Érase una vez, un matrimonio
campesino de nombre Martín y Lucía, que deseaba muchísimo tener un bebe,
pasaban los años y no venía ningún niño, así que un día, la madre fue a la
bruja del bosque y pidió que le hiciera un conjuro para así poder tener su
ansiado niño.
Así lo hizo la bruja, pero a la
madre advirtió:
- Tu niño será especial, mágico y debes amarlo
siempre, sino la desdicha te traerá.
Y, nueve
meses después, nació un bebe precioso con unos ojos negros encantadores, pero
los padres se llevaron un susto se llevaron cuando vieron que su niño tenía el
pelo verde, verde como una manzana.
Lloraron
los campesinos avergonzados del hijo que habían tenido, se preguntaban cosas
como, por ejemplo, que cómo pasearían libremente por el pueblo, que dirían los
demás niños cuando su hijo fuera al colegio con ellos, y se repetían que era
una desgracia y una vergüenza tener un hijo así.
Y, fue
entonces que la madre recordó las palabras de la bruja, “especial”, “mágico”,
“debes amarlo”, la madre se imaginó que el niño igual podría hacer algún truco
de magia, así que comenzó a pedirle deseos, pero el niño era muy pequeño y no
podía llevar a cabo ningún truco de magia.
Pasado
algún tiempo, los campesinos tuvieron dos hijos varones más, los cuales no
habían sido pedidos con ningún conjuro de bruja y los cuales eran como
cualquier otro niño, pero qué destino depararía al niño pequeño de pelo verde.
Luis, así
le habían llamado, era un niño solitario, triste, sus hermanos se burlaban de
él, nadie en el pueblo quería ser su amigo, en la escuela todos se reían de su
pelo, hasta el punto que el niño siempre usaba un sombrero para tapar su
cabellera que no dejaba de crecer y nunca cambiaba de color.
No hay comentarios:
Publicar un comentario