lunes, 19 de marzo de 2018

Viaje al Infierno (parte cuarta)


Mascaba constantemente las hojas de coca que había comprado el día que había visitado el Salar de Uyuni. En realidad, trataba de imitar a los propios bolivianos, haciendo una pelota que colocaba en un extremo de la mandíbula, la cual conviene tenerla y olvidarse prácticamente de ella, absorber muy lentamente su mezcla con saliva. Una ligera sensación de que se le duerme a uno la lengua es normal por los muchos efectos que tiene esta hierba, y es lo mejor para el mal de altura, para sofocar ese soroche maldito que afecta a quienes se enfrentan a una altitud a la que no están acostumbrados.
Nuestro guía nos iba contando muchas batallitas de cuando trabajaba en la mina. La verdad que era un tipo del que puedo decir aprendí mucho de cómo es la situación actual dentro del Cerro Rico. Hubo un momento en que nos pidieron ayudásemos a trasladar una viga a otros compañeros y aquello parecía pesar tres veces más de lo que pesaba realmente. Necesité sentarme un momento y pedí al grupo hicieran el último viaje sin mí, que les esperaba en ese mismo punto. No sé si por lo que se respiraba allí, el poco oxígeno, o por el agotamiento, me empecé a marear bastante. De pronto me encontraba allí sentado totalmente a oscuras tratando de no desmayarme. Cuando la vista emborronaba la poca luz de la linterna me eché agua a la cabeza para espabilarme.
Finalmente fue sólo un susto, una bajada de tensión y muy pronto llegaron los demás. Pedí detenernos un poco, beber líquido, y el hombre nos llevó junto a los mineros a los que habíamos ayudado a sentarnos un rato tranquilamente. Compartimos más hojas de coca y salió, no sé de dónde, una botella del alcohol que habíamos probado antes. Aquella era la manera de soportar lo insoportable, y por un lado no me extrañaba en absoluto.
Continuamos caminando, siempre hacia abajo y nunca retornando sobre nuestros pasos, lo que nos hacía esperanzar a muchos que la salida no podía estar demasiado lejos habiendo pasado ya tres horas en aquel horno oscuro y mojado. Aun así, entre nosotros ya hablábamos que eran más las ganas de saber que el miedo o la posible claustrofobia.
CONTINUARÁ....

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