viernes, 24 de noviembre de 2017

Un ángel llamado Leire (segunda parte)

Al entrar en el instituto, la pequeña decidió que quería ser profesora de educación infantil, es decir quería enseñar a muchos niños todo lo que le habían enseñado a ella, y fue pasando todos los cursos de la ESO, con buenas notas.
Al entrar en la universidad, Leire se mudó a Madrid, dispuesta a vivir nuevas aventuras. Iba buscando un piso para mudarse por las calles de Madrid, cuando de repente chocó contra alguien, y ésta al ver a la persona con quien chocó, vio a un joven muy guapo que la miraba detenidamente:
-          Perdona, no te había visto – dijo el chico.
-          Lo siento, no miraba por donde iba – dijo Leire.
-          Soy Javier, mucho gusto – dijo el joven sonriéndole.
-          Yo Leire – dijo ella tímidamente.
-          ¿Vives por aquí? – dijo Javier.
-          No, en realidad estoy buscando piso para vivir, me acabó de mudar para empezar mi carrera universitaria – dijo Leire.
-          Pues tengo buenas noticias, en mi bloque de pisos, hay uno libre, si lo quieres es tuyo – dijo el joven sonriéndole.
-          Perfecto, vamos a verlo – dijo Leire.
Leire y Javier se encaminaron a ver el bloque de piso de el joven, el cual a Leire le gustó mucho, así que se quedó con el piso que estaba libre y pronto se hicieron buenos amigos, los cuales compartieron muchas historias de sus vidas.
Javier le contó a la chica que sus padres eran ricos y que él estaba estudiando empresariales para continuar con el negocio familiar, mientras que Leire le habló sobre su enfermedad y su sueño de ser profesora, quedándose el chico impresionado de la fortaleza que tenía la chica y a lo que también respondió que muy cera del piso donde vivían, había una fundación que cuidaba y ayudaba a niños que tenían esta enfermedad.
Leire insistió un día en verla, y al día siguiente, acudieron a ver la fundación. Leire entró en contacto con muchos niños que no habían podido superar la enfermedad como ella, y tenían bastantes secuelas, y viendo esto se entristeció a la vez que pensó lo especial que ella era al no haber sufrido secuelas de aquella cruel enfermedad. También hablo con los cuidadores y profesores de aquellos niños, y éstos se sorprendieron al oír su historia, y al ver que, a día de hoy, ella era una chica completamente normal.
Cuando salía de la fundación, Leire le dijo a Javier:
-          Quiero ayudar a estos niños…. – dijo Leire.
-          No esperaba menos de ti, te ayudaré en todo lo que pueda – dijo Javier con una gran sonrisa en sus labios.
-          Me alegra contar con tu apoyo – dijo la chica.
-          ¿Cómo les ayudarás? – añadió el joven.
-          En mi pueblo, se celebran varios concursos literarios y una de mis aficiones es escribir, así que intentaré presentarme a algunos concursos y si gano alguno, el dinero será para esos niños – dijo Leire.
-          Eso es precioso – respondió Javier.
-          Además, cuando tenga trabajo, me gustaría destinar una pequeña parte de mi sueldo a ello – añadió Leire.
-          Eres todo un ángel…. – mencionó Javier.
-          Gracias……. – se sonrojó Leire.
Tras esto, los días pasaban rápido y ambos seguían con su misma rutina, hasta que un día, le llegó un correo a Leire sobre uno de los concursos literarios a los que se presentó. La muchacha lo abrió, al ver su contenido se sorprendió, ya que en decía que había ganado un premio de tres mil euros.
Rápidamente llamó a Javier emocionada, y ambos fueron juntos a recoger el premio. Después emocionados, se dirigieron a la fundación para donarlo, la cual lo recibió con gran admiración por la chica que lo había donado, y dándole las gracias por ser la persona que era.
Cuando salieron, ambos caminaron rápido hacia un parque que ambos conocían muy bien y se sentaron en los bancos del parque.
-          Relativamente eres alguien muy especial – empezó a decir Javier.
-          No es para tanto, solo me gusta ayudar a la gente – le respondió Leire.
-          Y haces una labor muy bonita con eso – añadió Javier.
-          Gracias.
-          Oye, ¿hay algo que me gustaría preguntarte? – volvió a decir el joven.
-          ¿Qué es?
-          ¿Quieres ser mi novia? – le preguntó el chico.
-          Me encantaría – respondió Leire.
Tras esto, ambos se fundieron en un romántico beso que sería el primero de muchos, y pusieron rumbo a su piso.
Años después, Leire se convirtió en una profesora encantadora que quería a todos sus alumnos con locura, mientras que Javier continuo con el negocio de su padre. Ambos vivían juntos, en un bloque de pisos más grande que el antiguo que tenían, y se convirtieron en una pareja muy bonita según los vecinos que vivían en su mismo bloque y así seguirían por muchos años más.
FIN.



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