jueves, 30 de noviembre de 2017

Volver a encontrarse

Lucía y Hugo, ambos niños de 5 años, se conocían desde que comenzaron a ir a la guardería y siempre eran compañeros de juegos pues sus madres al ser buenas amigas siempre quedaban para ir a una cafetería a merendar y entonces los niños jugaban. Ellos siempre habían sido los mejores amigos y siempre estaban juntos tanto en casa, como en el colegio jugando a muchos juegos y contándose todas las cosas que les sucedían.
Así pasaron cinco años entre risas y juegos, hasta que un día recibieron una noticia que cambiaría totalmente la vida de ambos…….
-          ¿Te vas a mudar a Londres?- dijo Lucía.
-          Si…. A mi padre le han trasladado y le ofrecido un puesto de trabajo mejor como jefe de departamento de una importante empresa, por lo que quiere que tanto mi madre como yo vayamos con él para obtener una vida mejor- dijo Hugo.
-          ¡No te vayas! ¡Te echaré de menos! ¡Quédate!- dijo Lucía con lágrimas en los ojos.
-          No puedo…… Ya está todo decidido me voy dentro de dos días por lo que quería despedirme-dijo Hugo abrazándola.
-          Para que siempre recordemos que somos amigos toma esta parte del colgante- dijo Lucia partiendo su collar en forma de corazón en dos mitades.
-          Gracias…. Te prometo que nunca te olvidaré-dijo Hugo cogiendo el collar.
Los amigos se despidieron con un abrazo y con ojos en las lágrimas, pero después de dos días Lucía fue a despedir a Hugo y a sus padres y pasó varios días en su casa sin querer salir totalmente deprimida. Poco a poco, gracias a sus amigas Lucía volvió a ser la chica que era antes, pero sin dejar de pensar en Hugo y así pasaron siete años sin que Lucía supiera nada de Hugo y ella ya se había convertido en una bella joven, que enamoraba a cualquier chico, pero ella los rechazaba sin dejar de pensar en Hugo, hasta que un día….
A Lucía le habían hablado de los chats online y de toda la gente que podría conocer por ese medio y ella llena de curiosidad decidió un día entrar en un chat para gente de su edad. Había conocido a unas pocas personas y algunas le parecieron agradables y otras bastante maleducadas, pero hubo una en especial que le llamó la atención, era una persona que se hacía llamar “boyinMadrid”. Con él, Lucía enseguida entabló amistad y se lo pasó estupendamente hablando con él, ya que hacía comentarios muy graciosos y chistes.
Lo que Lucía no se imaginaba era que aquel chico que había conocido a través del chat era en realidad su querido amigo Hugo al que no veía desde hace tiempo, lo que no sucedía con Hugo, que él si sabía que estaba hablando con Lucía por las cosas que decía.
Hasta que un día…
-          Oye, nunca me has dicho tu nombre- dijo Lucía.
-          Lucía, lo sabes perfectamente- dijo Hugo.
-          No lo sé, nunca me lo has dicho- dijo Lucía.
-          Está bien, ha llegado el momento de confesarte quien soy- dijo Hugo.
Ahí Lucía se asustó porque pensaba que aquel chico era algún violador o persona malvada de las que hay sueltos por los chats, hasta que el chico habló…
-          Lucía, soy Hugo tu amigo perdido de la infancia- dijo Hugo.
-          No puede ser…………….- dijo Lucía, empezando a llorar.
-          Si Lucía, soy yo, hace unos días vi tu foto entre la gente del chat y decidí hablar contigo porque te echaba de menos. La razón por la que no te dije nada fue porque quería darte una sorpresa- dijo Hugo.
-          Y vaya que me la has dado. Te echaba de menos………..- dijo Lucía, llorando feliz.
-          Pues tengo otra buena noticia- dijo Hugo.
-          ¿Cuál?- dijo Lucía.
-          Voy a mudarme otra vez al que era y es nuestro pueblo, por lo que volveremos a estar juntos- dijo Hugo.
-          ¿Cuándo te mudas?- dijo Lucía.
-          Mañana mismo salgo para allá- dijo Hugo.
Pasado ese día, Hugo y Lucía se reencontraron y ambos se quedaron prendados uno del otro por el paso de los años en sus cuerpos y entonces…..
-          Hola Lucía, caramba estás hermosa- dijo Hugo.
-          Tú también Hugo- dijo Lucía.
-          Lucía, yo quiero preguntarte algo…..- dijo Hugo empezando a ponerse rojo.
-          ¿Qué es?- dijo Lucía.
-          Yo todos estos años no he dejado de pensar en ti y he rechazado a toda chica que me pedía salir porque no podía estar con ninguna que no fueras tú. Por lo que, ¿aceptas ser mi novia?- dijo Hugo.
-          Claro Hugo, yo también te amo y no he dejado de pensar en ti- dijo Lucía.
Ambos chicos se besaron y abrazaron y ya nunca más se separarían después de volver a reencontrarse años atrás.

FIN.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Un viaje que cambia vidas (parte 3)

-          No me importa, solo quiero que la pequeña este bien – respondió la muchacha.
-          Está bien, solo me queda agradecerte todo lo que estás haciendo por mi niña – dijo la madre al borde de las lágrimas.
Dicho esto, le practicaron a Noemí las pruebas para saber si era compatible o no con Nagisa y para sorpresa y alegría de todos si eran compatibles, por lo que llevaron a cabo la intervención cuatro días después de la conversación de la muchacha con los padres de la pequeña.
Tras la operación, tanto Noemí como Nagisa salieron muy bien de la operación. La pequeña al enterarse de que fue Noemí quien había sido su donante se emocionó y le dijo que a partir de ahora sería su hermana mayor española, al igual que los padres le estuvieron eternamente agradecidos por el gran gesto de solidaridad que tuvo con ellos.
Finalmente, el día que la muchacha tuvo que regresar a España, toda la familia acudió a despedirla con lágrimas en los ojos y tanto ella como ellos prometieron volver a verse muy pronto.

Y así fue como este viaje cambió totalmente la vida de Noemí y la hizo mejor persona de lo que ya era.

martes, 28 de noviembre de 2017

Un viaje que cambia vidas (parte 2)

Después de esta charla, pasaron los días entre preparativos y despedidas, hasta que llegó el día en que Noemí tenía que marchar a Sahara. Ese día sus padres la acompañaron al aeropuerto, despidiéndola entre lágrimas, y así fue como la muchacha se disponía a hacer el viaje de sus sueños.
Tras diez horas de viaje, la chica por fin llegó a los campos del Sahara, donde vio gente que, aunque no tenía nada que llevarse a la boca, se desvivía porque a ella no le faltara de nada; llegándole a dar incluso la poca comida que ellos tenían.
Poco después, llegó a la casa de la familia con el que se suponía que se iba a quedar todo el tiempo que durara su estancia en Sahara, y al que más iba a ayudar. Al ver que la familia donde iba a estar y al verla la familia le brindo a Noemí todas las comodidades que ellos se podían permitir para que se sintiera lo más cómoda posible.
Viendo esto, la chica sintió que debía hacer lo mismo de alguna forma para agradecerle todo lo que estaban haciendo por ella. Así que los días que estuvo allí se dedicó a ayudar todo lo que pudiera en las tareas de la casa, además de ayudarles económicamente con algo de dinero que se había traído de España y con algunos regalos que les hizo. Pronto hizo grandes amistades con los hijos de la familia con la que estaba y con algunos de los jóvenes a los que también ayudaba.
Entonces, llegó un día en que Nagisa, la hija pequeña de la familia, se levantó con mucho en la parte baja de los riñones y vómitos. Sus padres y Noemí corriendo la llevaron al centro de salud que había por la zona donde les dijeron que un riñón de la niña estaba fallando y que necesitaba de un trasplante urgente, sino su vida podía correr peligro.
Los padres al oír esto, llamaron a los hermanos que pronto acudieron al centro de salud, y les practicaron a todos las pruebas de compatibilidad para ver si ellos podían ser los donantes que Nagisa necesitará, pero nadie era compatible con ella, por lo que la familia se empezó a desesperar.
Noemí, al ver todo esto, no pudo resistirse y se ofreció a ser ella quien le donara el riñón a la pequeña Nagisa, entonces sus padres perplejos le dijeron:
-          ¿De verdad quieres donarle un riñón a nuestra hija?
-          Si dejarme hacerlo – dijo Noemí decidida.

-          Sé consciente de que solo tendrás un riñón y eso te ocasionará grandes problemas – dijo el padre de Nagisa serio. CONTINUARÁ.....

lunes, 27 de noviembre de 2017

Un viaje que cambia vidas (parte 1)

Noemí era una joven que siempre estaba ayudando a los demás y a la gente que lo necesitaba, las cuales estaban siempre muy agradecidos con ellos y comentaban que la chica era una de las mejores jóvenes que había en el barrio.
Pero esta joven tenía un sueño que algún día cumpliría, ese sueño consistía en quería ir al Sahara para ayudar a las personas que lo necesitarán, pero su familia no podía permitirse pagarle ese viaje, por muchos deseos que tuviera de ir. A pesar de todas las dificultades, Noemí sabía que ese día tan querido por ella llegaría.
Entonces, llegó un día en el que la vida de Noemí cambiaría para siempre.
Dicho día, Noemí caminaba rumbo a su casa después de hacer unas compras en el centro de su ciudad, cuando de repente pasó por una tienda en la que se estaba llevando a cabo una rifa.
Tal fue su sorpresa, cuando vio que uno de los premios que se rifaban era un viaje de un mes a Sahara, y tan fuerte fue su deseo de ser ella quien realizará ese viaje que compró un boleto para la rifa con la gran suerte de que fue a ella a quien le tocó el viaje al Sahara.
La chica no podía creérselo, por fin iba a cumplir su gran sueño de ir al Sahara a ayudar a las personas que más lo necesitarán. Así que, la chica corriendo se encaminó hacia su casa a contarle la noticia a sus padres:
-          Mamá, papá, voy a hacer mi sueño realidad – dijo mientras entraba en su casa la chica.
-          ¿Qué quieres decir con eso, hija? – preguntó su padre extrañado.
-          Mientras venía de compras, me he encontrado una rifa, he echado a ella y me ha tocado un viaje al Sahara – exclamó Noemí sonriendo.
-          ¿Nos estás hablando en serio? – respondió la madre de Noemí totalmente sorprendida.
-          Si – dijo la muchacha ya con lágrimas en los ojos de felicidad.
-          ¿Cuándo te vas? – le preguntó la madre perpleja.
-          En unos días…. – volvió a responder la muchacha.

-          Pásatelo bien y te echaremos mucho de menos – respondieron sus padres al unísono. CONTINUARA.....



viernes, 24 de noviembre de 2017

Un ángel llamado Leire (segunda parte)

Al entrar en el instituto, la pequeña decidió que quería ser profesora de educación infantil, es decir quería enseñar a muchos niños todo lo que le habían enseñado a ella, y fue pasando todos los cursos de la ESO, con buenas notas.
Al entrar en la universidad, Leire se mudó a Madrid, dispuesta a vivir nuevas aventuras. Iba buscando un piso para mudarse por las calles de Madrid, cuando de repente chocó contra alguien, y ésta al ver a la persona con quien chocó, vio a un joven muy guapo que la miraba detenidamente:
-          Perdona, no te había visto – dijo el chico.
-          Lo siento, no miraba por donde iba – dijo Leire.
-          Soy Javier, mucho gusto – dijo el joven sonriéndole.
-          Yo Leire – dijo ella tímidamente.
-          ¿Vives por aquí? – dijo Javier.
-          No, en realidad estoy buscando piso para vivir, me acabó de mudar para empezar mi carrera universitaria – dijo Leire.
-          Pues tengo buenas noticias, en mi bloque de pisos, hay uno libre, si lo quieres es tuyo – dijo el joven sonriéndole.
-          Perfecto, vamos a verlo – dijo Leire.
Leire y Javier se encaminaron a ver el bloque de piso de el joven, el cual a Leire le gustó mucho, así que se quedó con el piso que estaba libre y pronto se hicieron buenos amigos, los cuales compartieron muchas historias de sus vidas.
Javier le contó a la chica que sus padres eran ricos y que él estaba estudiando empresariales para continuar con el negocio familiar, mientras que Leire le habló sobre su enfermedad y su sueño de ser profesora, quedándose el chico impresionado de la fortaleza que tenía la chica y a lo que también respondió que muy cera del piso donde vivían, había una fundación que cuidaba y ayudaba a niños que tenían esta enfermedad.
Leire insistió un día en verla, y al día siguiente, acudieron a ver la fundación. Leire entró en contacto con muchos niños que no habían podido superar la enfermedad como ella, y tenían bastantes secuelas, y viendo esto se entristeció a la vez que pensó lo especial que ella era al no haber sufrido secuelas de aquella cruel enfermedad. También hablo con los cuidadores y profesores de aquellos niños, y éstos se sorprendieron al oír su historia, y al ver que, a día de hoy, ella era una chica completamente normal.
Cuando salía de la fundación, Leire le dijo a Javier:
-          Quiero ayudar a estos niños…. – dijo Leire.
-          No esperaba menos de ti, te ayudaré en todo lo que pueda – dijo Javier con una gran sonrisa en sus labios.
-          Me alegra contar con tu apoyo – dijo la chica.
-          ¿Cómo les ayudarás? – añadió el joven.
-          En mi pueblo, se celebran varios concursos literarios y una de mis aficiones es escribir, así que intentaré presentarme a algunos concursos y si gano alguno, el dinero será para esos niños – dijo Leire.
-          Eso es precioso – respondió Javier.
-          Además, cuando tenga trabajo, me gustaría destinar una pequeña parte de mi sueldo a ello – añadió Leire.
-          Eres todo un ángel…. – mencionó Javier.
-          Gracias……. – se sonrojó Leire.
Tras esto, los días pasaban rápido y ambos seguían con su misma rutina, hasta que un día, le llegó un correo a Leire sobre uno de los concursos literarios a los que se presentó. La muchacha lo abrió, al ver su contenido se sorprendió, ya que en decía que había ganado un premio de tres mil euros.
Rápidamente llamó a Javier emocionada, y ambos fueron juntos a recoger el premio. Después emocionados, se dirigieron a la fundación para donarlo, la cual lo recibió con gran admiración por la chica que lo había donado, y dándole las gracias por ser la persona que era.
Cuando salieron, ambos caminaron rápido hacia un parque que ambos conocían muy bien y se sentaron en los bancos del parque.
-          Relativamente eres alguien muy especial – empezó a decir Javier.
-          No es para tanto, solo me gusta ayudar a la gente – le respondió Leire.
-          Y haces una labor muy bonita con eso – añadió Javier.
-          Gracias.
-          Oye, ¿hay algo que me gustaría preguntarte? – volvió a decir el joven.
-          ¿Qué es?
-          ¿Quieres ser mi novia? – le preguntó el chico.
-          Me encantaría – respondió Leire.
Tras esto, ambos se fundieron en un romántico beso que sería el primero de muchos, y pusieron rumbo a su piso.
Años después, Leire se convirtió en una profesora encantadora que quería a todos sus alumnos con locura, mientras que Javier continuo con el negocio de su padre. Ambos vivían juntos, en un bloque de pisos más grande que el antiguo que tenían, y se convirtieron en una pareja muy bonita según los vecinos que vivían en su mismo bloque y así seguirían por muchos años más.
FIN.



jueves, 23 de noviembre de 2017

Un ángel llamado Leire (primera parte)

El día 17 de agosto de 1995, nació la pequeña Leire, la cual era una niña muy deseada por sus padres y desde el momento que llegó al mundo se convirtió en una niña muy querida por todos, ya que era tan bonita que parecía una pequeña princesa.
Al pasar los meses, Leire seguía creciendo con todo el amor que le brindaban sus padres; hasta que un día sus padres observaron algo en la pequeña. De pronto, vieron que la pequeña hacía un extraño movimiento con la cabeza y los hombres y tras ese movimiento lloraba desconsoladamente.
Viendo esto, los padres acudieron rápidos al hospital, donde le empezaron a realizar pruebas a la pequeña, concluyendo que solo se trataba de gases, por lo que mandaron a Leire y a sus padres a casa, sin darle la menor importancia al problema.
Los días pasaban y Leire no dejaba de repetir este extraño movimiento, entonces sus padres ya muy preocupados decidieron acudir a otro hospital en el que trabajaba un médico muy conocido por sus diagnósticos eficaces. El especialista examinó a la bebé y al comprobar las pruebas, se sorprendió al encontrar lo que encontró:
-          Lamento decirles que Leire sufre una enfermedad muy rara de la cual tenemos muy poca información.
-          ¿Cómo? - dijo el padre - ¿Podría explicarse con más claridad?
-          Leire tiene una enfermedad conocida como síndrome de West, la cual se encuentra dentro de las enfermedades más raras del mundo; de ahí sus convulsiones y la afectación en la sonrisa.
-          Eso es terrible – añadió la madre angustiada.
-          ¿Qué futuro le espera a nuestra hija de aquí en adelante? – preguntó el padre preocupado.
-          Me entristece decirles que esta enfermedad posee un 90% de posibilidades de que Leire tenga algún tipo de retraso y solo un 10% de posibilidades de que no le queden secuelas de la enfermedad – añadió el doctor palideciendo.
-          ¿Hay algo que podamos hacer? – preguntaron al unísono.
-          Podemos aplicarle un tratamiento para contrarrestar los ataques, pero tendremos que probar con varios antes de dar con el exacto – respondió el médico.
-          Haga lo que pueda por nuestra pequeña – contestó el padre afligido.
Desde ese mismo día, Leire quedó ingresada en ese mismo hospital mientras que se le practicaron diversas pruebas para averiguar el origen de su enfermedad, a la vez que se le aplicaban varios tratamientos, pero no daban resultado pues la niña se encontraba cada vez peor, pues las crisis iban en aumento y su estado se estaba deteriorando.
Un día Leire jugaba tranquilamente en su habitación cuando de pronto las crisis comenzaron a darle muy seguido, sin darle tiempo a la pequeña a recuperarse entre los ataques. Su madre alarmada llamó a las enfermeras y al médico, pero no sabían que hacer para intentar frenar las epilepsias que le daban a la pequeña, hasta que se les ocurrió la idea de probar un tratamiento que hasta ahora no habían probado llamado “Sebril”.
Al aplicárselo, las crisis le fueron desapareciendo poco a poco por lo que la pequeña pudo descansar al fin, y al ver esto los médicos decidieron ponerle este tratamiento con la esperanza de que pudiera minimizar sus síntomas.
Días después, los médicos comprobaron que el tratamiento si estaba haciendo efecto en Leire y sus crisis iban desapareciendo poco a poco, por lo que los médicos le hicieron nuevas pruebas, sorprendiéndose de sus resultados. Así que, el médico que llevaba el caso de Leire citó a los padres en su despacho y con una voz serena les dijo:
-          ¿Creen en los milagros?
-          ¿A que viene todo esto? – contestó el padre de Leire sorprendido.
-          Tengo excelentes noticias, la enfermedad de Leire es casi inexistente y si seguimos con el tratamiento, muy pronto Leire estará recuperada y sin secuelas – les respondió el médico.
-          ¿De verdad? – respondió el padre incrédulo.
-          Si, aunque le haremos algunas pruebas más para estar seguros mañana y según los resultados le daremos el alta por la tarde – dijo el médico.
-          ¡Maravilloso! – exclamaron los padres al unísono.
Tras esto, los padres quisieron ver a su hija y fueron hasta la habitación donde se encontraba Leire durmiendo plácidamente. Éstos la despertaron dulcemente y al abrir los ojos la pequeña tenía una extraña sonrisa.
A la mañana siguiente le practicaron las pruebas a Leire, y comprobaron sorprendidos que la niña no tenía ningún rastro de la enfermedad, y el médico volvió a citar a los padres de la niña en su consulta para darles la buena noticia:
-          Hemos comprobado que Leire no tiene ningún rastro de la enfermedad, es como si nunca la hubiera tenido.
-          ¡Es un milagro! – exclamaron los padres llorando de alegría.
-          Si, en eso estoy de acuerdo con ustedes, Leire sin duda ha sido una niña muy especial ya que casi ningún niño que tenga esta enfermedad, sobrevive sin ninguna secuela – dijo el médico.
-          ¿Nos podemos ir a casa? – dijo la madre de la pequeña llorando aún.
-          Claro, enseguida tramitaré el alta para Leire.
Leire y sus padres se fueron a su casa después de esta charla, y la niña siguió creciendo rodeada del amor que le brindaban sus padres y toda su familia tras conocer la noticia de su enfermedad.
La pequeña ya contaba con dos años, y un día paseando con su madre, vio que una vecina suya estaba pelando diversas frutas, sentada en su puerta. La niña se acercó corriendo a coger un trozo de manzana, con tan mala suerte que la manzana se le quedó atascada en la garganta, y Leire comenzaba a ahogarse.
Su madre intentó por todos los medios que tosiera para que pudiera escupir el trozo de manzana, pero no daba resultada y la pequeña ya se estaba empezando a poner morada. Por suerte, otra vecina que pasaba por allí, se acercó corriendo y le introdujo los dedos en la boca de Leire, hasta que pudo coger el trozo de manzana y sacárselo, salvando así a la pequeña.

Después de este incidente, la pequeña entró en el colegio donde hizo un montón de amigas y fue pasando por todos los cursos de educación infantil y primaria sin presentarse ningún incidente más como los otros dos.
CONTINUARÁ......

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Regalame un poquito de vida

Esta es la historia de Ana y Sandra, Ana era una niña de 11 años que vivía con sus padres y su hermano menor en un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca llamado Uña. Ella era una niña preciosa, de grandes ojos verdes y pelo castaño, y era una niña muy querida por todos los que la conocían por su carácter bondadoso.
Ana acudía al colegio de la localidad, donde tenía montones de amigos y amigas, los cuales estaban muy contentos de que Ana fuera su amiga, pero en esa clase, había una niña que no gozaba de tantos amigos como Ana.
Su nombre era Sandra, y era un poco diferente de las demás, ya que ella era autista y tenía cierta dificultad para realizar las tareas escolares. Además, esta niña había llegado nueva hace unos meses y no había tenido la oportunidad de adaptarse a los demás compañeros, los cuales no la incluían en sus grupos de trabajo ni de juegos, por lo que Sandra siempre estaba sola y muy triste.
Ana, sintiendo pena por Sandra, un día se acercó a ella y comenzaron a hablar:
-       Hola Sandra, soy Ana, ¿cómo estás?
-       Bien, ¿por qué hablas conmigo? – respondió tímidamente Sandra.
-       Porque te veo cada día sola en clase y quiero ayudarte – dijo Ana.
-       ¿Por qué lo haces? ¿Me tienes lástima? – preguntó Sandra.
-       No es eso, es que no es justo que tú estés aquí sola y triste mientras que nosotros jugamos y nos lo pasamos bien. Me gustaría que tú también estuvieras con nosotros. Sé que eres una buena persona – dijo animadamente Ana.
-       Tú también eres una excelente persona por dentro y por fuera – dijo Sandra casi llorando.
-       Entonces, ¿somos amigas? – preguntó Ana.
-       Claro – dijo Sandra.
Después de esto, Ana y Sandra se volvieron grandes amigas, se contaban muchas cosas y Ana siempre ayudaba a Sandra en lo que no sabía o no podía hacer por causa de su enfermedad. También Sandra empezó a relacionarse con la gente de su clase y a tener multitud de amigos, y pasó de un estado de tristeza absoluta a estar siempre feliz y animada.
Pero, un día, Sandra se levantó con un dolor terrible en la parte baja de la espalda y al ir hacer pis, vio que empezó a orinar sangre, por lo que se alarmaron ella y su padre. Rápidamente, sus padres la llevaron al centro de salud más cercano, donde los médicos la evaluaron y llegaron a la conclusión de que uno de los riñones de la muchacha estaba fallando, por lo que necesitaba de forma muy urgente un trasplante de riñón, de lo contrario moriría.
Pronto, sus padres se hicieron las pruebas para saber si eran compatibles con la niña, pero para desgracia de ellos, no eran compatibles, y cada vez el estado de Sandra iba a peor.
En esto, Ana, que se había enterado de la noticia, llegó al hospital, y se encontró con los padres de su amiga que la pusieron al corriente de la situación de Sandra. Entonces, Ana dijo:
-       Quiero ser la donante que Sandra necesita…
-       ¿Estás segura? Mira que es un proceso muy largo, doloroso y solo tendrás un riñón – preguntó sorprendido el padre de su amiga.
-       Si, estoy segura, de lo contrario, Sandra se pondrá peor y morirá. Dejadme regalarle un poquito de vida – dijo Ana sonriendo.
-       Es un gran acto de solidaridad por tu parte, nos alegramos de que nuestra hija tenga una amiga tan buena como tú – dijo la madre de Sandra con lágrimas en los ojos.
Tras esto, le hicieron las pruebas a Ana, viendo que, si era compatible con Sandra, convirtiéndose ella en la donante que tanto necesitaba la muchacha.
Llegó así pues el día de la intervención, todo se estaba dando como esperaban los médicos. Ya le habían puesto el nuevo riñón a Sandra, cuando se encontraron con que Ana estaba perdiendo mucha sangre y su tensión estaba bajando drásticamente, hasta que no pudieron hacer nada por ella y falleció en la sala del quirófano.
Cuando Sandra se enteró de la muerte de Ana, se puso realmente mal ya que su amiga, la cual dijo que quería darle un poquito de vida, había dado la vida por ella, y solicitó a los médicos si podían dejar que se despidiera de ella.

Dando su consentimiento los médicos, Sandra bajó donde estaba el cuerpo de Ana, y al verla recordó los momentos tan bonitos que había vivido con ella. Después, le agradeció que le hubiera regalado su vida, y al mismo tiempo le prometió que ella iba a vivir su vida por las dos, dándole gracias por cada día que viviría por y gracias a su gran amiga Ana.

martes, 21 de noviembre de 2017

Noche en el museo

Un día Abel fue con sus padres de visita al Museo Arqueológico de Córdoba pues a él le encantaba la idea de ver obras que habían existido en la antigüedad, especialmente los restos romanos.
Al llegar, estuvieron paseando por todas las colecciones, contemplándolas con gran admiración, mientras que a Abel cada colección le parecía más maravillosa de la que había visto antes.
Tal fue su admiración y agitación, que pronto le empezó a entrar mucho sueño y se durmió en una de las salas, mientras que sus padres lo empezaron a buscar como locos hasta que lo encontraron dormido, lo cogieron con cuidado que no se despertara y lo llevaron a casa.
Cuando llegaron a casa, acostaron a Abel y ellos se durmieron. Entonces, Abel empezó a soñar….
Era de noche, él se encontraba en el museo completamente solo, ya que sus padres e incluso los guardias se había ido. Empezó a oír miedo, ya que oía ruidos raros, así que corrió a esconderse a una de las salas y esperó un poco hasta que el ruido hubiese desaparecido.
Cuando ya todo estuvo tranquilo, el niño salió de su escondite y vio algo que le impresionó de verdad.
Pudo ver como todas las esculturas del museo habían cobrado vida, las figuras humanas charlaban animadamente unas con otras y las esculturas de los animales correteaban por las diversas salas del museo. Viendo esto el niño se quedó de una pieza, y por accidente, hizo caer una vasija antigua que estaba en un pilar, alertando así a las esculturas.
Todas se acercaron miraban con detenimiento a Abel, el cual temblaba de miedo. De entre los animales, el león ibérico de Nueva Carteya se le acercó, y en lugar de empezar a atacarles, empezó a lamerle toda la cara y abrazar a un sorprendido Abel. La escultura de Mithras de Cabra se abrió paso entre todas las estatuas, y mirando al pequeño dijo:
-          Niño, ¿quién eres tú?
-          Me he perdido…. ¿Por qué estais vivos? – respondió el pequeño temblando.
-          Nadie lo sabe, pero en la noche cuando nadie nos ve, tomamos vida propia y podemos hablar y jugar entre nosotros – dijo Mithras.
-          Eso es impresionante – se sorprendió a Abel.
-          ¿No se lo contarás a nadie verdad? – le dijo otra escultura.
-          No, nunca se lo contaré a nadie, respetaré vuestro secreto, pero a cambio, ¿me dejáis jugar con vosotros? – respondió Abel.
-          Claro – contestaron muchas esculturas al unísono.
Y así, Abel pasó toda la noche hablando y jugando con las esculturas, pasándoselo en grande. También jugó con los animales, se subía encima de ellos y dejaba que éstos lo llevaran de un lado a otro. Esa noche, Abel fue el niño más feliz del universo, hasta que oyó un ruido molesto, despertándose así en su propia habitación con su madre llamándole al lado de la cama.
-          Buenos días Abel, ¿cómo has dormido?
-          Hola mamá, he dormido muy bien y he tenido un bonito sueño – le respondió Abel emocionado.
-          ¿Qué has soñado? – le preguntó su madre.
-          Es un secreto, pero te diré que de mayor quiero ser arqueólogo y descubrir las cosas más bonitas y antiguas que nadie ha descubierto jamás – dijo Abel emocionado.
FIN.