lunes, 5 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 3)

¡Era cierto!, se dijo. Por alguna causa sobrenatural y ajena a las leyes de la naturaleza, la antigua reliquia tenía la invalorable capacidad de ser un interruptor, una llave que le permitía cortar el avasallador flujo del tiempo. Se quedó observándolo durante un largo rato. Su mirada vagaba por los dorados arabescos del aparato para volver al principio en un interminable ciclo que le permitía evadirse de su descubrimiento.
Por fin interrumpió la hipnótica ceremonia, ya que debía considerar con cuidado qué haría con él. Su mente pragmática trajinaba analizando las distintas posibilidades a su alcance, pero, a decir verdad, todavía desconocía las reglas que regían ese nuevo mundo del tiempo detenido y había una sola manera de averiguarlo: la experimentación. Decidió que en algún momento debía accionar el dispositivo y salir a verificar la naturaleza del fenómeno, pero no podía empezar esa noche. Estaba cansado, así que, se fue a la cama sabiendo que a pesar del cansancio le sería imposible conciliar el sueño.
Al día siguiente se levantó y fue a trabajar, pero le costaba un triunfo concentrarse en sus tareas y estaba sumido en profundos pensamientos. Para la tarde ya no aguantaba estar allí un segundo más. Le dijo a su jefe que se sentía mal. Al llegar dejó sus cosas y se plantó frente al reloj.
Tenía que planear muy bien qué hacer. Por un lado, debía verificar primero algunas premisas básicas antes de salir a la calle. Sabía que el tiempo era algo muy delicado, que si cometía algún error podría alterar el transcurso del futuro. Todavía era temprano y no veía la hora de comenzar la experimentación, pero por otro lado sentía un temor.

—Ya es hora de empezar —se dijo en voz alta. Se paró delante del reloj y accionó la perilla. "Clic". El ominoso silencio del día anterior se hizo presente de nuevo. Aguzó el oído con atención durante unos momentos. Nada se escuchaba. 
CONTINUARÁ...

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