-Sois muy amables. Descansaremos aquí mismo.
-Vale–Dijeron con gesto de preocupación por la imposibilidad de regresar a sus casas- Y luego… ¿Dónde podríamos ir?
-¿Desde aquí?… -Ojearon el mapa- Mmm… Lo más cercano es la cascada de los elfos.
El chico alto de azul la interrumpió: -Eso puede ser peligroso. Los elfos están revueltos, no permiten que pisemos los bosques que habitan a los que llaman suyos cuando son de todos. Nos acusan de destrozárselos… De eso hablábamos cuando vinistéis.
Corren tiempos difíciles. En este reino se está perdiendo el confiar en los demás. Optamos por refugiamos en la cueva. Hace años que no nos relacionamos con el resto porque nos deprecian.
Y así continuó contando un relato de ofensas e insultos tan sumamente triste que dejó el ambiente mudo. Poco a poco dominó el silencio y quedaron dormidos.
Por la mañana, Luis y Diana comentaron entre sí cómo era posible que aquella tribu tan amigable estuviera enemistada con el resto del reino. A pesar del terrible panorama que les habían mostrado, los aventureros empezaban su jornada con una nueva ilusión, más allá de entender un enigma: la de intentar ayudar a la Tribu a poder salir algún día de su cueva.
Al despedirse les obsequiaron con uno de sus colgantes de la “T”, como símbolo del mutuo deseo de volver a encontrarse.
CONTINUARA..........
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