También
es cierto que, desde su llegada, la bella luz de las velas tiñó las paredes de
crueldad en paredes de sosiegos, y hubo fuego en las inertes chimeneas para
calentar las frías estancias.
Sintiéndose
agradecida, la mujer abrazó a cada uno de los enanitos. El enanito psicólogo le
robó dos besos y, a cambio, le dijo:
-
Cuando vuelvas al campo, verás que todos
los girasoles están cabizbajos, esperando tu nuevo amanecer.
A
lo que ella le respondió con una gran delicadeza:
-
Estoy bien, pero no sé si merezco volver a
amar……….
Y
el enanito, estirándose de puntillas para acariciar la porcelana ya reparada,
le reveló:
-
Incluso en la noche más oscura surge un
sol para iluminar nuevos caminos para andar, sólo hace falta cerrar los ojos y
mirar al cielo con el corazón.
El
primer día de la siguiente primavera, mientras la mujer observaba sentada en un
banco cómo sus hijos jugaban en el parque, escuchó pisadas en la gravilla. Se
volvió lo justo para mirar de soslayo a un apuesto joven que se acercaba.
No
llevaba ropas de príncipe, ya que a lo mejor era paje o incluso campesino, o un
jugar buscando bellos versos para sus hermosas composiciones.
Viéndolo,
sintió una gran punzada en el corazón, y sobresaltada, se volvió a concentrarse
en sus hijos, y con una voz grave les gritó:
-
Cuidado, no os impulséis tan fuerte en el
columpio, ya que podéis caeros y haceros mucho daño.
CONTINUARÁ....
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