jueves, 25 de enero de 2018

La historia de Vana (parte primera)

Mi primo Niglo se casó con una hermosa muchacha de nombre Vana, que venía de una de las tribus gitanas- serbias, y durante un año vivieron la despreocupada vida de dos solícitas mariposas, todo el día persiguiéndose y dándose caza el uno al otro. Y por la noche yacían los dos entrelazados, susurrándose bellas palabras al oído.
Su amor pronto los llevó a engendrar una criatura; pero, cuanto más crecía el vientre de ella, más débil se sentía. En su amor por la muchacha, Niglo intentaba hacer todo lo posible para aliviarla y hacer que se sintiera mejor.
 Iba a buscar el agua, recogía la leña, preparaba la comida y lavaba la ropa; todo esfuerzo era poco para él.
 Pero Vana, que así se llamaba su mujer, cada vez se encontraba más débil. Por fin llegó el día señalado, y pronto fueron tres personas en el hogar. Pero la pobre de Vana no era capaz de levantarse, porque el parto había sido difícil, laborioso y había perdido mucha sangre.
Mientras el niño ganaba peso sin parar, ella se iba quedando sin fuerzas. Una noche, mientras Niglo dormía abrazado a Vana y al bebé, ella murió.
Al día siguiente, Niglo parecía poseído por un demonio, ya que hizo jirones todas las ropas de Vana y las quemó. Destrozó su guitarra y arrojó los pedazos sobre los trapos ardientes. Rompió su cafetera, su taza y su plato, y los enterró junto con todas las demás pertenencias de Vana.
Lo único que conservó de ella fue su fotografía: no tuvo fuerzas para destruirla, y tampoco podía hacer, ya que Vana siempre había sido y será la mujer a la que Niglo hubiera amado a lo largo de toda su vida, estuviera viva o muerta.

El cura del pueblo la enterró en el cementerio de San Jorge en Liebach en una sencilla ceremonia a la que acudió tan solo la familia de Vana y de Niglo. La familia de Vana arrojó un montón de ofrendas sobre su ataúd y el sepulturero cubrió de tierra la tumba.
CONTINUARÁ..... 

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