Después
se marcharon todos, dejando a Niglo solo con su bebé en su casa, porque en
aquel momento no podía soportar a nadie a su lado, ya que perdía el juicio,
arremetiendo contra todo el mundo.
Niglo
alimentaba y lavaba bien al bebé, pero en parte odiaba a aquel ser que había
ido creciendo a costa de su Vana, a la vez que lo odiaba porque gracias a ese
ser su Vana ya no estaba con él. Solía sentarse durante horas mirando
obnubilado al bebé chillón, preguntándose cómo Dios podía ser tan estúpido para
hacer morir a una esposa lozana y dar la vida a un niño tan llorón y tan
miedoso. Aunque también pensaba que lloraba porque echaba de menos el calor de
su madre, y esa idea hacia mella en Niglo, el cual se hundía más.
Una
noche en que la reluciente luna proyectaba extrañas sombras por todas partes,
Niglo se despertó de repente, y al ir a ver al bebé vio que éste no estaba en
su cuna. Así que levantando la vista, miró hacía la ventana y observó que a lo
lejos se observaba una extraña figura.
Acurrucada
junto a las ascuas avivadas por el viento, una mujer sostenía a su bebé, que
balbucía feliz. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Niglo y le hizo
estremecerse. Esta extraña mujer era Vana, la cual estaba allí sentada,
canturreando una vieja canción del país, pellizcando su pezón y poniéndoselo al
niño la boca ansiosa para poder establecer esa relación madre-hijo que nunca
hubieran conseguido tener. Poco después, el espectro volvió a colocar al niño
en su cuna y lo arropó.
Entonces,
con una larga y tierna mirada que petrificó a Niglo, se dio la vuelta y se
marchó, desvaneciéndose en la oscura arboleda de la noche. Niglo se acercó
sigilosamente al bebé y contempló su cuerpecito dormido al tiempo que el día nacía
sobre las montañas.
La
noche siguiente, Niglo vistió deliberadamente al bebé con la ropa puesta del
revés. Después puso una ristra de ajos alrededor del cuello del bebé y se puso
a esperar a que llegara el fantasma de Vana.
Apareció
pronto, caminando ansiosamente en busca de su bebé como si de una loba buscando
a su cachorro se tratará, como lo haría una madre ante la llegada de su hijo.
CONTINUARÁ....
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