martes, 6 de marzo de 2018

La mujer que soñaba con los cuentos (parte 2)


A los pocos días de estar viviendo con el joven, éste le obligó a cortar sus largos cabellos morenos porque según él, no era decente que la chica fuera provocando a los varones de la corte. También miraba con total desprecio los vestidos y prendas que ella cosía para gustarle, y tras haberlos acabado le obligaba a tirarlos a la basura. Y cuando la mujer le empujaba en broma, y le proponía jugar al escondite en el jardín como dos amantes furtivos, él le preguntaba:
-          ¿Acaso ves a nuestro alrededor alguna razón para reír?
Entre las miradas de soslayos y largos silencios, la mujer dio a luz a dos preciosos gemelos. Eran un niño y una niña, con una piel más blanca que la nieve, y ambos con preciosos ojos verdes y pelo moreno.
La mujer, al verlos, pensó que eran el mejor regalo que los dioses le hubieran podido dar; o más bien que eran los dioses mismos bajados a esta Tierra para ayudarle a escribir, por fin, su propio cuento. Pero sus hijos no eran dioses sino ángeles, con frágiles alas que se quebraban ante los gritos de un príncipe que, día tras días, se hacía merecedor del título nobiliario de príncipe de las tinieblas.
La mujer, haciendo gala de su fortaleza, pensó que suya era la culpa y que sólo ella podía arreglar el cuento, así que recorrió todas las fruterías de la ciudad buscando manzanas rojas, pero de todas ellas salían gusanos y ninguna era roja; y preguntó en todas las boticas si vendían algún elixir del amor como los que solían usar las brujas, pero sólo recibió gestos de extrañeza y que algún boticario la tratará de loca.
Una noche fría como el silencio de los velatorios, la mujer notó como un gran huracán frío le golpeaba la cara, pero aquello no era un huracán, los cuales incluso eran más pacíficos que aquello, y además en aquel terrible palacio ni siquiera el aire se atrevía a correr por sus grandes pasillos ni sus tenebrosas habitaciones.
CONTINUARÁ.....

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