Fui
al videoclub y como cada día la dependienta y yo cruzamos miradas y sonrisas,
sin dirigirnos la palabra, aunque yo cada noche tenía el sueño de besarla. Me
senté ante la mesa de un bar, había un diario personal, lo abrí y había una
foto ella, hablaba de mí y decía esperar a que yo diera el primer paso. Hacía
un momento que había estado sentada en el mismo lugar que yo me encontraba
ahora. Pude ver como cruzaba la calle y era atropellada por un coche y su
cuerpo quedo sin vida. Salí del bar y bese sus fríos labios. Era el beso que no
me había atrevido a darle en vida por miedo al rechazo.
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