Dicho
esto, Luis cerró los ojos y de pronto, cada persona del pueblo era distinta, ya
que, unos tenían tres ojos, otros tenían seis dedos en cada mano, otros tenían
el cabello de distintos colores, otros tenían la piel de diferente color y así,
cada uno de ellos era diferente.
Entre los
habitantes del pueblo, Luis buscó a la preciosa niña, la cual se llamaba Nerea;
y así ambos se fueron a otros lugares donde él era él y ella era ella, y nunca
nadie los volvería a juzgar por ser diferentes a los demás.
Tras su
partida, los habitantes del pueblo se dieron cuenta de lo especial que era
Luis, al haberles enseñado una importante lección. También se arrepintieron de
lo mal que le habían tratado, jurando así que no volverían a discriminar ni desplazar
a nadie por ser diferente a los demás, ya que dentro de la apariencia externa
de la persona se podría esconder una gran persona.
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