lunes, 22 de abril de 2019

La leyenda de San Cristóbal (parte 2)


Tras esto, Relicto no contestó y dejo de servir a este hombre para salir a buscar al que realmente fuera ese rey que tanto había ansiado. Fue preguntando a la gente y todos le respondían que el mayor rey habido era Cristo, por lo que marchó a una montaña para intentar encontrarlo, donde encontró un ermitaño que le instruyo en la fe cristiana. Pero Relicto no dejaba de preguntarse cómo podría servir a Jesús, y ahí el ermitaño le indico que usase su estatura para servir a Dios y a los demás. Y a partir de ahí, se dedicó a transportar a los viajeros a través de un peligroso río un día tras otro.
Cuando Cristóbal llevaba ya un tiempo realizando este oficio, un niño pequeño se le acercó:
-          Pequeño, ¿qué necesitas?
-          Quiero que me cruces hasta el otro lado – le respondió el niño sin dejar de mirarle.
-          ¿Qué piensa hacer un niño tan pequeño como tú en el otro lado sin protección? – le respondió Relicto sorprendido.
-          Quiero que me cruces hasta el otro lado – le volvió a repetir el niño.
-          De acuerdo – respondió Relicto.
Durante la travesía, el niño creció y se hizo tan pesado como el plomo hasta tal punto que Relicto tenía numerosas dificultades para llevarlo, y cuando alcanzó el otro lado de la orilla, este extrañado le dijo al niño:
-          Tú me has puesto en el mayor peligro. No creo ni que el mundo entero sea tan pesado en mis hombros como lo has sido tú.
Y el niño le respondió:
-          Tú no solo has tenido en tus hombros el peso del mundo, sino al hombre que lo creó. Yo soy Cristo, tu rey, a quien tú has servido en este oficio.
Tras decir esto, el niño se desvaneció y al oír esto, Relicto se llenó de gozo, y recibió su bautismo de las manos de Babilas, patriarca de la región de Antioquía y comenzó a servir a su señor. Después se cambió el nombre por Cristóbal que significa “el que porta a Dios”.
Posteriormente, Cristóbal visitó Licia y fue acogido por los cristianos, que sufrían un gran martirio a manos del rey local. Cristóbal fue llevado ante él, y el rey, intentar ganárselo, le tentó con grandes riquezas y dos mujeres, a las cuales Cristóbal convirtió al cristianismo.
Tras esto, el rey estalló en cólera y mando que lo mataran, pero hubo muchos intentos fallidos, antes de que Cristóbal falleciera decapitado.

FIN.

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