El
paisaje callejero lo había dejado enmudecido en un principio. Ahora se sentía
como un fantasma vagando entre las tumbas de un cementerio donde estáticas
figuras lo miraban con ojos perdidos, sin verlo en realidad. Observaba a la
gente en la calle, en sus autos, a través de las vidrieras de los negocios. Le
causaba gracia las posturas en las que habían sido sorprendidos. Sí, los
observaba detenidamente pero no se animaba a tocarlos.
Su
aleatorio caminar lo llevó hacia un lugar apartado y desierto, donde la luz
mortecina de un farol iluminaba apenas la escena. Escuchó un ruido. ¡No puede
ser!, se dijo alarmado, ¡el sonido no debería trasmitirse en este momento!
Corrió hacia el lugar desde donde le parecía que el ruido había venido. Entre
un montón de basura, botellas y bolsas de residuos pudo ver una enorme rata
parada, cuyos ojos penetrantes no se despegaban de él.
—¡No
es posible, no es posible!, ¿qué es lo que está pasando?
Comenzó
a caminar hacia el roedor y éste se arqueó levantando la cola, chillando
siniestramente, para luego salir disparado hacia el interior del callejón,
deteniéndose delante de una puerta entreabierta, como si lo estuviera
esperando. Sintió una enorme sensación de repulsión. Nunca había soportado ni
ratas, ni cualquier clase de alimaña parecida. Se dijo que debía averiguar por
todos los medios qué era lo que sucedía, dado que esto podía repetirse con
algún otro ser, humano o no. Venciendo su disgusto fue en su búsqueda.
Al
atravesar la puerta se encontró dentro de una vivienda miserable. Vio a dos
ancianos sentados a la mesa, que habían sido sorprendidos por el interruptor
mientras consumían una humilde cena. El animal lo esperaba al final de un
pasillo. Él se dirigió derecho hacia allí. Ni bien comenzó a transitarlo, la
rata escapó hacia uno de los lados, haciéndolo sentir totalmente estúpido.
CONTINUARÁ.........
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