jueves, 1 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 1)

El tiempo siempre lo había obsesionado, desde chico. Había invertido largas horas de su vida cavilando, reflexionando absorto acerca de ese fenómeno físico que marcaba de manera indeleble cada uno de sus actos. Había tratado de sentir cómo transcurría de mil maneras, pero no lo había conseguido. Sus sistemas de percepción no estaban preparados para captar el subrepticio paso de un instante hacia el siguiente. Lo desvelaba la idea de que no podía detener ese aluvión de segundos, minutos, sucesos e instancias de su vida que lo arrollaban, que pasaban tan rápidamente.
El tiempo era una fuente inagotable que alimentaba sus trasnochadas especulaciones, en las que se imaginaba jugándole alguna broma para evadirse de su asfixiante influencia, para romper los límites que le imponía su paso, tratando de abstraerse de las principales consecuencias de su constante fluir. Porque ese riguroso paso lo acercaba al inexorable final, dándole a todas las cosas una sensación de vanidad. Se decía que debía hacer algo para terminar con esa injusta esclavitud. Alguna vez había pensado en la muerte como una manera de poner fin a esa situación, pero comprendía que no sería más que un atajo.
Debía encontrar otra salida, debía hallar la manera de romper con ese círculo de mañanas, desayunos, noches, cenas, sueños y despertares que lo enloquecía con su interminable rutina, y qué decir del reloj, que con su cadencioso latir marcaba con su pulso el compás de la vida, manejándola como un perverso control remoto.

Observó detenidamente las estrellas, titilando en la negrura del espacio. Ellas estaban sujetas a la misma esclavitud que él, pero parecían estar libres de la aflicción que lo aquejaba. Trataba de adivinar en qué se fundamentaba esa extraordinaria indiferencia hacia las leyes que gobernaban el universo.
CONTINUARÁ........

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