jueves, 23 de noviembre de 2017

Un ángel llamado Leire (primera parte)

El día 17 de agosto de 1995, nació la pequeña Leire, la cual era una niña muy deseada por sus padres y desde el momento que llegó al mundo se convirtió en una niña muy querida por todos, ya que era tan bonita que parecía una pequeña princesa.
Al pasar los meses, Leire seguía creciendo con todo el amor que le brindaban sus padres; hasta que un día sus padres observaron algo en la pequeña. De pronto, vieron que la pequeña hacía un extraño movimiento con la cabeza y los hombres y tras ese movimiento lloraba desconsoladamente.
Viendo esto, los padres acudieron rápidos al hospital, donde le empezaron a realizar pruebas a la pequeña, concluyendo que solo se trataba de gases, por lo que mandaron a Leire y a sus padres a casa, sin darle la menor importancia al problema.
Los días pasaban y Leire no dejaba de repetir este extraño movimiento, entonces sus padres ya muy preocupados decidieron acudir a otro hospital en el que trabajaba un médico muy conocido por sus diagnósticos eficaces. El especialista examinó a la bebé y al comprobar las pruebas, se sorprendió al encontrar lo que encontró:
-          Lamento decirles que Leire sufre una enfermedad muy rara de la cual tenemos muy poca información.
-          ¿Cómo? - dijo el padre - ¿Podría explicarse con más claridad?
-          Leire tiene una enfermedad conocida como síndrome de West, la cual se encuentra dentro de las enfermedades más raras del mundo; de ahí sus convulsiones y la afectación en la sonrisa.
-          Eso es terrible – añadió la madre angustiada.
-          ¿Qué futuro le espera a nuestra hija de aquí en adelante? – preguntó el padre preocupado.
-          Me entristece decirles que esta enfermedad posee un 90% de posibilidades de que Leire tenga algún tipo de retraso y solo un 10% de posibilidades de que no le queden secuelas de la enfermedad – añadió el doctor palideciendo.
-          ¿Hay algo que podamos hacer? – preguntaron al unísono.
-          Podemos aplicarle un tratamiento para contrarrestar los ataques, pero tendremos que probar con varios antes de dar con el exacto – respondió el médico.
-          Haga lo que pueda por nuestra pequeña – contestó el padre afligido.
Desde ese mismo día, Leire quedó ingresada en ese mismo hospital mientras que se le practicaron diversas pruebas para averiguar el origen de su enfermedad, a la vez que se le aplicaban varios tratamientos, pero no daban resultado pues la niña se encontraba cada vez peor, pues las crisis iban en aumento y su estado se estaba deteriorando.
Un día Leire jugaba tranquilamente en su habitación cuando de pronto las crisis comenzaron a darle muy seguido, sin darle tiempo a la pequeña a recuperarse entre los ataques. Su madre alarmada llamó a las enfermeras y al médico, pero no sabían que hacer para intentar frenar las epilepsias que le daban a la pequeña, hasta que se les ocurrió la idea de probar un tratamiento que hasta ahora no habían probado llamado “Sebril”.
Al aplicárselo, las crisis le fueron desapareciendo poco a poco por lo que la pequeña pudo descansar al fin, y al ver esto los médicos decidieron ponerle este tratamiento con la esperanza de que pudiera minimizar sus síntomas.
Días después, los médicos comprobaron que el tratamiento si estaba haciendo efecto en Leire y sus crisis iban desapareciendo poco a poco, por lo que los médicos le hicieron nuevas pruebas, sorprendiéndose de sus resultados. Así que, el médico que llevaba el caso de Leire citó a los padres en su despacho y con una voz serena les dijo:
-          ¿Creen en los milagros?
-          ¿A que viene todo esto? – contestó el padre de Leire sorprendido.
-          Tengo excelentes noticias, la enfermedad de Leire es casi inexistente y si seguimos con el tratamiento, muy pronto Leire estará recuperada y sin secuelas – les respondió el médico.
-          ¿De verdad? – respondió el padre incrédulo.
-          Si, aunque le haremos algunas pruebas más para estar seguros mañana y según los resultados le daremos el alta por la tarde – dijo el médico.
-          ¡Maravilloso! – exclamaron los padres al unísono.
Tras esto, los padres quisieron ver a su hija y fueron hasta la habitación donde se encontraba Leire durmiendo plácidamente. Éstos la despertaron dulcemente y al abrir los ojos la pequeña tenía una extraña sonrisa.
A la mañana siguiente le practicaron las pruebas a Leire, y comprobaron sorprendidos que la niña no tenía ningún rastro de la enfermedad, y el médico volvió a citar a los padres de la niña en su consulta para darles la buena noticia:
-          Hemos comprobado que Leire no tiene ningún rastro de la enfermedad, es como si nunca la hubiera tenido.
-          ¡Es un milagro! – exclamaron los padres llorando de alegría.
-          Si, en eso estoy de acuerdo con ustedes, Leire sin duda ha sido una niña muy especial ya que casi ningún niño que tenga esta enfermedad, sobrevive sin ninguna secuela – dijo el médico.
-          ¿Nos podemos ir a casa? – dijo la madre de la pequeña llorando aún.
-          Claro, enseguida tramitaré el alta para Leire.
Leire y sus padres se fueron a su casa después de esta charla, y la niña siguió creciendo rodeada del amor que le brindaban sus padres y toda su familia tras conocer la noticia de su enfermedad.
La pequeña ya contaba con dos años, y un día paseando con su madre, vio que una vecina suya estaba pelando diversas frutas, sentada en su puerta. La niña se acercó corriendo a coger un trozo de manzana, con tan mala suerte que la manzana se le quedó atascada en la garganta, y Leire comenzaba a ahogarse.
Su madre intentó por todos los medios que tosiera para que pudiera escupir el trozo de manzana, pero no daba resultada y la pequeña ya se estaba empezando a poner morada. Por suerte, otra vecina que pasaba por allí, se acercó corriendo y le introdujo los dedos en la boca de Leire, hasta que pudo coger el trozo de manzana y sacárselo, salvando así a la pequeña.

Después de este incidente, la pequeña entró en el colegio donde hizo un montón de amigas y fue pasando por todos los cursos de educación infantil y primaria sin presentarse ningún incidente más como los otros dos.
CONTINUARÁ......

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