martes, 30 de enero de 2018

La Violinista (parte 2)

Nos acompañaba a todos lados y tenía el tino de alejarse un poco cuando Nina se portaba especialmente insoportable. A ella le gustaba Antonio, por supuesto, pero tardó algunos meses en enamorarse.
—Ya me jodí para toda la vida —me dijo, recién cumplidos los 21—, estoy locamente enamorada de Antonio.
Fueron felices un par de años. Nina hasta se volvió más sociable y accedía de buena gana a dar conciertos que antes no le interesaban. Ganábamos buen dinero, hicimos giras por algunos países y hasta tuvimos que contratar un manager. Grabamos un disco con canciones compuestas por ella.
A los cuatro años de estar casados, empezaron los problemas. Ella empezó a ser posesiva y celosa con Antonio. Él aguantó un año más los caprichos de Nina y la dejó.
La respuesta de Nina fue encerrarse en su dormitorio durante dos meses enteros sin hablar con nadie. Su hermana, con el único fin de ayudarla, la llevó a terapia y se recuperó casi totalmente. No volvió a ser la misma, pero volvió a ser funcional y a tocar el violín como solía hacerlo siempre.
Componía canciones geniales, pero la entendía poca gente porque no era música popular. Aun así, surgían invitaciones a otros países. Y bueno, también se sabía cualquier cantidad de canciones populares para tocar como pasatiempo.

Cuando Nina cumplió veinticinco años su hermano enfermó gravemente de cáncer de páncreas. Le dieron un año de vida, y Nina, para mi sorpresa no se derrumbó. Tomó el control financiero de la familia y lo administró de tal manera que su hermano tuvo los mejores tratamientos posibles para combatir su enfermedad. Así, logró vivir dos años más de lo previsto. Cuando Nina vio que la muerte de su hermano era inevitable, llegó llorando una noche a mi casa, a decirme que no podría soportar que él, su única familia, se fuera. Quién cuidaría de ella, quién la haría volver a ser normal cuando le dieran sus crisis.
CONTINUARÁ....

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