Nos acompañaba a todos
lados y tenía el tino de alejarse un poco cuando Nina se portaba especialmente
insoportable. A ella le gustaba Antonio, por supuesto, pero tardó algunos meses
en enamorarse.
—Ya me jodí para toda la
vida —me dijo, recién cumplidos los 21—, estoy locamente enamorada de
Antonio.
Fueron felices un par de
años. Nina hasta se volvió más sociable y accedía de buena gana a dar
conciertos que antes no le interesaban. Ganábamos buen dinero, hicimos giras
por algunos países y hasta tuvimos que contratar un manager. Grabamos un disco
con canciones compuestas por ella.
A los cuatro años de
estar casados, empezaron los problemas. Ella empezó a ser posesiva y celosa con
Antonio. Él aguantó un año más los caprichos de Nina y la dejó.
La respuesta de Nina fue
encerrarse en su dormitorio durante dos meses enteros sin hablar con nadie. Su hermana,
con el único fin de ayudarla, la llevó a terapia y se recuperó casi totalmente.
No volvió a ser la misma, pero volvió a ser funcional y a tocar el violín como
solía hacerlo siempre.
Componía canciones
geniales, pero la entendía poca gente porque no era música popular. Aun así,
surgían invitaciones a otros países. Y bueno, también se sabía cualquier
cantidad de canciones populares para tocar como pasatiempo.
Cuando Nina cumplió veinticinco
años su hermano enfermó gravemente de cáncer de páncreas. Le dieron un año de
vida, y Nina, para mi sorpresa no se derrumbó. Tomó el control financiero de la
familia y lo administró de tal manera que su hermano tuvo los mejores
tratamientos posibles para combatir su enfermedad. Así, logró vivir dos años
más de lo previsto. Cuando Nina vio que la muerte de su hermano era inevitable,
llegó llorando una noche a mi casa, a decirme que no podría soportar que él, su
única familia, se fuera. Quién cuidaría de ella, quién la haría volver a ser
normal cuando le dieran sus crisis.
CONTINUARÁ....
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