viernes, 1 de marzo de 2019

La máscara de Carnaval (parte 4)

Subió al coche.

Cuando llegaron a la puerta de la escuela, su madre le dijo – Marta, no sé porque tienes esa cara de enfadada, ya hablaremos esta tarde.
Ahora sí que estaba preocupada, ¿cómo iba a entrar a su clase con esa cara? ¡Todo el mundo se daría cuenta de su mal humor y dejarían de ser sus amigos!
Cuando entró, su mejor amiga se acercó y le preguntó – ¿Por qué tienes cara de enfadada?
-¡Déjame en paz! – contestó Marta.
La situación había empeorado aún más. Ahora la máscara se había adueñado también de su voz y comenzó a soltar una serie de berridos e insultos hacia sus amigas, algo que jamás habría hecho de no ser por el poder que aquel antifaz ejercía sobre ella.
Salió de clase y entró en el baño.
Allí se miró al espejo y fue consciente de lo que sus padres veían cada vez que ella se enfadaba injustificadamente. Comprobó el dolor que ejercían sus palabras en esos momentos de rabieta, pues sus amigas se habían quedado llorando en sus pupitres al no entender los insultos que acababan de recibir.
Marta se enfrentó a sí misma. Pudo ver la peor de sus caras, la peor de sus actitudes y comprendió que sus padres debían pasarlo muy mal cada vez que ella decidía entrar en cólera para conseguir algo.
Estuvo mucho tiempo llorando encerrada en el baño, hasta que de repente la máscara se desprendió de su rostro.
Marta la recogió entre sollozos y se levantó.
Tenía que regresar a clase y dar la cara. Había pasado tanto tiempo, que no se había dado cuenta de que era la hora del recreo.
Fue directa al patio y allí estaban sus amigas, esperándola. Antes de que pudieran decir nada, Marta les pidió disculpas y les prometió que nunca más las iba a tratar así de mal.
Pronto, todas se abrazaron y la perdonaron.
Ahora que Marta sabía lo mal que se debían sentir sus padres, debía hacer algo para disculparse.
Cuando la recogieron del colegio estuvo muy amable, sin quejarse por la merienda o por tener que hacer las tareas. Sencillamente, merendó y terminó pronto sus deberes. Ayudó a su madre a preparar la cena, lo cual le pareció la mar de divertido. Pusieron la mesa y cenaron los tres juntos, mientras papá contaba una divertida anécdota que le había ocurrido en el trabajo.
CONTINUARÁ.......

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