Pensó
que allá lejos, en el espacio, todo era diferente. El concepto del
"infinito" cobraba un significado distinto cuando uno se enfrentaba a
semejante inmensidad, a semejante ámbito imposible de mensurar y el tiempo cambiaba
de sentido también, cambiaba de escala y el "infinito" de la tierra
parecía empequeñecerse, haciéndose insignificante.
Como
fuese, el dilema no tenía solución posible y el tiempo era un enigma sin
resolver para él, por más que se afanara en encontrar la clave de su esencia.
El tic-tac del reloj del living se tornaba insoportable, y entonces decidió que
no podía tolerarlo y se dirigió hacia él, lo miró con atención, admirando el
exquisito trabajo de orfebrería.
Después
de unos instantes de fascinada contemplación, buscó en la parte posterior del
reloj la perilla que detenía el complejo mecanismo de la máquina. Tanteó
durante unos instantes y por fin la halló. La giró completamente hacia la
posición de parada. Escuchó un "clic" debido seguramente a que alguna
palanca había trabado los engranajes del dispositivo. El silencio que llenó por
completo el lugar se hizo denso y cargado. Al principio se sintió aliviado al
no escuchar el incansable sonido, pero luego comenzó a inquietarse. Se sentía
raro. Todo estaba extrañamente detenido. Tomó conciencia de que no escuchaba el
murmullo del tráfico. La falta de los usuales ruidos del edificio era más que
sospechosa.
Se
dirigió a la ventana, y la imagen que sus ojos le transmitieron lo dejó
congelado. Había detenido el tiempo.
Cuando
logró salir del asombro inicial no sabía qué hacer a continuación. Todavía no
podía creer lo que había pasado. Decidió hacer una prueba para verificar el
hecho, así que su mano temblorosa volvió a la parte trasera del reloj y quedó suspendida
sobre la perilla de arranque, vacilante. Al final la giró. "Clic". Al
instante pudo escuchar las bocinas del tránsito y el llanto del bebé del primer
piso, que le pareció más claro que nunca.
CONTINUARÁ...
CONTINUARÁ...
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