Una
noche, de invierno frío y de lluvia, se oyó tocar la puerta del castillo, la madre
de Luis abrió la puerta, afuera había una niña harapienta, sucia y mojada, que clamaba
por comida y techo para esa noche, pues de lo contrario moriría. La niña
llorando le suplicó a la nueva duquesa:
-
Deme usted algo de comer, y déjeme dormir aquí,
por favor. Afuera hace mucho frío y llueve, y tengo mucha hambre.
La
duquesa totalmente enfurecida le gritó:
-
Hija de la calle, aquí no hay nada para ti, vete
que ensucias mi castillo, harapienta.
Oyendo
esto la niña empezó a llorar con más fuerza, y Luis, que vio lo que había
pasado, dijo a su madre en tono de reclamo:
-
Madre, déjala pasar, aunque tú no quieras
ayudarla, yo sí quiero ayudar a esta pobre niña.
Entonces,
Luis, el niño del pelo verde, cerró sus ojos y de pronto la niña estaba limpia,
vestida con suficiente abrigo y con una mesa llena de manjares para ella sola.
Mientras
la niña comía, Luis se ocupó de otra cosa, ya que fue a buscar a su familia y
reunió a todo el pueblo y dijo:
-
Fui siempre burlado por todos vosotros, fui
aislado de vuestros juegos, de vuestras vidas, sólo, cuando pude cumplir
vuestros deseos os hicisteis mis amigos. Pues os digo, vuestra vida está llena
de riqueza, pero vuestro corazón como el de mi madre no tiene amor para los que
somos distintos, por eso, todo lo deseado, será eliminado y todos vosotros seréis distintos al resto del
mundo.
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