lunes, 29 de enero de 2018

La Violinista (parte 1)

Nina era extremista: amaba u odiaba intensamente y con la única persona en el mundo que podía entenderse era con su hermano. Era a la única persona a la que ella respetaba. Delante de él, no podía tomarse un trago ni fumar un cigarrillo.
Yo siempre fui su amiga de lejos, porque solía ser hiriente cuando cualquier persona le contradecía en algo. Pero era una música excelente, una de las mejores violinistas que he escuchado en la vida. Y su muerte no podía dejar de ser trágica, como les contaré. 
Siendo adolescente conocí a Nina en el instituto, ya que coincidió conmigo una vez en clase. Le gustaba desde ese entonces la bossa nova, y yo me volví su amiga porque fui la única que le atinaba a tocar los shakers y un bombo para acompañarlo. Cantaba bien, no era una gran vocalista, pero lo hacía bien. Su violín era la que hacía todo el show.
Nunca estuvo en un grupo porque era imposible trabajar con ella por su carácter. Varios músicos al ver su talento la invitaban a ensayar o a tocar, pero a la menor crítica a su estilo o a sus errores de ensayo se molestaba de tal manera que los demás músicos se convertían en sus peores enemigos.
 Solía encerrarse por días en su cuarto cuando se enojaba y el único que la podía hacer salir de su refugio era su hermano, ya que él lo dejaba e inventaba excusas para el instituto y después forzaba la puerta y la sacaba a la fuerza, y así Nina volvía a sus actividades normales como si nada hubiese pasado.
Nunca entendí por qué yo no dejé de ser su amiga. Creo que simplemente me gustaba cómo tocaba el violín y como ella era muy torpe con la gente y más aún con los hombres, yo salía ganando cuando yo conseguía alguna presentación en algún bar o reunión. Yo era el que hacía la parte social y ella sólo tocaba genialmente. Sabía muchas canciones, no cantaba mucho y era perfecta para esas reuniones de gente de dinero que quiere tener música de fondo que suene sofisticada.
Cuando alguien se acercaba a felicitarla por la música yo me adelantaba y atendía a la gente. Ella se escabullía al baño o a cualquier parte, ya que, en parte, despreciaba los halagos, porque siempre, decía ella que venía de gente que no sabe nada de la música.
Nina no tenía necesidad ni intención de trabajar así que la música era su forma de ocuparse y de ganar algo de dinero. Ella había heredado una fortuna y su hermano la administraba muy bien. Un buen paquete de acciones en las principales empresas del país era su fuente inagotable de dinero. Así, Nina tuvo acceso a los mejores violines, un buen sonido amplificador y buenos maestros desde que era una niña.

Una sola vez en la vida, Nina se enamoró de un elegante hombre mexicano, de pelo largo negro y de gran alegría, Antonio que así se llamaba, decidió desde que la vio que Nina era para él y se instaló sin pedir permiso en su vida.
CONTINUARÁ.... 

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