martes, 13 de febrero de 2018

El Interruptor (parte 9)

Estaba en su departamento. Había vuelto al principio de su camino.
El corazón le saltó en el pecho cuando delante de él vio una imagen horrenda, una forma negra, cubierta de un asqueroso barro de pies a cabeza, con los restos de sus vestiduras en un estado lamentable. Pudo percibir también el hedor a basura y orín que emanaba de su cuerpo y se sintió enfermo de nuevo. Había visto su propia imagen reflejada en el espejo largo del living. No podía creer que ese despojo infrahumano fuera él.
Un chillido familiar desvió su atención hacia otro punto del cuarto. Allí estaba la rata sobre el reloj. La pesadilla se volvía interminable. Debía ir hacia el interruptor y ubicar la perilla en la posición de arranque para que todo volviera a la normalidad; después se ocuparía de ella. Movió un pie, luego otro; la meta parecía inalcanzable. El roedor lo miraba divertido.
Un nuevo chillido peor que todos los anteriores llenó la habitación y el espanto lo detuvo al ver lo que el siniestro animal estaba haciendo. La bestia sacudía el reloj con todas sus fuerzas, usando las patas delanteras, y éste se balanceaba peligrosamente de un lado al otro. En uno de los vaivenes, la fuerza que lo hacía volver a su posición original fue superada, desplazando el centro de gravedad del aparato y éste debió girar para encontrar una nueva posición de equilibrio, volcándose hacia adelante.
Quiso gritar al comprender que el interruptor caería al suelo empujado por la rata sin que él pudiera impedirlo. Segundos después impactó sobre el piso del living. El vidrio del cuadrante de destrozó en múltiples astillas. El reloj quedó inmóvil. La rata había desaparecido de la escena. Quiso caminar hacia él pero no pudo hacerlo; algo le impedía moverse. Se sentía como en esas pesadillas donde era perseguido por algún monstruoso personaje y quería correr, escapar, pero su cuerpo no le obedecía.

De pronto, el reloj se desvaneció también. Una infinidad de planos paralelos se fueron corporizando delante de sus ojos, como sucesivas pantallas de cine traslúcidas. En cada una de ellas se proyectaban imágenes de las que pudieron ser sus probables vidas. Una tras otra, distintas tomas lo reflejaban haciendo las cosas cotidianas. Algunas escenas eran muy parecidas o estaban levemente desfasadas, pero otras eran diferentes en su totalidad, evidenciando que alguna drástica decisión tomada en el pasado habría cambiado por completo su futuro.
CONTINUARÁ...

No hay comentarios:

Publicar un comentario