Al
entrar en el instituto, la pequeña decidió que quería ser profesora de
educación infantil, es decir quería enseñar a muchos niños todo lo que le
habían enseñado a ella, y fue pasando todos los cursos de la ESO, con buenas
notas.
Al
entrar en la universidad, Leire se mudó a Madrid, dispuesta a vivir nuevas
aventuras. Iba buscando un piso para mudarse por las calles de Madrid, cuando
de repente chocó contra alguien, y ésta al ver a la persona con quien chocó,
vio a un joven muy guapo que la miraba detenidamente:
-
Perdona, no te había visto – dijo el chico.
-
Lo siento, no miraba por donde iba – dijo
Leire.
-
Soy Javier, mucho gusto – dijo el joven
sonriéndole.
-
Yo Leire – dijo ella tímidamente.
-
¿Vives por aquí? – dijo Javier.
-
No, en realidad estoy buscando piso para vivir,
me acabó de mudar para empezar mi carrera universitaria – dijo Leire.
-
Pues tengo buenas noticias, en mi bloque de
pisos, hay uno libre, si lo quieres es tuyo – dijo el joven sonriéndole.
-
Perfecto, vamos a verlo – dijo Leire.
Leire
y Javier se encaminaron a ver el bloque de piso de el joven, el cual a Leire le
gustó mucho, así que se quedó con el piso que estaba libre y pronto se hicieron
buenos amigos, los cuales compartieron muchas historias de sus vidas.
Javier
le contó a la chica que sus padres eran ricos y que él estaba estudiando
empresariales para continuar con el negocio familiar, mientras que Leire le
habló sobre su enfermedad y su sueño de ser profesora, quedándose el chico
impresionado de la fortaleza que tenía la chica y a lo que también respondió
que muy cera del piso donde vivían, había una fundación que cuidaba y ayudaba a
niños que tenían esta enfermedad.
Leire
insistió un día en verla, y al día siguiente, acudieron a ver la fundación.
Leire entró en contacto con muchos niños que no habían podido superar la
enfermedad como ella, y tenían bastantes secuelas, y viendo esto se entristeció
a la vez que pensó lo especial que ella era al no haber sufrido secuelas de
aquella cruel enfermedad. También hablo con los cuidadores y profesores de
aquellos niños, y éstos se sorprendieron al oír su historia, y al ver que, a
día de hoy, ella era una chica completamente normal.
Cuando
salía de la fundación, Leire le dijo a Javier:
-
Quiero ayudar a estos niños…. – dijo Leire.
-
No esperaba menos de ti, te ayudaré en todo lo
que pueda – dijo Javier con una gran sonrisa en sus labios.
-
Me alegra contar con tu apoyo – dijo la chica.
-
¿Cómo les ayudarás? – añadió el joven.
-
En mi pueblo, se celebran varios concursos
literarios y una de mis aficiones es escribir, así que intentaré presentarme a
algunos concursos y si gano alguno, el dinero será para esos niños – dijo
Leire.
-
Eso es precioso – respondió Javier.
-
Además, cuando tenga trabajo, me gustaría
destinar una pequeña parte de mi sueldo a ello – añadió Leire.
-
Eres todo un ángel…. – mencionó Javier.
-
Gracias……. – se sonrojó Leire.
Tras
esto, los días pasaban rápido y ambos seguían con su misma rutina, hasta que un
día, le llegó un correo a Leire sobre uno de los concursos literarios a los que
se presentó. La muchacha lo abrió, al ver su contenido se sorprendió, ya que en
decía que había ganado un premio de tres mil euros.
Rápidamente
llamó a Javier emocionada, y ambos fueron juntos a recoger el premio. Después
emocionados, se dirigieron a la fundación para donarlo, la cual lo recibió con
gran admiración por la chica que lo había donado, y dándole las gracias por ser
la persona que era.
Cuando
salieron, ambos caminaron rápido hacia un parque que ambos conocían muy bien y
se sentaron en los bancos del parque.
-
Relativamente eres alguien muy especial –
empezó a decir Javier.
-
No es para tanto, solo me gusta ayudar a la
gente – le respondió Leire.
-
Y haces una labor muy bonita con eso – añadió
Javier.
-
Gracias.
-
Oye, ¿hay algo que me gustaría preguntarte? –
volvió a decir el joven.
-
¿Qué es?
-
¿Quieres ser mi novia? – le preguntó el chico.
-
Me encantaría – respondió Leire.
Tras
esto, ambos se fundieron en un romántico beso que sería el primero de muchos, y
pusieron rumbo a su piso.
Años
después, Leire se convirtió en una profesora encantadora que quería a todos sus
alumnos con locura, mientras que Javier continuo con el negocio de su padre.
Ambos vivían juntos, en un bloque de pisos más grande que el antiguo que
tenían, y se convirtieron en una pareja muy bonita según los vecinos que vivían
en su mismo bloque y así seguirían por muchos años más.
FIN.
No hay comentarios:
Publicar un comentario