viernes, 9 de marzo de 2018

La mujer que soñaba con los cuentos (parte 5)


Fue entonces cuando escuchó una extraña melodía que provenía de una carreta que pasaba junto a la muralla, que decía así:
-          Help! I need somebody. Help! Not just anybody.
La mujer, sin pensárselo dos veces, chilló con voz poderosa:
-          ¡Help! ¡Ayuda!
Al escuchar aquel grito liberado, el teléfono que reposaba en la mesita de su dormitorio empezó a vibrar. En la pantallita parpadeaba un cartel que decía: “Sólo tienes que descolgar.
Apenas cogió el auricular, al otro lado comenzaron a sonar voces enérgicas y voces dulces. Voces que nunca había escuchado, o que nunca había sabido oír. Las voces simultáneas de todos los cuentos. Voces de duendes, gnomos, hadas y piratas que se aferraban a un cabo y gritaban:
-          ¡Marineros, preparad los cañones y mirad a estribor! ¡Encaramad este galeón a una ola que no se detenga hasta llegar al castillo de la princesa! ¡Más deprisa, que la princesa nos espera!
Los piratas rápidamente fueron al patio y gritaron al unísono:
-          ¡Nadie nos moverá de aquí, no hasta que recuperes la sonrisa princesa! ¡Y que no se le ocurra al príncipe de las tinieblas asomarse por estas tierras!
A partir de ese entonces, todo cambió en el interior de aquellas cuatro paredes de piedra. Siete enanitos aparecidos de una lejana montaña se encargaron de reformar el oscuro palacio. A la mujer le gustaban sus graciosos nombres, ya que estaba el enanito fiscal, el enanito acompañante o el enanito juez.
CONTINUARÁ...

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