lunes, 20 de noviembre de 2017

Laika

Laika era una perrita muy dulce que vivía en un pueblo llamado Aldecoa, al principio era una perrita muy feliz que vivía con sus dueños en una casita blanca con una bonita valla y un gran prado, pero hace un mes, el dueño de Laika se había vuelto una persona muy violenta que maltrataba a toda su familia y a Laika llegó un día en que le dio un brutal paliza y no contento con eso, la echo a la calle.
Por las calles entonces vagaba Laika, totalmente hambrienta y con algunas heridas provocadas por la paliza de su dueño. La primera noche Laika la tuvo que pasar al aire libre con el frío de la noche y durmiendo en el suelo y conforme pasaban los días se sentía mucho más hambrienta y débil por las heridas, las cuáles se le habían infectado.
De pronto, cuando la perrita estaba a punto de morir, se encontró con una dulce chica de ojos azules y pelo castaño que se apiadó de ella y se la llevó a su casa. La chica que se llamaba Amaia le dio de comer y beber agua, le curó todas las heridas lo mejor que pudo y le proporcionó un lugar para dormir y con todo esto, Laika sentía que su suerte empezaba a cambiar.
Pronto Laika y Amaia se hicieron las mejores amigas y hacían todas las tareas de la vida cotidiana juntas, es decir comían juntas, dormían juntas, hasta que se volvieron inseparables y no se separaban la una de la otra. Cuando Amaia se tenía que ir Laika se ponía muy triste y la esperaba junto al lado de la puerta de la entrada hasta que la chica llegaba.
Un día Laika y Amaia estaban paseando en la calle y vieron a una niña jugando con su pelota que accidentalmente se le escapó hacia la calzada. Viendo esto Amaia fue a por la pelota cuando de repente vino un coche a gran velocidad, no dando tiempo a Amaia a escapar del destino que le sobrevenía. Percatándose de esto, Laika salió corriendo rápidamente y se puso entre Amaia y el coche y así el coche terminó atropellando a la perrita que sufrió varias heridas y cortes graves además de varias lesiones.
Amaia percatándose del estado de Laika, rápidamente la cogió y se aproximó hasta el centro veterinario más cercano donde le dijeron que Laika estaba muy grave y que iban a practicarle una operación de urgencia para sus lesiones, al oír esto Amaia rompió a llorar, no se podía creer que su mejor amiga se iba y todo por salvarla a ella. Antes de practicarle la operación, Amaia pasó a ver a Laika y la encontró muy débil conectada a una máquina que le permitía respirar y con multitud de vendas por todo su cuerpo y viéndola así Amaia estaba rota del dolor y dijo:
-          Hola querida amiga, aún no tengo palabras por lo que hiciste por mí, si tú no te hubieras interpuesto entre el coche y yo ahora sería yo la que estaría como tú. Sé que eres solo un perro, pero te quiero mucho y siempre estaré agradecida por lo que hiciste por favor no te vayas de mi lado.
Dicho esto, Amaia salió de la habitación y los veterinarios se dispusieron a operar a Laika, pasando así unas dos horas de operación, por lo que Amaia ya estaba desesperada y temiendo que algo malo le hubiese pasado a Laika. Ya cuando la niña se disponía a preguntar a algún veterinario sobre la operación, vio que la luz intermitente que se situaba por encima de los quirófanos se apagó y de ahí salió el veterinario que le dijo a Amaia:
-          La operación, aunque ha sido complicada, hubo un momento en que se nos fue, pero milagrosamente volvió lo que demuestra que tu perrita tiene muchas ganas de vivir a tu lado y en efecto ella se recuperará por completo.
Oyendo esto, Amaia lloró de felicidad y pidió ver a Laika, a lo que el veterinario accedió gustosamente. Al pasar a la habitación donde estaba la perrita, Amaia se abrazó a ella llorando y le dijo:
-          Mi buena amiga, yo sabía que nunca me dejarías, aún podremos pasar mucho tiempo juntas y ahora con lo que ha pasado, te querré mucho más que antes y te estaré eternamente agradecida que, aunque solo seas una perrita, para mi eres mi salvadora.
Oyendo a Amaia, Laika abrió los ojos débilmente y le mostró a la niña una de sus sonrisas, acompañándolo de un ladrido como queriendo indicar el gran sentimiento que la unía a Amaia y agradeciéndole que un día, ella también la salvará de morir en la calle.
Y así fue como Laika y Amaia vivieron felices queriéndose la una a la otra como ninguna persona pudiera querer a un animal y así continuarían hasta el final de sus vidas.





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