martes, 11 de junio de 2019

Una vuelta al cole para valientes (parte 2)

Así que llamaron a la tía Eleonora, su madrina. Ella siempre sabía qué hacer.
- No te preocupes, Cony. Te llevaré a varios colegios para elijas aquel en el que la gente te parezca más amable.
Convencida la conejita, a la mañana siguiente visitaron una escuela con una pinta espantosa. Tanto, que junto a la puerta había un vendedor de púas de erizo en llamas,tufo de mofeta y cuernos de toro.
CONTINUARÁ...

Una vuelta al cole para valientes (parte 1)

El curso estaba apunto de comenzar, y Cony la conejita estaba asustada porque ese año iría a una escuela nueva. Tanto, que el día de antes cavó una profunda madriguera y se encerró en ella.
- Yo no salgo de aquí. Seguro que hay animales malos en el nuevo cole. Y maestros que asustan.
CONTINUARÁ...

El extraño profe que no quería a sus alumnos (parte 4)

- No se asuste, Don Pepo. Ya sabemos que se arrepiente de lo que hizo y que va a devolver todo esto. Puede quedarse aquí dando clase, porque, ahora que ya quiere a los niños, sabemos que está curado.

Don Pepo no podía creérselo. Todos en el pueblo sabían desde el principio que era un ladrón y habían estado intentado ayudarle a hacerse bueno. Así que decidió quedarse allí a vivir, para ayudar a otros a darle la vuelta a sus vidas malvadas, como habían hecho con la suya. Y así, dándole la vuelta, entendió por fin el rarísimo nombre de aquel pueblo tan especial, y pensó que estaba muy bien puesto.
FIN

El extraño profe que no quería a sus alumnos (parte 3)

El maestro hizo como que se enfadaba, pero en el fondo le gustaba que el niño le quisiera tanto. Cada vez se dejaba abrazar más fácilmente y se le notaba menos gruñón. Hasta que un día, al ver que uno de los niños llevaba varios días muy triste y desanimado,decidió alegrarle el día dándole él mismo un fuerte abrazo.
En ese momento todos en la escuela comenzaron a aplaudir y a gritar
- ¡Don Pepo se ha hecho bueno! ¡Ya quiere a los niños!
Y todos le abrazaban y lo celebraban. Don Pepo estaba tan sorprendido como contento.
- ¿Le gustaría quedarse con nosotros y darnos clase siempre?
Don Pepo respondió que sí, aunque sabía que cuando lo encontraran tendría que volver a huir. Pero entonces aparecieron varios policías, y junto a ellos Pablito llevando las cosas robadas de Don Pepo.
CONTINUARÁ...

El extraño profe que no quería a sus alumnos (parte 2)

A partir de aquel día, Pablito aprovechaba cualquier despiste para darle un abrazo por sorpresa y salir corriendo antes de que le pudiera pillar. Al principio el malvado maestro se molestaba mucho, pero luego empezó a parecerle gracioso. Y un día que pudo atraparlo, le preguntó por qué lo hacía:
- Creo que usted es tan malo porque nunca le han querido. Y yo voy a quererle para que se cure, aunque no le guste.
CONTINUARÁ...

El extraño profe que no quería a sus alumnos (parte 1)

Había una vez un ladrón malvado que, huyendo de la policía, llegó a un pequeño pueblo llamado Sodavlamaruc, donde escondió lo robado y se hizo pasar por el nuevo maestro y comenzó a dar clases con el nombre de Don Pepo.
Como era un tipo malvado, gritaba muchísimo y siempre estaba de mal humor. Castigaba a los niños constantemente y se notaba que no los quería ni un poquito. Al terminar las clases, sus alumnos salían siempre corriendo. Hasta que un día Pablito, uno de los más pequeños, en lugar de salir se le quedó mirando en silencio. Entonces acercó una silla y se puso en pie sobre ella. El maestro se acercó para gritarle pero, en cuanto lo tuvo a tiro, Pablito saltó a su cuello y le dio un gran abrazo. Luego le dio un beso y huyó corriendo, sin que al malvado le diera tiempo a recuperarse de la sorpresa.
CONTINUARÁ....

lunes, 3 de junio de 2019

Sandía

¡Del verano, roja y fría 

carcajada, 

rebanada 

de sandía!

A un día de verano

¿A un día de verano compararte? 
Más hermosura y suavidad posees. 
Tiembla el brote de mayo bajo el viento
y el estío no dura casi nada. 

A veces demasiado brilla el ojo solar
y otras su tez de oro se apaga;
toda belleza alguna vez declina,
ajada por la suerte o por el tiempo. 

Pero eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte 
se jactará de ensombrecer tus pasos

cuando crezcas en versos inmortales.
Vivirás mientras alguien vea y sienta 
y esto pueda vivir y te dé vida.

La plegaria de un pagano

No dejes morir tus llamas;
Caldea mi sordo corazón,
¡Voluptuosidad, cruel tormento!
Diva! supplicem exaudî!

Diosa en el aire difundida,
Llama de nuestro subterráneo,
Escucha a un alma consumida
Que alza hacia ti su férreo canto,

¡Voluptuosidad, sé mi reina!
Toma máscara de sirena
Hecha de carne y de brocado,

O viérteme tus hondos sueños
En el licor informe y místico,
¡Voluptuosidad, fantasma elástico!

La Tormenta del Verano

Al terrado subí buscando en donde
Asistir a la esplendida tormenta,
Fiesta lustral que ansiaba la sedienta
Tierra en la faz mustia y abatida fronde.

Préndese el cielo. Pálida se esconde
La noche. El trueno asordador revienta,
Y en toda la ancha esfera turbulenta,
Estruendo a estruendo y luz a luz responde.

Palestra de titánica porfia
Turbiones y relámpagos destella,
Y ruge y truena en bárbara armonía.

Rasga el rayo honda grieta, clara y bella
En la cuarteada bóveda sombría,
Y vislumbrase a Dios a través della.

Verano

Verano, verano rey, 
del abrazo incandescente, 
sé para los segadores 
¡dueño de hornos ! Más clemente.

Abajados y doblados 
sobre sus pobres espigas, 
ya desfallecen. ¡Tú manda 
un viento de alas amigas !

Verano, la tierra abrasa : 
llama tu sol allá arriba ; 
llama tu granada abierta ; 
y el segador, llama viva.

Las vidas están cansadas 
del producir abundoso 
y el río corre en huída 
de tu castigo ardoroso.

Mayoral rojo, verano, 
el de los hornos ardientes, 
no te sorbas la frescura 
de las frutas y las fuentes...

¡Caporal !, echa un pañuelo 
de nube y nube tendidas, 
sobre la vendimiadora, 
de cara y manos ardidas !

Los Veranos

¡Fueron largos y ardientes los veranos!
Estábamos desnudos junto al mar,
y el mar aún más desnudo. Con los ojos,
y en unos cuerpos ágiles, hacíamos
la más dichosa posesión del mundo.
Nos sonaban las voces encendidas de luna,
y era la vida cálida y violenta,
ingratos con el sueño transcurríamos.
El ritmo tan oscuro de las olas
nos abrasaba eternos, y éramos solo tiempo.
Se borraban los astros en el amanecer
y, con la luz que fría regresaba,
furioso y delicado se iniciaba el amor.
Hoy parece un engaño que fuésemos felices
al modo inmerecido de los dioses.
¡Qué extraña y breve fue la juventud!