martes, 20 de marzo de 2018

Viaje al Infierno (parte quinta)


En las minas de Potosí, la boca del infierno, sólo nos faltaba toparnos con el mismo Demonio, pensé al encontrarnos de cara con una estatua de lo que a todas luces parecía Satanás, con sus cuernos y todo, vistiéndole un mar de tiras de confeti y tenía una mirada hierática y seca.
Cuando le preguntamos a nuestro amigo minero nos contó la historia tanto de aquella como de muchas de las estatuas de aspecto demoníaco que hay en el interior de Cerro Rico. Explicó que no se trataba de Lucifer ni mucho menos, sino de lo que ellos llaman “El Tío”, el cual representa el doble universo de las creencias indígenas y las traídas por los conquistadores, la cual decía que, desde hace mucho, la cosmogonía andina nos hablaba de la tradición de adorar a un ser de las profundidades que, supuestamente era el esposo de la ya mencionada Pachamama. En lugares como cuevas o minas como las potosinas en las que estábamos, él era el ser que podía salvar a la gente o, por el contrario, maldecirla. Por tanto, siempre se trataba de contentar al Tío con oraciones y ofrendas.
Hoy se continúa adorando al Tío, cuyo nombre procede de la inexistencia de la letra “d” en quechua. Y es que ellos lo trataban de castellanizar diciendo Dios… pronunciado Tios. Con el tiempo se perdió la “s” y al ser de las profundidades se le conoció para siempre como El Tío.
Me llama mucho la atención comprobar cómo muchos de los nativos americanos acoplaron sus creencias a la nueva religión traída del viejo mundo. Siempre se ha dicho que América es hoy día la reserva espiritual del cristianismo en el mundo, aunque sin dejar de lado su Fe y cultura en la que dioses como la Pachamama y El Tío tienen cabida. En cierto modo ellos son la Naturaleza, y en realidad representa lo que vemos, olemos, tocamos, y de lo que vivimos todos.
Después continuamos vagando por las oscuras galerías, casi sin sentir las piernas y estar casi sin respirar aire puro, apreciamos un lejano punto de luz. Todo era en línea recta y en apenas un par de minutos teníamos la salida, el final de un larguísimo caminar. En ese momento entendí con razones lo que era ver la luz al final del túnel.


CONTINUARÁ....

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