En las
minas de Potosí, la boca del infierno, sólo nos faltaba toparnos con el mismo
Demonio, pensé al encontrarnos de cara con una estatua de lo que a todas luces
parecía Satanás, con sus cuernos y todo, vistiéndole un mar de tiras de confeti
y tenía una mirada hierática y seca.
Cuando
le preguntamos a nuestro amigo minero nos contó la historia tanto de aquella
como de muchas de las estatuas de aspecto demoníaco que hay en el interior de
Cerro Rico. Explicó que no se trataba de Lucifer ni mucho menos, sino de lo que
ellos llaman “El Tío”, el cual representa el doble universo de las creencias
indígenas y las traídas por los conquistadores, la cual decía que, desde hace
mucho, la cosmogonía andina nos hablaba de la tradición de adorar a un ser de
las profundidades que, supuestamente era el esposo de la ya mencionada
Pachamama. En lugares como cuevas o minas como las potosinas en las que
estábamos, él era el ser que podía salvar a la gente o, por el contrario,
maldecirla. Por tanto, siempre se trataba de contentar al Tío con oraciones y
ofrendas.
Hoy se
continúa adorando al Tío, cuyo nombre procede de la inexistencia de la letra
“d” en quechua. Y es que ellos lo trataban de castellanizar diciendo Dios…
pronunciado Tios. Con el tiempo se perdió la “s” y al ser de las profundidades
se le conoció para siempre como El Tío.
Me
llama mucho la atención comprobar cómo muchos de los nativos americanos
acoplaron sus creencias a la nueva religión traída del viejo mundo. Siempre se
ha dicho que América es hoy día la reserva espiritual del cristianismo en el
mundo, aunque sin dejar de lado su Fe y cultura en la que dioses como la
Pachamama y El Tío tienen cabida. En cierto modo ellos son la Naturaleza, y en
realidad representa lo que vemos, olemos, tocamos, y de lo que vivimos todos.
Después
continuamos vagando por las oscuras galerías, casi sin sentir las piernas y
estar casi sin respirar aire puro, apreciamos un lejano punto de luz. Todo era en
línea recta y en apenas un par de minutos teníamos la salida, el final de un
larguísimo caminar. En ese momento entendí con razones lo que era ver la luz al
final del túnel.
CONTINUARÁ....
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