miércoles, 25 de diciembre de 2019

Una Nochevieja (parte 2)

Hacía tiempo que Mónica no recordaba aquellas funciones de teatro. Sigue pensando en ellas, en los buenos tiempos de la universidad, mientras recoge más mesas y se abstrae del bullicio del local. Pensará en ello hasta las ocho, la hora de salida. No hay melancolía ni tristeza en esos pensamientos. Ya no. Los dos llegarán a casa más o menos a la misma hora. Mónica se compró hace unos días un vestido de terciopelo negro y tirantes finos, en una tienda cerca del trabajo que había adelantado las rebajas a principios de las navidades. No le dijo nada a Adrián. Será una sorpresa. Hace tiempo que no se pone otra cosa que vaqueros y el uniforme del trabajo. A Adrián le gustan esos vestidos que dejan los hombros al descubierto. Su hermana mayor le prestó unas sandalias que se compró recientemente para la boda de su mejor amiga. Las dos utilizan el mismo número. También hace mucho que no se pone tacones. Tendrá que ensayar un rato en casa antes de salir. Cuando se los pone es un poco más alta que Adrián. Los dos hacen bromas sobre ello. Deberá pararle los pies a Adrián porque las bromas y los tacones siempre terminan excitándolo, y van con el tiempo bastante justo. Al día siguiente, piensa, después de la fiesta. Qué mejor manera de empezar el año que metidos todo el día en la cama.
Mónica está tratando de quitar un pegote de kétchup y otro de mostaza que se han quedado resecos en una de las mesas, cuando alguien pasa por su lado y le dice Feliz Año Nuevo. Ahora sí ha reconocido esas palabras. Y la voz ronca que las ha pronunciado. Es la de Adrián. Mónica se da la vuelta y le mira con cara de sorpresa. Son casi las ocho, dice él, señalando el reloj de su muñeca. He salido un poco antes de lo esperado. Está guapo y a ella le apetece mucho besarle, pero sabe que el encargado, al que no se le escapa una, la está mirando y se contiene. Feliz Año Nuevo, cariño, susurra.

Una Nochevieja (parte 1)

Mónica siempre quiso ser actriz. Ahora, mientras tira a un cubo de basura los restos de comida que la gente no ha tenido la decencia de llevar a su lugar correspondiente y de limpiar las mesas con una bayeta húmeda, le han venido a la cabeza aquellas representaciones que, tanto ella como Adrián, hacían en la universidad. Textos clásicos y teatro del absurdo. Él, además de actuar, dirigía la mayor parte de aquellas obras. Se conocieron allí, estudiando Filología, y desde entonces están juntos. Los dos terminaron la carrera con buenas notas. Ella trabaja en ese local de comida rápida seis días a la semana. Él, en una pescadería de la zona antigua de la ciudad. Los dos acaban de cumplir cuarenta años. No tienen hijos. Esa cuestión quedó zanjada, de mutuo acuerdo, hace tiempo. Se habló de la posibilidad de adoptar y luego ya no se volvió a hablar del asunto. Viven con un gato blanco y otro negro que recogieron en un callejón cercano a su casa una noche de frío y lluvia, hace ya ocho años. Los llamaron Didi y Gogo.
Niños chillones, madres alborotadas, padres que no sueltan los móviles ni bajan el tono de voz, abuelas con unas ganas infinitas de que termine todo este periodo navideño para regresar a sus vidas cotidianas. Ése es el ambiente del local hoy, el último día del año. Como todos estos días desde mediados de diciembre, en realidad. Mónica lleva el pelo, rubio y tirante, recogido detrás de ese ridículo gorrito que forma parte del uniforme. Ni siquiera ese trapo en la cabeza consigue que dejes de parecerte a Nastassja Kinski, la consuela Adrián. Es cierto, con gorro o sin él, Mónica siempre se ha dado un aire muy grande a la hija del endiablado Klaus. Tiene cara de cansancio. A veces, alguien le dice no sé qué y ella sonríe con una mueca mecánica, como si ni siquiera hubiese escuchado lo que le decían. Tal vez le digan Feliz Año Nuevo. Sí, seguramente. Pero su cabeza está en otro sitio. En la cena de esta noche. Después de mucho tiempo sin salir a cenar, pasarán la última noche del año en un local que han inaugurado recientemente y del que Adrián, a través de un compañero de trabajo, tiene muy buenas referencias. Cena, uvas, copas, jazz y luego música de baile hasta la madrugada. Es el regalo de estas navidades. Así lo decidieron cuando oyeron hablar de aquel local. Los dos lo necesitan. Salir de casa, cenar, tomar unas copas, escuchar jazz, bailar, divertirse. Olvidar la rutina. Ya no se quejan de sus trabajos ni de la mala suerte. Se aferran a ellos porque es el único medio que tienen para pagar el alquiler y demás facturas. De sobrevivir. Eso es todo.

CONTINUARÁ....

La nochevieja de Hope (parte 2)

– Si, ya… Pero mírame, ya estoy aquí un año y estoy a punto de comenzar otro sin que nadie me lleve a su casa. Faltan dos días para terminar el año y nadie nos quiere en su casa.
No había forma de animar a la pequeña tortuga, que cada día se sentía más segura de que terminarían sus días en aquella tienda de animales.
De pronto, el 31 de diciembre y, a punto de cerrar la tienda, llegó un padre muy apurado. Buscando un animalito para su hija, esa misma noche era su cumpleaños y, para demostrar que podía ser responsable, les había pedido tener una pequeña mascota a la que poder cuidar y querer como a uno más de la familia.
Muchas fueron las mascotas que le enseñaron los dependientes de la tienda, pero por un motivo u otro, no terminaban de gustarle para su niña.
De pronto, miró al acuario y vio a dos pequeñas tortugas. Una estaba cabizbaja, como si estuviese triste a pesar de su precioso e intenso color y la otra daba la sensación de querer consolarla por lo cerca que estaba de la pequeña tortuga verde.
El padre, no se lo pensó dos veces y decidió llevarse a las dos. No sabía porque, había visto en ellas sentimientos como los de un humano y le daba pena separarlas. Además, tampoco supondría mucho más espacio y su hija se pondría aun más contenta, al ver que tendría dos mascotas a las que cuidar y no solo una.
Muy contento,  las llevó a casa con un lazo en lo alto de una de las palmeras y cuando la niña hubo soplado las velas, instantes antes de que sonarán las campanadas que daban comienzo al nuevo año, sus padres la sorprendieron con el pequeño acuario y sus dos nuevas mascotas.
La niña no se lo podía creer, al fin podría demostrar que podría cuidar no solo a una mascota, sino a dos.
Dos pequeñas tortugas que, desde el acuario la miraban con sus pequeños ojitos con curiosidad.
-¿Cómo les llamaras, cariño?- le preguntó su madre.
La pequeña se quedó pensando en un nombre que tuviera un gran significado, tanto para ella como para sus nuevas amigas. Recordó lo que hasta vacaciones habían estudiado en sus clases de inglés y respondió con una sonrisa.
-Mamá, ya sé que nombre ponerles. La que tiene el color verde más intenso se llamará Hope, esperanza, porque siempre me habéis dicho que el color verde es el color de la esperanza y la tortuga con los coloretes se llamará Faith, porque nunca he perdido la fe de tener una mascota a la que cuidar.
Por fin, la pequeña tortuga verde tenía un nuevo hogar. Su compañera tenía razón, su intenso color le regaló una oportunidad de tener una nueva familia y un nuevo nombre. El año que estaba a punto de comenzar le brindaba la esperanza de ser feliz junto a su pequeña dueña y su gran amiga.
Hope, por fin era feliz.

La nochevieja de Hope (parte 1)

En una tienda de animales de una ciudad como la tuya, vivía en un acuario con una pequeña isla y  palmeras de hojas verdes de plástico, una pequeña tortuga.
La tortuga estaba muy triste, pues ya hacía casi un año que vivía allí y nadie la adoptaba como a sus compañeras de acuario. Cada vez que alguna persona que se acercaba a verlas, la pequeña creía que esa vez seria la definitiva, que algún niño se la llevaría a su casa para ser su amigo y, así sentirse especial. Pero eso no ocurría y, pasados varios meses, el animalito iba perdiendo la esperanza de encontrar a ese amigo que le hiciese sentir como una tortuga única.
Triste, en su acuario, pensaba que era lo que impedía ser adoptada y que fueran sus compañeras las elegidas.  Tal vez era su color, un verde intenso que la diferenciaba de todas las demás que presumían de tener en su caparazón y su piel varias rayas amarillas y unos pequeños coloretes rojos.
-No te preocupes – le decía otra de las tortugas que convivía con ella. – Un día, será ese color intenso el que haga que encuentres un nuevo hogar y que seas muy feliz. Ya lo verás.
CONTINUARÁ....

El año que se hizo viejo

Con el tiempo sumergido
en el tráfago diario,
el año se nos ha ido
en el viejo calendario.

Cuando apenas empezaba,
parecía interminable
¡y ya, tras las campanadas,
procedemos a enterrarle!.

Está llamando a la puerta
el año recién nacido
y con pereza despierta
después de cumplir los ritos:

con las campanas las uvas
y también los parabienes,
los deseos de fortuna,
los cavas y las mercedes.

Con los propósitos nuevos
pensamos cuidarlo bien,
para que fluya sereno
y no corra como exprés.

A ver si somos capaces
de sujetar bien las riendas
y quitarnos los disfraces,
los odios y las miserias.

Pero, si tras doce meses
igual se quiere marchar,
por lo menos que nos deje
más paz y prosperidad.

Otra Nochevieja más

Ya ha llegado el treinta y uno
por fin se ha terminado el año,
esperemos que el que llega
no nos haga tanto daño.

Recibamos el que viene
con una renacida esperanza,
de que las situaciones mejoren
sin tardanza, para volver a ser
otra vez, esa punta de la lanza.

Empujemos todos juntos
hacia una dirección y
dejemos al que sabe
cual es la mejor solución,
que bastante ya tenemos
con que arreglen lo que otro
como herencia nos dejo.

Recordemos con cariño
aquellos que nos dejaron
sin ninguna explicación,
y a los tantos que se fueron
apagando porque su tiempo
sin esperarlo llego.

Vivamos con armonía junto
a la sabia Naturaleza,
que es la única que sabe
sobre poemas y belleza,
y si dudas aún tenemos,
miremos el sol como,
cuando anochece se acuesta.

Pensemos que cada año entierra
todos los proyectos no cumplidos,
junto a promesas que dimos
y al final deshicimos,
o por causas que nunca sabremos
porque jamás conocimos.

La realidad es que al final cuando
nos toque nuestro año despedir,
con lo mismo que llegamos es
con lo que nos tocara partir.

martes, 17 de diciembre de 2019

El milagro de la Navidad

La Navidad es una época llena de milagros y si no me crees escucha esta historia. Todo empezó con un profesor que decidió asignarles una tarea diferente a sus estudiantes en la víspera de Navidad. Al terminar la clase les dijo: – “Es tiempo de compartir nuestro corazón, así que lleven a tantos niños como puedan la alegría de esta Navidad”.
Fue así como un grupo de muchachos se animaron a cumplir con la asignación del profesor y salieron a comprar algunos regalos, que envolvieron y colocaron dentro de un saco. En Nochebuena decidieron que el mejor lugar para repartirlos era el hospital más cercano, donde seguro habían niños anhelando recibir los regalos de Santa.
Disfrazados de Santa Claus y cantando villancicos se aparecieron por sorpresa en el hospital, donde creían que a lo sumo encontrarían una docena de niños. Pero la realidad era que habían muchos más niños aquella noche internados, alrededor de una treintena. Los niños miraban expectante y con júbilo, esperando a ver qué sorpresas les traían estos Santas.
Los muchachos quedaron desconcertados, sabían que los juguetes que habían comprado no eran suficientes para tantos niños, pero tampoco podían romper sus corazones. Finalmente intentando no decepcionarlos, comenzaron a repartir los juguetes que traían a los más pequeñines, y acordaron que cuando se terminaran le explicarían lo sucedido a los más grandes.
Pero cuál fue la sorpresa al notar que cada vez que buscaban dentro del saco un regalo más, lo encontraban. Cada niño recibió su juguete y los muchachos apenas podían creer lo que había sucedido aquella noche. Sin poderle dar otra explicación a aquel problema que matemáticamente no tenía solución, decidieron pensar que se trataba de un milagro de la Navidad.
¿Qué te ha parecido esta historia, increíble verdad? Pues más increíble te parecerá saber que tú también tienes tu propio saco y este nunca se vacía. Está muy dentro de ti, llenito de alegría, amor y cosas que ofrecer. No esperes más y abre ese saco que es tu corazoncito y compártelo con todos los que te rodean en esta Navidad.

El mejor regalo de Santa (parte 2)

Viendo que el niño seguía esperando el resto de la explicación, Santa continuó diciendo. – “A esos niños que no son felices les doy el mejor regalo que tengo para dar. En mi saco también cargo amor, oraciones y esperanza, por lo que rezo junto a sus camas para que reciban el próximo año la alegría del espíritu de la Navidad”.
El niño comprendió entonces que Santa repartía diferentes tipos de regalos y decidió que él también podía ayudar a su amigo, por lo que exclamó. – “Pues yo también voy a ayudar a mi amigo compartiendo mi alegría y amistad con él”. – A lo que Santa le contestó con una sonrisa tierna y desapareció.

El mejor regalo de Santa (parte 1)

Este era un niño que vivía muy feliz y cada año recibía los mejores regalos de Santa. Sin embargo tenía un amigo que nunca tenía una sonrisa en su cara, siempre andaba callado y pensativo. En una ocasión le preguntó qué juguetes le había traído Santa en Navidad, pensando que así se animaría, y cuando vio la tristeza en su rostro supo la respuesta.
– “¿Cómo podría ser?”, – se preguntó el niño que no entendía por qué Santa se había olvidado de su amigo. Así fue como al año siguiente se propuso esperar a Santa y preguntarle si no tenía suficientes regalos para todos los niños.
Puntual con las campanadas de las doce, el niño sintió los cascos de los renos patear sobre el tejado de su habitación. Se lanzó a correr y justo a tiempo para encontrar a Santa saliendo de entre cenizas y troncos.
El niño que estaba fuertemente decidido a confrontar a Santa le preguntó. – “Santa, ¿acaso no tienes suficientes regalos en tu saco para todos los niños? Mi amigo el año pasado no recibió nada, así que este año yo le cedo mis juguetes”.
El viejecillo miró consternado al niño y le dijo. – “Querido eres un niño muy dulce y bueno, es por eso que cada Nochebuena esta es una de las primeras chimeneas que visito. Lo cierto es que mi saco es mágico, dentro de él guardo millones de juguetes para todos los niños del mundo. Pero a pesar de que visito a cada niño y niña, no siempre puedo dejarles juguetes. En algunos hogares encuentro sufrimiento y tristeza, por lo que mis juguetes no son suficientes para cambiar eso”.
CONTINUARÁ...

When Santa Claus Comes

A good time is coming, I wish it were here,
The very best time in the whole of the year;
I'm counting each day on my fingers and thumbs
the weeks that must pass before Santa Claus comes.

The Christmas Story

Once upon a time, 
A long, long time ago.
Begins the story of a baby,
That most of you should know. 
His daddy's name was Joseph,
And Mary was His mom,
This babe was very special 
He was God's only Son. 

jueves, 12 de diciembre de 2019

La profecía que iba a hacerme rico

Hace muchísimos años Orimón, un pícaro y rico comerciante, descubrió extraños signos en el cielo. Uno de sus sirvientes le informó de que seguramente se trataba de la profecía de los judíos, que anunciaba el nacimiento de su nuevo rey. Así que, pensando que el evento atraería a las personas más ricas e importantes, preparó una enorme caravana con todas sus mercancías y se dirigió al lugar designado por la profecía.
Como esperaba, fue el primero en llegar, y reservó todas las habitaciones de la posada para él mismo y sus sirvientes. Luego instaló un magnífico mercado y esperó a los poderosos clientes que le harían aún más rico.
Pero por allí no apareció nadie en días. Solo una noche se acercó un hombre buscando sitio en la posada para él y su familia; tenía un aspecto tan pobre que Orimón pensó que su presencia ahuyentaría a gente importante, así que se las arregló para que lo echaran del pueblo sobornando al posadero para que lo enviara a un establo abandonado que estaba bastante lejos.
La noche siguiente oyó cantar y vio luces a las afueras. Seguro de que sería alguien importante, preparó un carro con sus más ricos productos y fue a su encuentro. Pero llenó tanto el carro que, para cuando llegaron, ya solo quedaban unos pocos pastores; la fiesta debió ser magnífica, porque hasta los pastores estaban borrachos, y hablaban de ángeles, de coros celestiales y de seguir celebrándolo cerca de allí… Aunque le insistieron para que fuese con ellos, él solo pensaba en vender sus mercancías, y marchó rápidamente para buscar al señor que había celebrado tan lujosa fiesta. Pero, tras pasar toda la noche buscando, regresó sin encontrarlo.
Días después, viendo que su plan no había funcionado, decidió irse. Mientras hacía los preparativos, reconoció a aquel pobre hombre al que había enviado al establo. Llegaba con su mujer y su hijo, y se acercó a la posada, pidiendo hablar con el rico comerciante que la ocupaba. Pero Orimón, avergonzado por lo que había hecho, mandó decir que no estaba y, tras insistir un rato, el hombre desapareció con su familia.

Y así volvió Orimón a su hogar, renegando de aquella estúpida profecía, sin saber que su obsesión por el dinero y la grandeza le había hecho rechazar con insistencia, nada menos que tres veces, la invitación a participar en aquella primera Navidad que cambió el mundo. Como muchos seguimos haciendo cada año, tan preocupados por regalos y banquetes que somos incapaces de ver la verdadera Navidad que pasa constantemente a nuestro lado.

Regalo por Navidad

Amigos os regalo este soneto
que os habla de mi afecto y mi amistad,
es mi deseo que esta navidad
el corazón de amor esté repleto.


Un buen menú, para ello yo os receto,
de ingredientes: cariño y hermandad,
regado con un chorro de bondad
y lograreis el plato más completo.
Como postre turrones y alegría,
Villancicos, canciones, chirigotas,
dulces de mazapán y peladillas.
Con ello acabaremos este día
bailando las bachatas y las jotas
al compás del tambor y campanillas.
Después unas coplillas
y al adorar al niño ya nacido
tú cantarás Hosanna agradecido.

Mi árbol de Navidad

Quiero pedirte señor,
como regalo de navidad.
Un árbol grande muy grande.
Donde en el pueda instala,
el nombre de los amigos
Que me aprecian de verdad.
Y un lugar bien re bonito,
para aquellos amigos,
que no gane su amistad.
Y en el mismo centro,
muy cerca del portal.
Pondré para todos
mis seres queridos.
Que junto a mí ya no están,
una estrella muy enorme.
Que deslumbre, más que brillar
Y algún Ángel chiquitito,
para adornar el portal.
Ya tengo la pandereta,
el zurrón y el coro para cantar.
Una alegría muy dentro,
que tengo que hacer brotar.
Te pido que en esta año,
que sola no llegue a estar.
Que en mi corazón traigo
El recuerdo del amar.
De aquellos padres queridos,
que a mi lado ya no están.
Ni los dulces de la abuela,
ni de la tía el mazapán.
Puede que la vecina,
mi traiga algún regalo,
Para decirme a su forma.
Que por mi ella esta penando
Y en la noche de noche buena
Con ese árbol enorme
En la misma misa del gallo
Mirare las estrellas,
que brillan desde lo alto.
Para que ni niño se asome.
Y puede sentirse dichoso
Al cantar de nuestras voces.
Bien se que muy bajito
estará tatareando.
Un hermoso villancico,
mientras nos va recordando.
Por eso mi buen Jesús
Te pido en la navidad.
Un árbol grande, muy grande..
Para poner junto al portal…

Mis mejores deseos para ti en Navidad

Qué la luz esté siempre contigo,
que los caminos claros no se vean oscurecidos,
que la senda de tu vida tenga iluminados tus motivos,
para que sigas siendo un ser especial y bendecido.
Que nunca tengas sombras ni te sientas en soledad,
que las tinieblas caminen del lado de la tempestad,
que nunca las lleves en tu destino ocultando la verdad,
que la claridad esté presente por toda la eternidad.
Que en estas fechas estés rodeado de paz,
que sigas siendo un ser hermoso y especial,
que nunca observes el llanto de los demás,
que siempre encuentres el mejor despertar.
Y que no te olvides de tu amiga que ha venido
a dejarte un pequeño presente para tu nido,
que tengas amigos como nunca has tenido,
y que sepas querid@ amig@, que cuentas conmigo.

Llego Navidad

Retumba el campanario
suenan las campanas
cantan alabanzas
ha llegado navidad
sueño de alegría y paz
de blanco los jardines
oropeles y festines
luces centellante
en todos los portales
De canticos los niños
villancicos por el rumbo
alegría brindan juntos
al público reunido.
En lo alto, en el cielo
brilla el lucero
anunciando la llegada
de niño renacido
del niño bendecido
Oraciones en su honor
cantos añoranzas
navidad bella esperanza
uniendo nuestras almas.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Los tres reyes magos

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos

Navidad

Para dibujar la Navidad,
lo haría con colores...
la pintaría con mis ojos,
de ilusiones y sueños...
buscando en el cielo,
el lucero más bello...
que me acercara a ti.
Dibujaría...
....¡ Un arco iris de Amor !

Instante Navideño

Mi Navidad no necesita árbol ni frío,
solo el calor de mis seres queridos,
a los que aprecio todo el año,
pero disfruto un instante y llenan mi vacío.

Nochebuena

Al callar la orquesta, pasean veladas
sombras femeninas bajo los ramajes,
por cuya hojarasca se filtran heladas
quimeras de luna, pálidos celajes.

Hay labios que lloran arias olvidadas,
grandes lirios fingen los ebúrneos trajes.
Charlas y sonrisas en locas bandadas
perfuman de seda los rudos boscajes.

Espero que ría la luz de tu vuelta;
y en la epifanía de tu forma esbelta,
cantará la fiesta en oro mayor.

Balarán mis versos en tu predio entonces,
canturreando en todos sus místicos bronces
que ha nacido el niño-Jesús de tu amor.