miércoles, 29 de agosto de 2018
martes, 28 de agosto de 2018
¿Fin?
Te conocí por casualidad y una simple mirada me atrapó, sabía que eras un territorio peligroso pero aún así me adentré en el sendero, quería saber todo lo que venía de ti y puse todo mi empeño para entregarte lo mejor de mi ¿Cuál fue la piedra de tope? Resulta que tenías una familia y yo aún así quise seguir estando para ti, hasta que me aburrí. No quería ser la segunda en tu lista, nuestros pequeños encuentros ya no me llenaban, deseaba dejar de ser la que estaba en las sombras, quería disfrutar más contigo pero a pesar de todo seguí estando allí una y otra vez. Quizás me veías como la niña que te rejuvenecia, tal vez me sentiste segura a tu lado, a lo mejor pensaste que con tus palabras bonitas me ibas a seguir reteniendo porque sabías que con tus mentiras yo podía crear una bonita verdad pero, ¿acaso existe el para siempre?
¿Enamorada?
Le costó comprender para poder madurar.
Tuvo que sufrir para ganar experiencia.
Desparramó litros de llanto en su almohada para poder sonreír.
Le tomó muchas noches de desvelo para ver nuevamente los colores que la rodeaban antes de conocerlo.
Desde el inicio ninguno buscaba lo mismo. Tenían intereses muy opuestos, y ella, con su inocencia se dejó manipular.
Se arrepentía de muchas cosas, pero había algo que ya no recuperaria nunca mas y fue eso que una mujer le puede entregar a su amado, por primera y última vez.
Sus suaves y dulces palabras que salían susurrantes de sussus lab, la habían engatuzado.
Fue lo suficiente para cautivarla por completo.
Le habían prometido un caramelo, pero al quitarle la envoltura se encontró con una pequeña piedra llena de moho.
Se tomó su tiempo para recomponerse del shock, para caer en la cuenta y ver que ese hombre tenía músculos pero no cerebro.
Ahora es él quien la busca, y ella la que lo ignora.
Le gusta verse en el espejo, adorar sus propios ojos, su tierna sonrisa y su bello rostro.
Le encanta cómo es, y sabe que se merece a alguien mucho mejor que el tipo de antes.
Comprendió que nunca estuvo enamorada, sino que confundió el gustar con enamorar, y se dejó llevar por los impulsos.
Su corazón sigue palpitando como loco, a la espera de quién que sea su media naranja, pero esta vez se lo tomará con calma.
Está bien, que el amor llegue a su vida, pero esta vez que sea de verdad, y con colores brillantes.
¿Enamorada? Podría ser, pero no ahora...
viernes, 24 de agosto de 2018
El beso
Fui
al videoclub y como cada día la dependienta y yo cruzamos miradas y sonrisas,
sin dirigirnos la palabra, aunque yo cada noche tenía el sueño de besarla. Me
senté ante la mesa de un bar, había un diario personal, lo abrí y había una
foto ella, hablaba de mí y decía esperar a que yo diera el primer paso. Hacía
un momento que había estado sentada en el mismo lugar que yo me encontraba
ahora. Pude ver como cruzaba la calle y era atropellada por un coche y su
cuerpo quedo sin vida. Salí del bar y bese sus fríos labios. Era el beso que no
me había atrevido a darle en vida por miedo al rechazo.
El inquilino
Un
desafortunado imprevisto le había dejado estancada en aquella pensión. Un
hombre cuidaba de ella todos los días. Tenía un desagradable sentido de la
compañía; estaba, sí, pero casi siempre se quedaba dormido. Él no quería cobrar
por aquel servicio y ella desde hacía un tiempo había dejado de insistirle.
Había conocido aquella casa repleta de objetos, adornos, cuadros y muebles que
aquel inquilino se estaba encargando de hacer desaparecer posiblemente cobrando
algún dinero a sus espaldas. Sólo le quedaba un viejo pero cómodo sofá. Aquella
rutina terminó por pesar, al igual que el poso se acumula en el fondo del vaso,
y se propuso no volver a hablar con él mientras siguiera con vida.
jueves, 23 de agosto de 2018
Estebán y la escoba
Esteban miraba con recelo el suelo de su dormitorio. Estaba lleno de papeles y bolitas de plástico. El envoltorio del juguete que le había regalado su tía Ana tenía la culpa. El juguete era genial, pero con el envoltorio se lo había pasado genial. El problema es que lo había dejado todo hecho un asco.
Esteban recogió todo lo que pudo y lo tiró a la papelera. Pero no era suficiente. Así que fue a buscar a su madre, a ver si le ayudaba.
-Coge la escoba y barre el suelo, Esteban -dijo mamá-. Ya verás qué bien queda todo.
-Pero no sé barrer, mamá -dijo el niño-. No lo he hecho nunca.
-Dicen por ahí que siempre tiene que haber una primera vez para todo -dijo mamá-. Inténtalo. En cuanto acabe con esto voy a verte.
Esteban cogió la escoba y fue a su cuarto. Se sentó en la cama y empezó a mirar la escoba.
-Esto es cosa de chicas -pensó Esteban. Y se quedó sentado, observando la escoba.
Un rato después Esteban escuchó a su madre
-¿Qué tal Esteban? ¿Has terminado? ¡Voy en un minuto!
Esteban se levantó dando un respingo y empezó a mover la escoba. Enseguida llegó su madre, y le preguntó:
-¿Ya has descubierto cómo funciona la escoba?
-No, mamá -dijo Esteban-. Es que esto es cosa de chicas.
-¿Ah, sí? -dijo mamá-. Ponte los zapatos, que vamos a hacer unas cuantas visitas ahora mismo.
No habían pasado ni cinco minutos y ya estaban en la calle.
-Vamos a ir a visitar a unos cuantos amigos míos -dijo mamá-. En su trabajo tienen que usar unos artefactos muy interesantes sin los cuales no podrían cumplir con su misión.
Esteban conoció a mucha gente esa tarde. Primero conoció a Felipe, un chico que trabajaba en una empresa de limpieza limpiando oficinas. Felipe barría, fregaba y limpiaba el polvo. Lo hacía con tanta gracia que parecía que bailaba.
Luego conoció a Juan, un barrendero que, cuando creçía que no le veía nadie, cantaba coplas mientras barría las calles.
Esteban también conoció Lucio, el dueño de un pequeño bar en el que hacía de todo, incluido barrer y fregar el suelo, para tenerlo todo limpio.
De vuelta a casa Esteban y su madre pasaron por el taller de coches de Andrés. Y allí lo pillaron limpiando el garaje, escoba en mano.
-¿Sigues pensando que barrer es cosa de chicas? -preguntó mamá.
-Ya he visto que no. Ahora mismo cojo la escoba a ver qué tal se me da -dijo Esteban.
-Luego paso por tu habitación a ver qué te apañas -dijo mamá.
-Gracias, mamá.
Esteban probó a barrer su habitación con la escoba. Su madre fue por allí al cabo de un rato.
-No me ha quedado muy bien barrido el suelo, mamá -dijo Esteban.
-No te preocupes -dijo mamá-. Al menos está mejor que antes. Y eso es lo importante. Ven, que te voy a contar un par de trucos.
Esteban practicó con la escoba barriendo el pasillo y el comedor. Y se sintió muy orgulloso de poder colaborar en casa.
Esteban recogió todo lo que pudo y lo tiró a la papelera. Pero no era suficiente. Así que fue a buscar a su madre, a ver si le ayudaba.
-Coge la escoba y barre el suelo, Esteban -dijo mamá-. Ya verás qué bien queda todo.
-Pero no sé barrer, mamá -dijo el niño-. No lo he hecho nunca.
-Dicen por ahí que siempre tiene que haber una primera vez para todo -dijo mamá-. Inténtalo. En cuanto acabe con esto voy a verte.
Esteban cogió la escoba y fue a su cuarto. Se sentó en la cama y empezó a mirar la escoba.
-Esto es cosa de chicas -pensó Esteban. Y se quedó sentado, observando la escoba.
Un rato después Esteban escuchó a su madre
-¿Qué tal Esteban? ¿Has terminado? ¡Voy en un minuto!
Esteban se levantó dando un respingo y empezó a mover la escoba. Enseguida llegó su madre, y le preguntó:
-¿Ya has descubierto cómo funciona la escoba?
-No, mamá -dijo Esteban-. Es que esto es cosa de chicas.
-¿Ah, sí? -dijo mamá-. Ponte los zapatos, que vamos a hacer unas cuantas visitas ahora mismo.
No habían pasado ni cinco minutos y ya estaban en la calle.
-Vamos a ir a visitar a unos cuantos amigos míos -dijo mamá-. En su trabajo tienen que usar unos artefactos muy interesantes sin los cuales no podrían cumplir con su misión.
Esteban conoció a mucha gente esa tarde. Primero conoció a Felipe, un chico que trabajaba en una empresa de limpieza limpiando oficinas. Felipe barría, fregaba y limpiaba el polvo. Lo hacía con tanta gracia que parecía que bailaba.
Luego conoció a Juan, un barrendero que, cuando creçía que no le veía nadie, cantaba coplas mientras barría las calles.
Esteban también conoció Lucio, el dueño de un pequeño bar en el que hacía de todo, incluido barrer y fregar el suelo, para tenerlo todo limpio.
De vuelta a casa Esteban y su madre pasaron por el taller de coches de Andrés. Y allí lo pillaron limpiando el garaje, escoba en mano.
-¿Sigues pensando que barrer es cosa de chicas? -preguntó mamá.
-Ya he visto que no. Ahora mismo cojo la escoba a ver qué tal se me da -dijo Esteban.
-Luego paso por tu habitación a ver qué te apañas -dijo mamá.
-Gracias, mamá.
Esteban probó a barrer su habitación con la escoba. Su madre fue por allí al cabo de un rato.
-No me ha quedado muy bien barrido el suelo, mamá -dijo Esteban.
-No te preocupes -dijo mamá-. Al menos está mejor que antes. Y eso es lo importante. Ven, que te voy a contar un par de trucos.
Esteban practicó con la escoba barriendo el pasillo y el comedor. Y se sintió muy orgulloso de poder colaborar en casa.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Alegría de Vivir
Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el Maestro.
–Yo soy el resucitado de Naim –dijo el hombre–. Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan solo. Ahora nada de eso puedo; mi vida es un páramo. ¿A qué debo atribuirlo?
–Es que cuando el Maestro resucita a alguno, asume todos sus pecados -respondió el Apóstol-. Es como si aquél volviera a nacer en la pureza del párvulo…
–Así lo creía y por eso vengo.
–¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida?
–Que me devuelva mis pecados –suspiró el hombre.
Los sueños de Estebán
Esteban tenía la facultad de soñar cosas que al día siguiente sucedían. Esta vez soñó que andaba sobre la cabeza de un hombre elegante pero sencillo. A su paso las mujeres miraban y de inmediato sentían esa química que les atraía de aquel caballero. En las calles se escuchaban rumores y susurros de las féminas que le miraban caminar de lejos. “¡Qué elegante! ¡Qué bien le luce su sombrero! ¡Creo que sin el sombrero no se vería tan interesante!” comentaban. El caballero elegante se paró frente a una vitrina de sombreros y en ese momento Esteban se vio reflejado en el cristal, posado en la cabeza canosa de aquel hombre. Era un sombrero de copa negro, realmente hermoso. Así pasó la noche. Al despertar no podía creerlo. Su sueño una vez más sería un milagro. Estaba en la sombrerería de Albiñana, justo para ser comprado por un caballero sencillo pero elegante.
viernes, 17 de agosto de 2018
El destino
¿Hasta qué punto el destino es el autor de nuestra vida?
¿Cuánto de determinantes somos nosotros mismos en ella?
Hay muchas situaciones diarias en las que pensamos que
pasan porque tienen que pasar, porque así lo define el destino, y al
mismo tiempo así lo elegimos nosotros porque lo aceptamos así, pero ¿qué pasa
con esas cosas que pasan sin que nosotros queramos que pasen? Esas que
simplemente se presentan en tu vida, y de vez en cuando, ponen de patas arriba
en tres segundos algo que te costó la vida mantener en orden. En nuestra vida
se cruzan muchas personas, personas de todas clases, que se quedan o se van, y
se supone que cada una de ellas es un plan particular que el destino planeó
para ti, pero sin embargo, hay muchas de ellas que se van sin que tú quieras
que se vayan y ahí el destino elige por ti, suprime tu pequeño deseo por lo que
cree que será mejor, pero también hay personas que se quedan, que te tropiezas
a diario y deberían irse y aunque tú así lo quieras, el destino se empeña en
que te tropieces una y otra vez, haciéndote recordar cada segundo que duele,
pero sí es probable que también sea una lección del destino, y que intente
decirte las cosas que no son buenas, que te hacen daño para que no vuelvas a
tropezar con una piedra parecida en exceso a aquella que una vez te hizo caer.
En el fondo, no creo que se pueda diferenciar entre el destino y la elección
propia, es cierto que hay cosas que nos pasan sin elegirlas, pero ¿hasta qué
punto podríamos estar seguros de que no lo elegimos? A veces nos encontramos a
alguien y pensamos, jolin el destino me lo puso delante, pero quizás no, porque
si hubieses ido por otro camino a lo mejor y lo más seguro es que no fuese así,
entonces ahí elegiríamos nosotros, y ahí ¿qué pasa con la teoría?¿ Se puede
creer y no creer al mismo tiempo en el destino? ¿Se podrá elegir todas y cada
una de las cosas que pasan en nuestro día a día?
El destino debe ser algo muy importante en nuestra vida,
pero no lo será todo, a día de hoy confío en que sin mí yo no sería nadie, tú
deberías pensar lo mismo, y luego creer en el destino.
Yo también confío en él, porque sin él no hubiese conocido a
cada pequeña persona que forma parte de mi vida hoy, y sin las que
dejaría de ser yo.
Por si discutimos mañana
Hace casi dos años decidí entrar a la universidad y tuve la
suerte de que tú también lo hicieses, y hoy agradezco al destino que esto
pasara así, es así, es aquí donde encontré a mi media manzana, a esa persona
que me complementa a la perfección y que es capaz de entenderme cada día,
aguantar cada cara que le ponga, y con la que he compartido los años más duros
de mi vida, la persona que intenta animarme a cada pequeño tropiezo que tengo,
esa persona que siempre busca las palabras justas, aunque nos estemos volviendo
un poco disléxicas, jaja es lo que tiene estudiar tantas matemáticas. Pues sí,
es a ti a la que le escribo estas palabras por si nos peleamos mañana, porque
te debo mucho, he aprendido y me he hecho grande(más si cabe), eres esa persona
con la que he hecho planes cuando seamos “mayores”, esa persona que me habla a
las 2 de la mañana porque no se da cuenta de la hora que es, esa persona con la
que he compartido tardes productivas y no tan productivas, esa persona que ha
hecho posible que pase de tener una mala mañana a un gran día ,esa personita
que me dice que no es lo mismo suspender con un 4.8 que con un dos aunque se
suspenda igual, con la que comparto CASI todo jajaja, a ti esto se te queda
corto pero ya con esta carrera las palabras no me salen igual, es un
pequeño detalle para una gran persona gracias por cada cosa que me has dado,
aunque no te acuerdes de todas, pero vuelven cuando juntas las recordamos.
De mí para ti, por ser tú y por ser yo también, porque yo
sin mí y tú sin ti es estar yo sin ti y tú sin mi
Parece mentira
Parece
mentira que después de tanto seamos tan poco, que no consigamos pasar las
páginas necesarias para un mínimo trato cordial. Se escapa de mi entendimiento
el hecho de que a día de hoy seamos más desconocidos que el primer día, es muy
triste que la persona a la que le dedicaste tanto ni siquiera sea una persona
más en tu vida, que de repente pase a ser nadie, alguien que aunque conozcas y
veas algún que otro día no cruce más que una tímida y asustadiza mirada, que no
quede nada ni del principio de la historia. Es cierto, no hubo nada más allá,
pero fuiste mi primer amor, quieras o no, quiera o no quiera ya, fuiste ese
alguien que me enseñó o me ayudó a aprender que era el amor, que era eso que en
ocasiones mueve el mundo, eso tan maravilloso y doloroso a veces, eso que te
hace volar sin alas. No fuimos más que dos personas, que uno quiso al que no le
quería pero creo que esas cosas se superan, que eso no debe marcar la senda del
destino, que no por ello debas no ser nadie en mi vida, se supone que soy yo la
que intentó darlo todo por ti, no tiene nada de malo, de las piedras con las
que tropezamos se aprende, y se supone que yo aprendí, y supongo que es
algo que dura toda la vida, no el sentimiento pero sí el recuerdo de lo más
bonito que en su momento llegué a sentir. Y no pasa nada, entiendo que no
quieras que seamos dos personas con contacto continuo, pero tampoco es eso lo
que te pido, yo no busco que un cordial saludo por parte de dos personas lo
suficientemente maduras como para hacerlo, estamos en edades para eso ya.
Me
mentiste muchas veces pero no por eso voy a conservar solo ese recuerdo, algo
que me ha enseñado “los años”, escasos que tengo, es que no debo quedarme con
la piedra que me hizo tropezar y la herida que me quedó de esa caída, si
no la lección de mirar atenta al suelo e intentar saltar cada pequeña piedra
que me haga vacilar entre caerme o seguir de pie, por eso te digo que no espero
nada de ti, porque he aprendido a no esperar, pero si tengo la pequeña
esperanza de que en algún momento de tu vida recapacites y vuelvas a darme la
oportunidad que me quitaste sin razón alguna;
jueves, 16 de agosto de 2018
El sarcófago de ébano
El primogénito hijo del gran faraón, heredero del trono de Nubia se sentía obligado por su padre, el gran faraón del Alto y Bajo Egipto a realizar todos los actos que el mandase para poder mantener en su poder los atributos dinásticos que su padre le adjudicara.
El pequeño estado de bastas planicies doradas suministraba buena parte de los alimentos al resto de los dominios, para ello su pueblo trabajaba de sol a sol, casi en un estado de esclavitud, aunque se conformaban con poder mantener a sus familias en sus precarias chozas de adobe adorando y alzando sus plegarias al gran sarcófago de ébano, uno de los más queridos íconos de veneración.
Cierto día el gran faraón dio la orden a su pequeño vástago para que comprará toda su producción de armas, que ellos solían fabricar en cantidades descomunales, sin tener en cuenta que el empleo de soldados en Nubia no era muy popular ya que sus habitantes eran más campesinos que guerreros.
De hecho nunca habían tenido confrontaciones bélicas con nadie y no tenían porque contemplar el hecho de tenerlas en un futuro, ya que carecían de motivos sustentables para ello.
El pueblo esperaba que el mandatario ordenara la construcción de instalaciones para poder contar con nuevas piedras de moler el grano, que diera comienzo a la construcción de nuevos canales y acequias para que las aguas del Nilo regaran más extensiones del fértil campo, se esperaba muchas obras del novato heredero pero que gastara todos los recursos del pueblo y se endeudara pidiéndole préstamos en vasijas de barro repletas de monedas de oro, para poder comprarle a su mismo padre cantidades de lanzas, jabalines, mazas, hachas de combate, espadas, arcos de doble curvatura, escudos, carros de combate y botes de asalto era algo inaceptable dentro de la comunidad y el proyecto de faraón bien lo sabía.
Se reunió con los sacerdotes del templo para que sus rituales lo ayudaran a resolver el dilema que se le presentaba y lo iluminaran para poder ver la salida más beneficiosa para su gobierno. No podía desobedecer el mandato supremo del dios mismo en la tierra es decir su padre el faraón, pero tampoco podía traer a su territorio tamaña cantidad de armamento sin justa causa, pues el pueblo reaccionaría denostándolo, obligándolo a abdicar al trono. Tanto la desobediencia al dios supremo en la tierra, como el repudio de sus gobernados, ocasionaría no poder acceder a la vida eterna, lo cual era una obsesión entre los faraones y faraoncitos en todo el extenso Egipto. Era indispensable para su propia salvación mantener en equilibrio la balanza de Osiris, llevando su corazón tan ligero como el peso de una pluma.
Se arrodilló ante su imponente estatua, representación en piedra de su propia estampa ególatra y le aterró imaginarla sin nariz signo inequívoco del odio de los pueblos de esa época, que mediante estas reacciones de repudio pretendían dejar vagando el alma del faraón representado a mitad de camino en su búsqueda por alcanzar la gracia de Osiris. Observando el coloso, mientras la luz de las antorchas iluminaban el enorme santuario, amplificando las sombras, mientras su miedo resaltaba los negros ojos de Isis y Osiris que sin dudas lo observaban, como así también el enorme sarcófago de ébano, que tanta devoción causaba en su pueblo.
De repente una ráfaga demoníaca sacudió la mente del líder, el sarcófago me ayudará, se dijo.
El sol apenas comenzaba a asomar en el horizonte cubriendo las chozas de rojizo fulgor, cuando unos pescadores espantados corrían gritando por el pueblo, emitiendo desesperados mensajes de alarma.
! El sarcófago, el sarcófago, lo han profanado ¡ Por favor ayúdennos, está a la deriva, apenas emerge una punta del mismo en el mar. ¡Sacrilegio, alguien pretendió hundir nuestra fe, ayuden a rescatarlo!
Era el mensaje desesperado que aquellos hombres emitían por las callejuelas de arena del lugar.
La gente concurrió desesperada a rescatar su objeto más venerado de las aguas, con ayuda de sogas lograron aferrarlo antes que desapareciera en las aguas profundas del mar. Pronto los rumores comenzaron a ganar las calles, las pisadas en la arena eran clara evidencia que los habitantes de la isla del diablo habían pretendido arrebatarles su más preciado bien, de esta forma se intentaba introducir la inverosímil versión de lo sucedido dentro de la comunidad.
Los habitantes de la isla del diablo siempre habían ignorado a los Nubios, pues los consideraban seres inferiores en una etapa de evolución muy retrógrada en comparación. De hecho preferían comerciar con pueblos más avanzados de ultramar y habían adquirido una tecnología bélica muy superior por tener conocimientos en el manejo de la pólvora, la antimateria y la existencia de mundos paralelos que los Nubios desconocían. Los ignoraban comercialmente, estratégicamente y religiosamente, los ignoraban totalmente, como uno puede ignorar a las moscas, si no se vuelven una molestia.
Ni pensaban en los Nubios en realidad y mucho menos tenían intereses en profanar ningún santuario, ni atacar ninguna ciudad Nubia, pues carecían de interés y valor para los avanzados habitantes de la isla del diablo. Esa era la realidad.
Pero en el pueblo Nubio fue instalándose un clima de guerra, el odio crecía hacia los habitantes de la isla y fue muy bien vista la compra armamentística que su joven pero precavido líder realizará, los pertrechos de guerra fueron acarreados hasta el pueblo por sus mismos habitantes y aunque pocos de ellos eran de utilidad por estar herrumbrados e inservibles, fueron agradecidos a viva vos por el clamor popular. El sarcófago de ébano fue restituido con dolor y respeto mientras el pueblo aclamaba a su líder destacando sus virtudes guardando las armas recién compradas a la espera de usarlas.
El faraón del Alto y Bajo Egipto también felicito a su primogénito por sus artes en el embuste, por haber conservado la nariz en alto ante su pueblo y por haberlo complacido.
Los clamores belicistas de a poco fueron ignorados ante la indiferencia de los isleños y las armas quedaron arrumbadas como chatarra. Solo quedo en la memoria de la gente el sarcófago de ébano profanado al acecho de las olas del mar. Y la deuda contraída con Dios vivo en la tierra por el préstamo impagable para comprar tanta chatarrería. Al mismo tiempo en un universo para lelos, la gente aclamaba los goles de Leo ante Islandia en un recordado y festejado cuatro a cero. Mientras Donald, su gatito y Ted, festejaban por las cuantiosas ganancias obtenidas en el último lanzamiento de Dysney Chanel, a la espera del juzgamiento de un Dios superior a todos.
miércoles, 15 de agosto de 2018
¿Quién eres?
Lo último que vi fue mi reloj marcando las 12:07 de la madrugada, mientras algo me apuñalaba con sus largas uñas podridas, y utilizaba su otra mano para acallar mis gritos.
Me desperté de golpe, aliviado al comprobar que todo era un sueño. El reloj marcaba las 12:06, cuando la puerta de mi armario comenzó a abrirse.
Me desperté de golpe, aliviado al comprobar que todo era un sueño. El reloj marcaba las 12:06, cuando la puerta de mi armario comenzó a abrirse.
viernes, 10 de agosto de 2018
Branquias
Fue a mediados de julio, en una noche de suave brisa, de esas que aligeran los calores acumulados durante el día. Los mayores agradecían la tregua saliendo a la calle, disfrutando del fresco que la canícula les había negado hasta entonces. Aprovechaban también para ponerse al día sobre los últimos acontecimientos, casi siempre sobre el desarrollo de los trabajos en el mar y otros asuntos de poca importancia.
El aullido se escuchó en todo el pueblo. Los vecinos de la zona más alejadas del puerto dijeron haberlo oído nítidamente.
Fueron pocos los que se atrevieron a acercarse a las inmediaciones del muelle y ninguno de ellos ha vuelto a ser el mismo. Los mejor parados continúan con sus insignificantes vidas como pueden: solos, sin apenas relación con los vecinos, como en un estado de letargo que cada vez parece más profundo. Suelen usar pañuelos para esconder sus branquias.
De los primeros en llegar al embarcadero donde se encontró el cuerpo no ha vuelto a saberse nada. Hay quien dice que saltaron al agua, atraídos por algo de lo que casi nadie quiere hablar. Otros, los más incautos, se aventuran a pronunciar un nombre. “Fue Cthulhu,” dicen.
El aullido se escuchó en todo el pueblo. Los vecinos de la zona más alejadas del puerto dijeron haberlo oído nítidamente.
Fueron pocos los que se atrevieron a acercarse a las inmediaciones del muelle y ninguno de ellos ha vuelto a ser el mismo. Los mejor parados continúan con sus insignificantes vidas como pueden: solos, sin apenas relación con los vecinos, como en un estado de letargo que cada vez parece más profundo. Suelen usar pañuelos para esconder sus branquias.
De los primeros en llegar al embarcadero donde se encontró el cuerpo no ha vuelto a saberse nada. Hay quien dice que saltaron al agua, atraídos por algo de lo que casi nadie quiere hablar. Otros, los más incautos, se aventuran a pronunciar un nombre. “Fue Cthulhu,” dicen.
Soy un monstruo
No te preocupes mi niño, mamá está contigo, nada va a pasarte.
No pongas esa cara mi vida, ya te he contado todos los cuentos que sabíamos, ahora hay que dormir cariño, así bien tapadito, no, tu osito Charlie está roto y sucio, acuérdate. Sí, no me olvido del beso en la frente, sí Esteban, he mirado debajo de la cama y en el armario y no he encontrado ningún monstruo, ya te he dicho muchas veces que los monstruos no existen, sólo que a menudo se tienen pesadillas y crees que lo que has visto y hecho es real mi pequeñín, ahora duerme, sí, mamá vigilará, buenas noches querido, pero no llores mi cielo, por favor sabes que oírte llorar me hace daño, cálmate ángel mío, no te revuelvas tan fuerte, vas a acabar hiriéndote, sabes que esta noche tiene que ser así mi vida, si duermes tranquilo mañana aflojaré las cinchas de tus muñecas y soltaré tus piernas, pero sólo si eres bueno te dejaré comer carne.
No pongas esa cara mi vida, ya te he contado todos los cuentos que sabíamos, ahora hay que dormir cariño, así bien tapadito, no, tu osito Charlie está roto y sucio, acuérdate. Sí, no me olvido del beso en la frente, sí Esteban, he mirado debajo de la cama y en el armario y no he encontrado ningún monstruo, ya te he dicho muchas veces que los monstruos no existen, sólo que a menudo se tienen pesadillas y crees que lo que has visto y hecho es real mi pequeñín, ahora duerme, sí, mamá vigilará, buenas noches querido, pero no llores mi cielo, por favor sabes que oírte llorar me hace daño, cálmate ángel mío, no te revuelvas tan fuerte, vas a acabar hiriéndote, sabes que esta noche tiene que ser así mi vida, si duermes tranquilo mañana aflojaré las cinchas de tus muñecas y soltaré tus piernas, pero sólo si eres bueno te dejaré comer carne.
---------------------------
—A la una me tuvieron, a las dos me bautizaron, a las tres me puse novia y a las cuatro me casaron…
—Calla, no cantes, por favor, déjame…
—A las cinco tuve un niño, a las seis lo bautizaron, a las siete…
—Por favor, dime qué tengo que hacer para que me dejes, para que me perdones. Me equivoqué, me equivoqué por siempre…
—A las siete algo me dieron, a las ocho…
—No cantes y háblame, hadme saber si con mi muerte te contentarás, dime si no has tenido suficiente con la marcha de Leonor, mi Leonor.
—A las ocho vino el cura y a las nueve…
—!Márchate¡, rencor y venganza, vuelve de donde saliste, déjame solo, sufriendo, no aguanto más.
—Y a las nueve, me enterraron.
—Calla, no cantes, por favor, déjame…
—A las cinco tuve un niño, a las seis lo bautizaron, a las siete…
—Por favor, dime qué tengo que hacer para que me dejes, para que me perdones. Me equivoqué, me equivoqué por siempre…
—A las siete algo me dieron, a las ocho…
—No cantes y háblame, hadme saber si con mi muerte te contentarás, dime si no has tenido suficiente con la marcha de Leonor, mi Leonor.
—A las ocho vino el cura y a las nueve…
—!Márchate¡, rencor y venganza, vuelve de donde saliste, déjame solo, sufriendo, no aguanto más.
—Y a las nueve, me enterraron.
La aniquilación
¿Es posible horrorizarse ante la aparición de la madre muerta?
Aquella tarde, fusionada con el gentío en plena Gran Vía madrileña, ella avanzaba de espaldas, entre la gente. Estatura infantil, con un extraño camisón blanco. De improviso giró bruscamente y observé su rostro infecto, inyectado con una maldad sobrenatural. Me miraba fijamente, se reía. Caí al suelo de la impresión, como un fardo.
En la clínica me informaron de un súbito desvanecimiento atribuido a una bajada de tensión.
Han pasado tres meses. Yo siempre amé a mi madre. Era el paradigma de la bondad.
Es en una tarde espléndida, calurosa y radiante de luz. En el jardín de mi casa campestre aparece bruscamente tras el tronco de un árbol. Su cara es odiosa, su mirada inexplicable, más allá del mal. No sonríe.
Soy incapaz de expresar lo horrible de la imagen. Sus ojos me transmiten una sensación de perdición, desesperanza, aniquilamiento total. Me informan que voy a morir y su perversidad estará eternamente, sí, eternamente destruyéndome sin final. Para siempre, sin escape…
Logro relatar todo esto en la grabadora de mi IPod. Se me nubla la vista. No puedo narrar el horror que contemplo…
Aquella tarde, fusionada con el gentío en plena Gran Vía madrileña, ella avanzaba de espaldas, entre la gente. Estatura infantil, con un extraño camisón blanco. De improviso giró bruscamente y observé su rostro infecto, inyectado con una maldad sobrenatural. Me miraba fijamente, se reía. Caí al suelo de la impresión, como un fardo.
En la clínica me informaron de un súbito desvanecimiento atribuido a una bajada de tensión.
Han pasado tres meses. Yo siempre amé a mi madre. Era el paradigma de la bondad.
Es en una tarde espléndida, calurosa y radiante de luz. En el jardín de mi casa campestre aparece bruscamente tras el tronco de un árbol. Su cara es odiosa, su mirada inexplicable, más allá del mal. No sonríe.
Soy incapaz de expresar lo horrible de la imagen. Sus ojos me transmiten una sensación de perdición, desesperanza, aniquilamiento total. Me informan que voy a morir y su perversidad estará eternamente, sí, eternamente destruyéndome sin final. Para siempre, sin escape…
Logro relatar todo esto en la grabadora de mi IPod. Se me nubla la vista. No puedo narrar el horror que contemplo…
La exposición arriesgada
El museo anunció la próxima apertura de una exposición arriesgada. Traiga sus propios monstruos, rezaban las invitaciones que recibieron en sus buzones los habitantes de la ciudad. Al principio venció el desconcierto, la reserva y el escepticismo. Pero a medida que el día del estreno se aproximaba, fueron llegando, con cuentagotas, los hijos de los pederastas, las mujeres maltratadas, los hermanos de los caníbales, las madres de los parricidas.
Uno a uno, tocaron con sus nudillos fríos la puerta trasera del museo, susurrando con voz queda y trémula, para deshacerse de sus monstruos y sus martirios.
Tal fue el éxito de la iniciativa, que al abrir sus puertas (el museo) a tan descabellada exposición, la ciudad entera suspiró y por fin pudo dormir tranquila.
Mas el alivio duró poco. Tras el primer día, los habitantes de la ciudad, tuvieron que lidiar con la más terrible de las pesadillas, que les acosaba todas las noches, cuando el silencio, por fin, dominaba las calles.
Pues Morfeo había decidido acosarles con el sueño de un museo que cerraba sus puertas a una exposición arriesgada, viéndose en la tesitura de regresar a sus dueños todo el material cedido para la misma.
Uno a uno, tocaron con sus nudillos fríos la puerta trasera del museo, susurrando con voz queda y trémula, para deshacerse de sus monstruos y sus martirios.
Tal fue el éxito de la iniciativa, que al abrir sus puertas (el museo) a tan descabellada exposición, la ciudad entera suspiró y por fin pudo dormir tranquila.
Mas el alivio duró poco. Tras el primer día, los habitantes de la ciudad, tuvieron que lidiar con la más terrible de las pesadillas, que les acosaba todas las noches, cuando el silencio, por fin, dominaba las calles.
Pues Morfeo había decidido acosarles con el sueño de un museo que cerraba sus puertas a una exposición arriesgada, viéndose en la tesitura de regresar a sus dueños todo el material cedido para la misma.
¿Qué es Miedo?
Pensé que, tras pasar interminables años recorriendo estos pasillos, sabía todo lo que hay que saber de mi oficio. Me equivoqué. Creí que no existía ni un solo rincón que no hubiera explorado una y mil veces; que no habría nada que escapase a mi control. Y por ello, me sentía amo y señor de todo lo que hubiese entre estas paredes. De hecho, la oscuridad era mía, la perpetua soledad… incluso el aire viciado y la humedad de catacumba eran mías también. El frío era frío no porque se filtrara por la grieta, sino aquello que dejaba la gélida estela de mis pasos. Y es que los fantasmas somos de condición huraña, y terriblemente celosos de nuestra causa y secreto encierro. Pero ahora, siento que estos sótanos de silencio ya no me pertenecen del todo. Un silencio sólo roto por el sempiterno repiqueteo del agua que se escurre… pero que ahora, cada cierto tiempo, me regresa el eco de otros pasos furtivos. Quién es, de dónde, y cómo vino, no puedo saberlo ni comprenderlo. Porque lo creo imposible. Y aunque no pueda ser, me hace sentir cosas que obviamente ya había olvidado. ¿Acaso esto es miedo?
miércoles, 8 de agosto de 2018
El disfraz perfecto
– ¡Con diez cañones por banda…!
– ¡Ponte el disfraz de una vez, que vamos a llegar tarde!
– Ya casi estoy, mira. Sólo me falta el parche.
El niño se marchó a su cuarto. Se miró con atención en el espejo, se puso el parche, y comenzó a sentirse incómodo, de manera que terminó por quitárselo. Se miró el ojo derecho con detalle, primero lejos del espejo y luego tan cerca que no lo distinguía. Notó que le faltaba algo importante. Sonaron sus pasos apresurados por la tarima.
Acercó la mano al bote del escritorio: unas tijeras, un punzón, una grapadora, lápices de puntas afiladas… Su madre gritó:
– ¿Quieres darte prisa de una vez?
Eligió el punzón apresuradamente y lo clavó con tanta fuerza y decisión como le fue posible. Un grito ahogado. Silencio. La mujer subió y lo encontró sentado frente al espejo, con el punzón en la mano y el parche en el ojo. Había sangre por todo el escritorio.
– ¡Dios santo! ¿Pero qué has hecho?
– El loro no se quedaba quieto en mi hombro.
– ¡Ponte el disfraz de una vez, que vamos a llegar tarde!
– Ya casi estoy, mira. Sólo me falta el parche.
El niño se marchó a su cuarto. Se miró con atención en el espejo, se puso el parche, y comenzó a sentirse incómodo, de manera que terminó por quitárselo. Se miró el ojo derecho con detalle, primero lejos del espejo y luego tan cerca que no lo distinguía. Notó que le faltaba algo importante. Sonaron sus pasos apresurados por la tarima.
Acercó la mano al bote del escritorio: unas tijeras, un punzón, una grapadora, lápices de puntas afiladas… Su madre gritó:
– ¿Quieres darte prisa de una vez?
Eligió el punzón apresuradamente y lo clavó con tanta fuerza y decisión como le fue posible. Un grito ahogado. Silencio. La mujer subió y lo encontró sentado frente al espejo, con el punzón en la mano y el parche en el ojo. Había sangre por todo el escritorio.
– ¡Dios santo! ¿Pero qué has hecho?
– El loro no se quedaba quieto en mi hombro.
Desconcierto
Daniel Martínez tiene cuarenta años y un bote de nocilla. Por las mañanas la desayuna mientras observa a los gorriones cruzar el cielo.
Gorriones al revés.
A las 18:00 la oscuridad se enciende en las bombillas del apartamento. Hace otoño, hay invierno. Unas hormigas se cuelan por su pantalón (es lunes) y le hacen cosquillas en los tobillos (estudio del dominutivo). Entonces, empieza.
Golpes a las paredes, a los relojes, estallan las copas. Quieto, estate quieto. Ahí, a cientos de años luz del lado del espejo, las cosas toman su propia forma a partir de las 18:00. Hasta la mañana siguiente. Hay peces que nadan en la alfombra. Una risa. Oscuridad. Daniel Martínez cierra los ojos a esas horas interminables que rozan sus párpados. Algo le ha tocado el pie. Un mordisco, un grito, un silencio. Una sartén cae en la cocina. Unos pasos. Unos peces. Angustia de no encontrar… ¿dónde está el interruptor?
Oye cómo alguien se sirve su vino, se abren grifos, resbalan uñas por la pared. No ve nada. Desconsolado, espera a la mañana siguiente. Voces, platos rotos.
En el lado izquierdo del espejo, D. M apaga las luces a las 18:00, y se va a trabajar.
Gorriones al revés.
A las 18:00 la oscuridad se enciende en las bombillas del apartamento. Hace otoño, hay invierno. Unas hormigas se cuelan por su pantalón (es lunes) y le hacen cosquillas en los tobillos (estudio del dominutivo). Entonces, empieza.
Golpes a las paredes, a los relojes, estallan las copas. Quieto, estate quieto. Ahí, a cientos de años luz del lado del espejo, las cosas toman su propia forma a partir de las 18:00. Hasta la mañana siguiente. Hay peces que nadan en la alfombra. Una risa. Oscuridad. Daniel Martínez cierra los ojos a esas horas interminables que rozan sus párpados. Algo le ha tocado el pie. Un mordisco, un grito, un silencio. Una sartén cae en la cocina. Unos pasos. Unos peces. Angustia de no encontrar… ¿dónde está el interruptor?
Oye cómo alguien se sirve su vino, se abren grifos, resbalan uñas por la pared. No ve nada. Desconsolado, espera a la mañana siguiente. Voces, platos rotos.
En el lado izquierdo del espejo, D. M apaga las luces a las 18:00, y se va a trabajar.
La crisálida
Una negligencia de Lara propició la muerte de su hijo. Se deshizo de todo lo que se lo recordara menos, sin saber por qué, del compañero de juegos de Mario, un gato pardo de ojos casi humanos que nunca se separaba de él. Así pasó el tiempo, Lara recobró la cotidianidad de su vida y apenas se fijaba en las idas y venidas del felino que, por otra parte, la observaba desde las sombras.
Lara tejía cada tarde. Dicha labor la evadía de dolorosos recuerdos. El animal, siempre al acecho, siempre vigilante, observaba fascinado los gruesos ovillos de colores; luego la miraba a ella con sus ojos casi humanos. Esa tarde hacía calor, Lara dejó la labor y se abandonó al sueño.
Cuando el marido entró en el domicilio receló del silencio reinante y, cuando se asomó a la habitación, quedó paralizado de terror: una gigantesca crisálida de colores presidía la estancia…
El gato desde un rincón contempla la escena satisfecho, con sus ojos casi humanos…
Lara tejía cada tarde. Dicha labor la evadía de dolorosos recuerdos. El animal, siempre al acecho, siempre vigilante, observaba fascinado los gruesos ovillos de colores; luego la miraba a ella con sus ojos casi humanos. Esa tarde hacía calor, Lara dejó la labor y se abandonó al sueño.
Cuando el marido entró en el domicilio receló del silencio reinante y, cuando se asomó a la habitación, quedó paralizado de terror: una gigantesca crisálida de colores presidía la estancia…
El gato desde un rincón contempla la escena satisfecho, con sus ojos casi humanos…
Ya ha llegado Matilda
¡Ah, el timbre! ¡Ya ha llegado! ¡Es ella! ¡Matilda! ¡Qué guapa estás! Yo diría que ese vestido rojo te sienta maravillosamente. ¿Te has hecho algo en el pelo? Sí, estás guapísima, como siempre. Me gusta ese perfume nuevo. ¿No traes maleta? Bueno, no importa. Siéntate, siéntate… ¿Quieres un té? Ah, claro, con leche. Y dos terrones de azúcar, ya lo sé… Es maravilloso tenerte de nuevo en casa, Matilda. No sé qué haría sin ti. Esta semana que has estado fuera me he sentido perdido y triste, y apenas he comido nada. Créeme: cuando te llamo “mi vida”, no exagero ni una pizca. ¿Quieres darte un baño? Ah, buena idea. Ahora te llevo toallas limpias. Hay sales perfumadas en la estantería, Matilda. ¿Las ves? Aquí te dejo las toallas… No te quedes dormida en la bañera, que te conozco. Mientras, voy a preparar algo de cena… Oh, vaya, el teléfono. ¿Sí? Dígame. […] Oh, debe de haberse equivocado, señor. Debe de tratarse de una lamentable confusión. Con toda seguridad no se trata de mi esposa, señor, porque en estos momentos está aquí en casa, dándose un baño… Es un error, señor. Buenas noches. Matilda, acaban de llamar del tanatorio… ¡Qué confusión tan desagradable…! Decían que estabas… ¿Puedo entrar, Matilda? Matilda. Matilda. ¿Estás ahí, Matilda…?
martes, 7 de agosto de 2018
Su San Valentín final
«14 de febrero. Hacía un año desde que la dejó.
'No sabes estar sola', le dijo aquella última noche.
Y algo de razón tenía. Pero eso se había acabado.
Sonrió.
Su cita esperaba.
Tenía el plan perfecto y la mejor compañía, ella misma.»
'No sabes estar sola', le dijo aquella última noche.
Y algo de razón tenía. Pero eso se había acabado.
Sonrió.
Su cita esperaba.
Tenía el plan perfecto y la mejor compañía, ella misma.»
Distorsión
«Y que llegue alguien y lo agote todo. Con unos ojos mucho más bonitos, una sonrisa más franca. Que su voz sea tan potente que termine por enterrar tu risa. Que sus manos encajen tan bien…que no recuerde las tuyas.»
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