sábado, 20 de abril de 2019

La esmeralda encantada (parte 10)

El chico derramó una lágrima esperando una buena reprimenda de sus amigos pero  ¡por supuesto que los gnomos no se enfadaron! Todo lo contrario: lo comprendieron todo y se sintieron muy orgullosos de la inmensa generosidad que su amigo humano guardaba en el corazón.
El más anciano volvió a hablar en nombre de todos.
– Te has convertido en un gran hombre y nos sentimos felices de ser tus amigos. Has pensado en los demás antes que en ti mismo y eso te honra.
Igual que aquel lejano día de primavera, metió la mano derecha en el bolsillo trasero de su pantalón rojo.
– Ten, este pañuelo es para ti. No tiene ningún valor y tampoco tiene poderes, pero queremos que lo luzcas en el mismo lugar donde llevabas la esmeralda, atado a tu cuello. Cada vez que lo mires te recordará lo importante que es seguir siendo bueno y generoso el resto de tu vida.
El joven se puso el pañuelo, sonrió,  y abrazó uno a uno a sus maravillosos e inseparables amigos secretos.
FIN.

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