Cuando Clara recibió la noticia aquel martes, el mundo se le vino encima. Era quince de febrero. Ese día, los médicos diagnosticaron una leucemia a su hijo de ocho años. En ese mismo instante, Alejandro fue ingresado de urgencia en la cuarta planta del hospital Materno Infantil. Asustado, Ale apenas hablaba con nadie. Los voluntarios intentaban jugar y sacar conversación a aquel niño que aún no se había acostumbrado a las incómodas sondas, pero sus esfuerzos eran en vano.
Un domingo, un nuevo voluntario de AVOI entró en la habitación. Álvaro, que así se llamaba aquel veinteañero, intentó nuevamente entablar diálogo con el pequeño paciente:
- Hola Ale; ¿quieres jugar conmigo?
- No.
- ¿Te apetece ver la televisión, quizás?
- No.
- ¿Y si te cuento un cuento?
- No.
Era imposible. Alejandro no quería nada. Cuando llegó la hora de irse, Álvaro, resignado, se despidió del chico hasta otra ocasión. Pero en un último intento, el joven voluntario dio con la tecla.
CONTINUARÁ......
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