Érase una vez un hombre llamado Relicto, el cual tenía unas
elevadas dimensiones tanto en estatura como en porte. Su deseo desde que fue un
niño fue ponerse al servicio del Rey más grande que hubiese existido en la
Tierra.
En su juventud, comenzó poniéndose al servicio del emperador
romano Gordiano, hasta que un día vio como ese rey se santiguaba ante la
mención del diablo. Por ello supo que ese rey le tenía miedo al diablo, por lo
que partió a buscar al diablo.
Un día se encontró con una banda de malhechores, y uno de
ellos se dirigió hasta Relicto:
-
¿A quién buscas forastero? -respondió.
-
Mi gran deseo es encontrar al mayor rey que haya
podido existir jamás, y me han dicho que es un tal Diablo – dijo Relicto.
-
Pues yo soy ese que buscas – dijo el malhechor.
-
Pues a ti y solo a ti te serviré – dijo Relicto.
Tras esto, Relicto comenzó a servir a esta persona, hasta
que un día observó como el rey, el cual él creía que era el más poderoso, se
apartaba de una cruz:
-
¿Por qué te apartas? – preguntó Relicto extrañado.
-
Tengo miedo de Jesús- dijo temeroso el
malhechor.
-
¿Por qué? Si tú eres el mayor rey habido en la
faz de este mundo – afirmó Relicto.
-
Te mentí, no soy el Diablo, todo lo hicimos para
burlarnos de ti – dijo apenado el malhechor.
CONTINUARÁ...
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