Por primera vez, Marta fue capaz de disfrutar de lo que ocurría a su alrededor. Se fundió en los cariños y la compañía de su madre y se dio cuenta de lo gracioso que era su padre cuando se le escuchaba.
Lo que sucedió es que dejó de lado sus enfados para hacer hueco a los buenos momentos. Dejó de quejarse para evadir sus responsabilidades y comprendió que sus enfados le hacían infeliz y le robaban horas y horas de diversión y felicidad junto a su familia.
Y así fue como la protagonista de nuestra historia se quitó la máscara y aprendió a disfrutar de un precioso día de carnaval.
Y tú, ¿te animas a quitarte la máscara y a disfrutar de lo que te rodea?
FIN
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