Tras esto, Relicto no contestó y dejo de servir a este
hombre para salir a buscar al que realmente fuera ese rey que tanto había
ansiado. Fue preguntando a la gente y todos le respondían que el mayor rey
habido era Cristo, por lo que marchó a una montaña para intentar encontrarlo,
donde encontró un ermitaño que le instruyo en la fe cristiana. Pero Relicto no
dejaba de preguntarse cómo podría servir a Jesús, y ahí el ermitaño le indico
que usase su estatura para servir a Dios y a los demás. Y a partir de ahí, se
dedicó a transportar a los viajeros a través de un peligroso río un día tras
otro.
Cuando Cristóbal llevaba ya un tiempo realizando este
oficio, un niño pequeño se le acercó:
-
Pequeño, ¿qué necesitas?
-
Quiero que me cruces hasta el otro lado – le
respondió el niño sin dejar de mirarle.
-
¿Qué piensa hacer un niño tan pequeño como tú en
el otro lado sin protección? – le respondió Relicto sorprendido.
-
Quiero que me cruces hasta el otro lado – le
volvió a repetir el niño.
-
De acuerdo – respondió Relicto.
Durante la travesía, el niño creció y se hizo tan pesado
como el plomo hasta tal punto que Relicto tenía numerosas dificultades para
llevarlo, y cuando alcanzó el otro lado de la orilla, este extrañado le dijo al
niño:
-
Tú me has puesto en el mayor peligro. No creo ni
que el mundo entero sea tan pesado en mis hombros como lo has sido tú.
Y el niño le respondió:
-
Tú no solo has tenido en tus hombros el peso del
mundo, sino al hombre que lo creó. Yo soy Cristo, tu rey, a quien tú has
servido en este oficio.
Tras decir esto, el niño se desvaneció y al oír esto, Relicto
se llenó de gozo, y recibió su bautismo de las manos de Babilas, patriarca de
la región de Antioquía y comenzó a servir a su señor. Después se cambió el
nombre por Cristóbal que significa “el que porta a Dios”.
Posteriormente, Cristóbal visitó Licia y fue acogido por los
cristianos, que sufrían un gran martirio a manos del rey local. Cristóbal fue
llevado ante él, y el rey, intentar ganárselo, le tentó con grandes riquezas y
dos mujeres, a las cuales Cristóbal convirtió al cristianismo.
Tras esto, el rey estalló en cólera y mando que lo mataran,
pero hubo muchos intentos fallidos, antes de que Cristóbal falleciera
decapitado.
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