielo.


Esta noche la rima es un duelo,
recordar tu  tristeza por tu pueblo,
son tus hijos que están lejos,
y tú llorando por ellos.


Ojalá mi corazón escuche,
las lágrimas del camino.
son tus huellas en el desierto,
que gritan "vuelvan conmigo

Mi querido Señor

Mi querido Señor, sombras y luces
en estos largos días cuando pienso,
muy afligido, en tu sufrir intenso,
sólo por mí, cargando con tus cruces.
Con tu pensar, Señor, tú me conduces
a descubrir aquí tu amor inmenso
cuando te muestras triste e indefenso,
y con ello por siempre me seduces.
Y es que un Dios que consiente su pasión
para darnos así la salvación
es, para cualquier hombre, inconcebible.
Por eso en estas horas te acompaño,
con este recordar de cada año,
para lograr contigo lo imposible.

Un cuento sobre la Cuaresma (parte 2)

El joven tartamudeó: “Pero... pe... pero... ¡usted es el Rey! ¿Por qué me hizo eso?” El monarca contestó: “Porque necesitaba descubrir si tus intenciones eran auténticas frente a tu amor a Dios y a tu prójimo. Sabía que si me acercaba a ti como Rey, podrías fingir y no sabría realmente lo que hay en tu corazón. Como limosnero, no sólo descubrí que de verdad amas a Dios y a tu prójimo, sino que eres el único en haber pasado la prueba. ¡Tú serás mi heredero! --sentenció el Rey-- ¡Tú heredaras mi reino!”.

El relato nos debe hacer pensar si sabemos dar también con generosidad. El Papa nos invita a “descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos”. Cristo ya se ha dado generosamente por nosotros y espera que hagamos lo mismo con los demás.

Un cuento sobre la Cuaresma (parte 1)

 Érase una vez que había un rey que vivía bien su fe cristiana y que no tenía hijos. Por ello, envió a sus heraldos a colocar un anuncio en todos los pueblos diciendo que cualquier joven que reuniera los requisitos para aspirar a ser el sucesor al trono, debería entrevistarse con el Rey. Pero debía cumplir dos requisitos: Amar a Dios y a su prójimo.

En una aldea lejana, un joven huérfano leyó el anuncio real. Su abuelo, que lo conocía bien, no dudó en animarlo a presentarse, pues sabía que cumplía los requisitos, pues amaba a Dios y a todos en la aldea. Pero era tan pobre que no contaba ni con vestimentas dignas, ni con el dinero para las provisiones de tan largo viaje.

Su abuelo lo animó a trabajar y el joven así lo hizo. Ahorró al máximo sus gastos y cuando tuvo una cantidad suficiente, vendió todas sus escasas pertenencias, compró ropas finas, algunas joyas y emprendió el viaje. Al final del viaje, casi sin dinero, se le acercó un pobre limosnero. Tiritando de frío, vestido de harapos, imploraba: “Estoy hambriento y tengo frío, por favor ayúdeme...” El joven, conmovido, de inmediato se deshizo de sus ropas nuevas y abrigadas y se puso los harapos del limosnero. Sin pensarlo dos veces le dio también parte de las provisiones que llevaba.

Cruzando los umbrales de la ciudad, una mujer con dos niños tan sucios como ella, le suplicó: “¡Mis niños tienen hambre y yo no tengo trabajo!” Sin pensarlo dos veces, le dio su anillo y su cadena de oro, junto con el resto de las provisiones.

Entonces, en forma titubeante, llegó al castillo vestido con harapos y sin de provisiones para el regreso. Un asistente del Rey lo llevó a un grande y lujoso salón donde estaba el rey. Cuál no sería su sorpresa cuando alzó los ojos y se encontró con los del Rey. Atónito dijo: “¡Usted... usted! ¡Usted es el limosnero que estaba a la vera del camino!” En ese instante entró una criada y dos niños trayéndole agua, para que se lavara y saciara su sed. Su sorpresa fue también mayúscula: - “¡Ustedes también! ¡Ustedes estaban en la puerta de la ciudad!” El Soberano sonriendo dijo: “Sí, yo era ese limosnero, y mi criada y sus niños también estuvieron allí”.
CONTINUARÁ...

miércoles, 19 de febrero de 2020

Concurso de disfraces

Aquella tarde nadie durmió la siesta,
porque era fiesta.
"Concurso de disfraces infantiles en el salón".

Había un niño disfrazado de camaleón,
otro de Tarzán
y uno más desnudito
iba de Adán,
(vestido de hojas),
otros, de "pieles rojas",
muchos de astronautas,
de toreros,
de buzos,
de bomberos.

Entró un niño muy despacito,
muy timidito,
muy despistado,
llevaba un traje roto
por todos lados
(codos, rodillas
y bolsillos rasgados).

-¿ Y tú, con esos agujeros,
de qué vas disfrazado?
- Vengo de "queso de bola".
(El niño pobre ganó
el concurso de disfraces).

El Carnaval

Con telas y un antifaz,
me voy a hacer un disfraz,
un gorro y una peluca,
cualquier cosa me valdrá.

No sé de qué me voy a disfrazar,
(estribillo)
porque vale todo en carnaval.
(bis)

De princesa o de pirata,
Campanilla o Peter Pan,
de araña o de mariposa,
con alas para volar.
(estribillo)

Bajo un sombrero

Bajo un sombrero roto
Del cual colgaba una flor
Aparece la cara sonriente
De un payaso soñador.
Su pelo es naranja,
Su nariz colorada
Y una gran corbata
de cuadros le colgaba.
¡Qué zapatos más grandes!
¿Qué pantalones más anchos!
¡Qué agujeros en los
calcetines!
¡Qué gracioso este payaso!

Canción de Carnaval

Musa, la máscara apresta,
ensaya un aire jovial
y goza y ríe en la fiesta
del Carnaval.
Ríe en la danza que gira,
muestra la pierna rosada,
y suene, como una lira,
tu carcajada.
Para volar más ligera
ponte dos hojas de rosa,
como hace tu compañera
la mariposa.
Y que en tu boca risueña,
que se une al alegre coro,
deje la abeja porteña
su miel de oro.
Únete a la mascarada,
y mientras muequea un clown
con la faz pintarrajeada
como Frank Brown;
mientras Arlequín revela
que al prisma sus tintes roba
y aparece Pulchinela
con su joroba,
di a Colombina la bella
lo que de ella pienso yo,
y descorcha una botella
para Pierrot.
Que él te cuente cómo rima
sus amores con la Luna
y te haga un poema en una
pantomima.

La careta de José

Con dos orejas
pintadas sobre cartón,
redondas y grandes
igual que las de un ratón,
con un rabito marrón
y unos bigotes finos y largos,
de la nariz colgando
igual que los de un ratón.
¿Adónde vas, José,
con ese gracioso disfraz?
Voy al colegio que hoy
es carnaval.

Carnaval Salvaje

En una selva lejana
pronto será carnaval:
los animales preparan
las caretas y el disfraz.
Doña Cebra, de lunares
un pijama se pondrá;
y el león, muy presumido,
su melena rizará.

viernes, 14 de febrero de 2020

El baile de San Valentín (parte 3)

Al escuchar aquellas palabras Mónica se echó a reír a carcajadas.
  • El 14 de Febrero no solo es el día del amor, también es el día de la amistad. Por eso no necesitas una novia para acudir al baile y podemos ir juntos porque somos amigos- Dijo Mónica, muy orgullosa de poseer toda aquella información.
Adrián, sorprendido, abrazó a su amiga con cariño. ¡Había pasado tantos días dándole vueltas a la cabeza! Y, de pronto, se sintió muy feliz y orgulloso de tener una amiga como ella.
Aquel día de San Valentín le había servido para aprender muchas cosas, como por ejemplo, la de que tener un amigo o amiga que te quiere es igual de valioso para el corazón que estar enamorado y comer chocolates y comprar bonitas flores.
Y fueron muy felices Adrián y Mónica en el baile de San Valentín. Sus miradas y sus risas casi parecían hablar a voces…y gritaban al mundo que, tener un amigo cuando más se necesita, es un valiosísimo acto de amor.

FIN

El baile de San Valentín (parte 2)

Aun así, Adrián era feliz en el cole junto a su mejor amiga, y no solía pensar en ello. O, al menos, no lo hacía hasta que llegó el mes de Febrero y vio que se aproximaba San Valentín. La cuestión era que se iba a celebrar por primera vez en el cole un baile el 14 de Febrero, al que debían acudir en parejas y muy bien arreglados para bailar toda la tarde y pasarlo muy bien. Y al pensar en ello Adrián sintió algo de miedo. Según le había escuchado decir a mamá, el día de San Valentín era una cosa que celebraban las personas mayores cuando estaban enamoradas, eran felices y decidían tomar chocolates y regalarse bonitas flores. Pero él aún era pequeño y no pensaba ni por asomo en esas cosas.
Tantos días estuvo la mente inquieta del pequeño Adrián dándole vueltas a aquello, que olvidó jugar con su querida amiga Mónica, que tanto le quería y apreciaba…Y así hasta que llegó la víspera del 14 de Febrero, cuando Mónica al fin decidió acercarse a Adrián:
  • ¿Qué te pasa?- Dijo Mónica.
  • Pues que mañana es el día del amor y del baile y no tengo una novia para poder ir, así que tendré que bailar solo- Contestó Adrián con la cabeza gacha y la mirada al suelo.
CONTINUARÁ...

El baile de San Valentín (parte 1)

Adrián era un niño bastante alegre que vivía en una ciudad enorme llena de edificios que, con solo verlos, daban vértigo. Las calles eran amplias y siempre estaban llenas de personas que parecían apuradas mientras se movían de un lado a otro, y al pequeño Adrián le gustaba imaginar el motivo por el cual esas personas siempre parecían tan apuradas.
El otro día, sin ir más lejos, Adrián vio a una muchacha correr con una gran sonrisa en la cara. Tras darle vueltas a la situación, llegó a una conclusión muy lógica: su mamá seguramente le habría hecho su comida favorita y querría llegar a casa de inmediato. ¡A él muchas veces le pasaba lo mismo!
A Adrián también le gustaba ir al colegio, porque allí pasaba la tarde jugando y aprendiendo cosas increíbles junto a su amiga Mónica, una de sus pocas amistades en el cole. Y es que, a pesar de ser tan alegre e imaginativo, Adrián no tenía demasiados amigos y estaba convencido de que el motivo era que pasaba mucho tiempo soñando y observando.

CONTINUARÁ...

A Leonor

Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un "¡quién sabe!"
Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!

Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos.
Pero hay algo...
pero hay algo más bello aún: tu boca.

Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!

Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas...
Pero hay algo...
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!

Esperanza

Noche estrellada de esperanza
oscuridad por luceros salpicada
murmullos del mar
tapados por tu respiración
en mi corazón no hay ya dolor
sino alegría, paz y amor.

Qué bonita

Qué bonita es la mañana
a tu lado
qué bonita la tarde mientras jugamos
a querernos
qué bonita es la noche
con tus besos
qué bonita la madrugada
con mi alma enamorada
qué bonita
la mañana siguiente
con tus caricias
y que bonita la idea
de seguir así mientras vivamos.

sábado, 8 de febrero de 2020

Frida a Diego

Sr. mío Don Diego:
Escribo esto desde el cuarto de un hospital
y en la antesala del quirófano.
Intentan apresurarme
pero yo estoy resuelta a terminar ésta carta,
no quiero dejar nada a medias
y menos ahora que sé lo que planean…
[…]
Cuando me dijeron
que habrían de amputarme la pierna
no me afectó como todos creían,
NO,
yo ya era una mujer incompleta
cuando le perdí, otra vez,
por enésima vez quizás
y aún así sobreviví.
No me aterra el dolor y lo sabes,
es casi una condición inmanente a mi ser,
aunque sí te confieso que sufrí,
y sufrí mucho…
[…]
No pretendo causarte lástima,
a ti ni a nadie,
tampoco quiero
que te sientas culpable de nada,
te escribo para decirte que te libero de mí,
vamos, te «amputo» de mi,
sé feliz y no me busques jamás.

Frida a Diego

Nunca fue ni será mío.
Es de él mismo.
La vida callada dadora de mundos,
lo que más importa es la no ilusión.
La mañana Nace,
los rojos amigos,
los grandes azules,
hojas en las manos,
pájaros ruideros,
dedos en el pelo,
nidos de palomas,
raro entendimiento de la lucha hermana,
sencillez del canto de la sinrazón,
locura del viento en mi corazón.
Dulce xocolatl del México antiguo,
tormenta en la sangre que entra por la boca.
Compulsión,
augurio,
risa
y dientes finos,
agujas de perla
para algún regalo de un siete de julio.
Lo pido,
me llega,
canto,
cantando,
cantaré desde hoy
nuestra magia, amor.