viernes, 24 de agosto de 2018

El inquilino


Un desafortunado imprevisto le había dejado estancada en aquella pensión. Un hombre cuidaba de ella todos los días. Tenía un desagradable sentido de la compañía; estaba, sí, pero casi siempre se quedaba dormido. Él no quería cobrar por aquel servicio y ella desde hacía un tiempo había dejado de insistirle. Había conocido aquella casa repleta de objetos, adornos, cuadros y muebles que aquel inquilino se estaba encargando de hacer desaparecer posiblemente cobrando algún dinero a sus espaldas. Sólo le quedaba un viejo pero cómodo sofá. Aquella rutina terminó por pesar, al igual que el poso se acumula en el fondo del vaso, y se propuso no volver a hablar con él mientras siguiera con vida.

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