Una
risa incontenible brotaba de su interior al comprender que estaba atrapado en
una cárcel de la cual no podría salir, condenado a ser un mudo espectador de
sus posibles vidas hasta... ¿hasta cuándo?, ¿hasta que todos sus posibles alter
ego murieran?, era imposible saberlo. Su mirada vagaba de un cuadro a otro. Fue
consciente de la tremenda ironía de la situación. Había querido "detener"
el tiempo y el tiempo lo había detenido a él, mientras sus homónimos seguían
viviendo, ignorando totalmente el drama que protagonizaba.
Una
sensación de entumecimiento progresivo lo invadía lentamente. Su carne se
transformaba en otra cosa, otro tipo de materia, más dura, más densa. Comenzó a
sentir una rigidez mortal. Mientras se producía la metamorfosis, los latidos de
su corazón cambiaban de sonido, de ritmo y el mismo órgano que había bombeado
la sangre dentro de su cuerpo durante tantos años se sentía diferente también,
como una precisa maquinaria.
Súbitamente
un tic-tac comenzó a brotar de su interior, cada vez con más fuerza, hasta
hacerse ensordecedor. Las caras de los múltiples "él" de las
múltiples pantallas se volvieron a mirarlo con curiosidad. Veía su propio
rostro infinitamente replicado acercarse y observarlo con atención. Las
infinitas manos lo tomaron para ponerlo en hora y luego colocarlo nuevamente
sobre el mueble bajo del living, con sumo cuidado.
Los
observó darse vuelta y continuar con sus vidas. Él había resuelto el enigma que
siempre lo había desvelado, el interrogante que tanto había querido descubrir
acerca de la naturaleza del tiempo, porque comprendía al fin que, a partir de
ese momento, ambos se habían fundido en una misma cosa.
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