Mi
primo Niglo se casó con una hermosa muchacha de nombre Vana, que venía de una
de las tribus gitanas- serbias, y durante un año vivieron la despreocupada vida
de dos solícitas mariposas, todo el día persiguiéndose y dándose caza el uno al
otro. Y por la noche yacían los dos entrelazados, susurrándose bellas palabras
al oído.
Su
amor pronto los llevó a engendrar una criatura; pero, cuanto más crecía el
vientre de ella, más débil se sentía. En su amor por la muchacha, Niglo
intentaba hacer todo lo posible para aliviarla y hacer que se sintiera mejor.
Iba a buscar el agua, recogía la leña,
preparaba la comida y lavaba la ropa; todo esfuerzo era poco para él.
Pero Vana, que así se llamaba su mujer, cada
vez se encontraba más débil. Por fin llegó el día señalado, y pronto fueron
tres personas en el hogar. Pero la pobre de Vana no era capaz de levantarse,
porque el parto había sido difícil, laborioso y había perdido mucha sangre.
Mientras
el niño ganaba peso sin parar, ella se iba quedando sin fuerzas. Una noche,
mientras Niglo dormía abrazado a Vana y al bebé, ella murió.
Al día
siguiente, Niglo parecía poseído por un demonio, ya que hizo jirones todas las
ropas de Vana y las quemó. Destrozó su guitarra y arrojó los pedazos sobre los
trapos ardientes. Rompió su cafetera, su taza y su plato, y los enterró junto
con todas las demás pertenencias de Vana.
Lo
único que conservó de ella fue su fotografía: no tuvo fuerzas para destruirla,
y tampoco podía hacer, ya que Vana siempre había sido y será la mujer a la que
Niglo hubiera amado a lo largo de toda su vida, estuviera viva o muerta.
El
cura del pueblo la enterró en el cementerio de San Jorge en Liebach en una
sencilla ceremonia a la que acudió tan solo la familia de Vana y de Niglo. La
familia de Vana arrojó un montón de ofrendas sobre su ataúd y el sepulturero
cubrió de tierra la tumba.
CONTINUARÁ.....
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