Después de que hubiésemos hablado, la llevaría a
almorzar a algún lugar, quizá iríamos al cine, pararíamos en el bar para tomar
unos cócteles y por ultimo y con un poco de suerte, terminaríamos haciendo el
amor en la cama.
Esa posibilidad llama a la puerta de mi corazón,
siendo ahora la distancia entre nosotros de apenas quince metros. ¿Cómo me
puedo acercar o qué debería decirle? ¿Debería comenzar con un “buenos días,
señorita”? No, sonaría ridículo, parecería como un vendedor de seguros.
Quizá simplemente sirva la verdad: Buenos días, tú eres
la chica perfecta para mí. Seguro que no, no se lo creería. Aunque lo dijera es
posible que no quisiera hablar conmigo. Perdóname, podría decir, es posible que
yo sea la chica totalmente perfecta para ti, pero tú no eres el chico perfecto
para mí. Podría suceder, y de encontrarme en esa situación me rompería en mil
pedazos, jamás me recuperaría del golpe, tengo treinta y dos años, y de eso se
trata madurar.
Pasamos frente a una florería, y un tibio aire
tocaba mi piel. La acera está húmeda y noto una fragancia a rosas, pero no
puedo hablar con ella, quien trae un suéter blanco y en su mano derecha aprieta
un sobre blanco con una sola estampa. Así que, ella le ha escrito una carta a
alguien, a juzgar por su mirada medio adormecida quizá pasó toda la noche
escribiendo. Ese sobre puede guardar todos sus secretos. CONTINUARÁ....
No hay comentarios:
Publicar un comentario