Estaba
en una encrucijada. No sabía si seguir o volver. Una furia ciega comenzó a
surgir de su interior sobrepasando al miedo y a la angustia que lo había
dominado anteriormente. Sentía que la sangre le ardía y le golpeaba las sienes
con violencia. Por un momento dejó de lado todos sus miedos y se sumergió sin
pensar en el estrecho túnel, caminando sobre sus rodillas y manos, en medio de
una oscuridad.
A
medida que se introducía en el pasadizo, sus manos se sumergían en una
sustancia pegajosa y desagradable, una especie de barro gelatinoso. Sus
rodillas resbalaban haciéndole difícil avanzar. Trataba de reprimir el asco que
sentía y no pensar en qué clase de porquería estaría chapoteando. El aire se
volvía irrespirable. La hediondez del mismo lo estaba matando.
Estaría
en la mitad del recorrido cuando su cara se vio envuelta en "algo"
que se le adhirió como una máscara asfixiante. El terror lo hizo incorporar
como un resorte. Su nuca golpeó con dureza el techo del pasadizo. Sus manos
fueron instintivamente hacia su cara y sintió el pegajoso barro tapándole los
ojos, la nariz, la boca. Sintió un asco profundo y visceral. Las arcadas lo
comenzaron a sacudir con violencia. Algo caliente y húmedo le recorrió los
muslos. La desesperación que lo dominaba hizo explotar sus pulmones en un
alarido bestial e inhumano. Después del estallido quedó doblado sobre sus
rodillas, abrazado a su propio cuerpo, al mismo tiempo que lloraba como nunca
antes lo había hecho en su vida.
Después
de agotar la totalidad de las lágrimas que era capaz de llorar, todos los
gritos que era capaz de vociferar y después de arrepentirse mil veces de lo que
había hecho, quedó inmóvil y en silencio durante un largo rato. Finalmente, se
obligó a encarar la dura tarea de salir del inmundo lugar donde se encontraba
atrapado. Miró hacia el extremo del túnel.
CONTINUARÁ......
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