Esta es la historia de Ana y Sandra, Ana
era una niña de 11 años que vivía con sus padres y su hermano menor en un
pequeño pueblo de la provincia de Cuenca llamado Uña. Ella era una niña
preciosa, de grandes ojos verdes y pelo castaño, y era una niña muy querida por
todos los que la conocían por su carácter bondadoso.
Ana acudía al colegio de la localidad,
donde tenía montones de amigos y amigas, los cuales estaban muy contentos de
que Ana fuera su amiga, pero en esa clase, había una niña que no gozaba de
tantos amigos como Ana.
Su nombre era Sandra, y era un poco
diferente de las demás, ya que ella era autista y tenía cierta dificultad para
realizar las tareas escolares. Además, esta niña había llegado nueva hace unos
meses y no había tenido la oportunidad de adaptarse a los demás compañeros, los
cuales no la incluían en sus grupos de trabajo ni de juegos, por lo que Sandra
siempre estaba sola y muy triste.
Ana, sintiendo pena por Sandra, un día
se acercó a ella y comenzaron a hablar:
-
Hola
Sandra, soy Ana, ¿cómo estás?
-
Bien,
¿por qué hablas conmigo? – respondió tímidamente Sandra.
-
Porque
te veo cada día sola en clase y quiero ayudarte – dijo Ana.
-
¿Por
qué lo haces? ¿Me tienes lástima? – preguntó Sandra.
-
No
es eso, es que no es justo que tú estés aquí sola y triste mientras que
nosotros jugamos y nos lo pasamos bien. Me gustaría que tú también estuvieras
con nosotros. Sé que eres una buena persona – dijo animadamente Ana.
-
Tú
también eres una excelente persona por dentro y por fuera – dijo Sandra casi
llorando.
-
Entonces,
¿somos amigas? – preguntó Ana.
-
Claro
– dijo Sandra.
Después de esto, Ana y Sandra se
volvieron grandes amigas, se contaban muchas cosas y Ana siempre ayudaba a
Sandra en lo que no sabía o no podía hacer por causa de su enfermedad. También
Sandra empezó a relacionarse con la gente de su clase y a tener multitud de
amigos, y pasó de un estado de tristeza absoluta a estar siempre feliz y
animada.
Pero, un día, Sandra se levantó con un
dolor terrible en la parte baja de la espalda y al ir hacer pis, vio que empezó
a orinar sangre, por lo que se alarmaron ella y su padre. Rápidamente, sus
padres la llevaron al centro de salud más cercano, donde los médicos la
evaluaron y llegaron a la conclusión de que uno de los riñones de la muchacha
estaba fallando, por lo que necesitaba de forma muy urgente un trasplante de
riñón, de lo contrario moriría.
Pronto, sus padres se hicieron las
pruebas para saber si eran compatibles con la niña, pero para desgracia de
ellos, no eran compatibles, y cada vez el estado de Sandra iba a peor.
En esto, Ana, que se había enterado de
la noticia, llegó al hospital, y se encontró con los padres de su amiga que la
pusieron al corriente de la situación de Sandra. Entonces, Ana dijo:
-
Quiero
ser la donante que Sandra necesita…
-
¿Estás
segura? Mira que es un proceso muy largo, doloroso y solo tendrás un riñón –
preguntó sorprendido el padre de su amiga.
-
Si,
estoy segura, de lo contrario, Sandra se pondrá peor y morirá. Dejadme
regalarle un poquito de vida – dijo Ana sonriendo.
-
Es
un gran acto de solidaridad por tu parte, nos alegramos de que nuestra hija
tenga una amiga tan buena como tú – dijo la madre de Sandra con lágrimas en los
ojos.
Tras esto, le hicieron las pruebas a
Ana, viendo que, si era compatible con Sandra, convirtiéndose ella en la
donante que tanto necesitaba la muchacha.
Llegó así pues el día de la
intervención, todo se estaba dando como esperaban los médicos. Ya le habían
puesto el nuevo riñón a Sandra, cuando se encontraron con que Ana estaba
perdiendo mucha sangre y su tensión estaba bajando drásticamente, hasta que no
pudieron hacer nada por ella y falleció en la sala del quirófano.
Cuando Sandra se enteró de la muerte de
Ana, se puso realmente mal ya que su amiga, la cual dijo que quería darle un
poquito de vida, había dado la vida por ella, y solicitó a los médicos si
podían dejar que se despidiera de ella.
Dando su consentimiento los médicos,
Sandra bajó donde estaba el cuerpo de Ana, y al verla recordó los momentos tan
bonitos que había vivido con ella. Después, le agradeció que le hubiera
regalado su vida, y al mismo tiempo le prometió que ella iba a vivir su vida
por las dos, dándole gracias por cada día que viviría por y gracias a su gran
amiga Ana.
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