La
pequeña luz al final del mismo todavía estaba allí. Comenzó a desplazarse
paulatinamente, laboriosamente a medida que el final del camino se acercaba
hacia él.
Por
fin alcanzó la salida y desembocó en una cámara como la del otro extremo, pero
casi a oscuras. La silueta de una puerta formaba una brillante figura
geométrica, hábilmente dibujada por la luz que provenía del otro lado. Se
incorporó como pudo y quedó parado frente a ella sin atreverse a abrirla por
miedo a lo que encontraría del otro lado. Se sentía completamente miserable.
Otra vez las lágrimas afloraban a sus ojos sin que pudiera impedirlo. Se había
excedido, había jugado con lo desconocido y estaba pagando las consecuencias.
El miedo y el terror volvían al comprender que tendría que abrirla y enfrentar
lo que hubiera detrás. Ya no aguantaba más, sólo quería descansar.
Su
mano vacilante tomó el picaporte y tiró de él. Una luz intensa lo cegó por completo,
pero igualmente se lanzó a través de la abertura al espacio contiguo dando un
par de pasos inseguros. Después de unos segundos se obligó a abrir los ojos y
quedó atónito ante el espectáculo que tenía ante sí.
Estaba
en su departamento. Había vuelto al principio de su camino.
El
corazón le saltó en el pecho cuando delante de él vio una imagen horrenda, una
forma negra, cubierta de un asqueroso barro de pies a cabeza, con los restos de
sus vestiduras en un estado lamentable. Pudo percibir también el hedor a basura
y orín que emanaba de su cuerpo y se sintió enfermo de nuevo. Había visto su
propia imagen reflejada en el espejo largo del living. No podía creer que ese
despojo infrahumano fuera él.
CONTINUARÁ....
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