Bueno, lo cierto es que yo suelo escaquearme de la limpieza. Me gusta más apuntarme a las labores culinarias, ¡que son mi punto fuerte!
Pero en esta ocasión, no pude hacer demasiado. Bueno, sí que hice mucho, aunque no fue tan divertido como yo pensaba. Mamá iba a preparar gulas con cola de gambón y había mucha gamba que pelar para dejarlas preparadas para el día siguiente. ¡Y me tocó! Acabé con los dedos naranjas y un dolor de brazos alucinante…Total, para que luego los halagos se los lleve mi madre por el buen punto que le da a las gulas con gambas. ¿Punto? Punto es el que le he dado yo con el sudor de mi frente y las yemas de mis dedos.
Para compensar un poco el esfuerzo de las gambas, mamá me dejó preparar los canapés navideños que ya había preparado hacía unos días para Papá Noel. ¡Eso sí que fue divertido!
Incluso sin ser valorado como me merecía, la cena fue un éxito y nos lo pasamos en grande. Además, siendo la noche que era, no podía empezar a quejarme o a querer ser el más importante, no fuese que Papá Noel cambiase de opinión con respecto a mí.
Este año había pedido el último modelo de locomotora teledirigida y la caja incluía la estación de tren y varios extras que eran impresionantes. Así que no podía permitirme ningún desliz en mi comportamiento…porque como todo el mundo sabe, Papá Noel no se anda con chiquitas.
Cuando todos se fueron, ayudamos a dejar la casa algo más recogida para que Papá Noel no flipase con el desorden cuando entrase a dejarnos nuestros tan merecidos regalos.
Pero justo antes de acostarnos, Lucas se acercó a mí y me dijo…- riquísimos los canapés, hermanito.
Ya está, de nuevo había sembrado la duda.
– ¿A qué te refieres? ¿Dices los de esta noche o te comiste los que había dejado en las vías del tren? ¡Confiesa! –
Mamá nos hizo callar desde su habitación, advirtiendo que Papá Noel no entraría en casa si había niños despiertos.
Me metí en la cama… ¿Qué pretendía mi hermano? ¿Querría que me enfadara con él? ¿Por qué querría comerse los canapés que había dejado en la calle? ¿Es que no se daba cuenta de que portándose mal conmigo iba a conseguir que le trajeran carbón?
Por otro lado, me quedé bastante triste, porque si él se había comido los canapés, tal vez Papá Noel no había venido a visitar mi casa, tal y como yo pensaba. Incluso cabía la posibilidad de que las galletas se las hubiese comido el gato de los vecinos.
Estaba tan cansado que, aún con la pena de pensar que no había recibido ninguna visita mágica del Polo Norte, me quedé dormido en un santiamén.
Y por fin llegó la mañana más esperada del año.
– Chicos, alguien ha pasado por aquí mientras dormíamos – gritó papá desde el salón.
Me levanté de la cama de un salto y, sin ponerme las zapatillas, bajé como un rayo hasta el salón.
– ¡Si! Ese es mi tren. ¡Gracias Papá Noel! – grite sin remilgos.
No podía frenar la emoción que sentía. Papá Noel había colocado mi nuevo tren sobre unas vías que daban la vuelta al árbol de Navidad. Con eso confirmaba que había estado rondando mi casa los días pasados. Daba lo mismo si Lucas, o el gato de los vecinos se habían comido las galletas o los canapés, porque él había visto mi esfuerzo y me había traído el tren, incluso lo había colocado sobre las vías, tal y como yo hice con los canapés.
Marta bajó enseguida y también se llevó una gran alegría al ver que le habían traído el patinete y los libros que había pedido. –Mira, Pablo, ¡mira mi patinete, es de los buenos!…Mira que ruedas…
El último en bajar fue Lucas. Llevaba unos días enfadado con la vida, o conmigo, o con los dos. Lo cierto es que lo que sucedió era de esperar.
– Mira Lucas, Papá Noel te ha dejado un par de cosas y una notita. – señaló papá.
Lucas cogió la notita y el paquete que venía marcado con el número 1. No nos contó lo que ponía en su nota, y tampoco le preguntamos, porque parecía que no era una carta muy amistosa.
Abrió el primer paquete y allí estaba. Nunca había entrado algo así en mi casa. Marta y yo nos retiramos porque no sabíamos cómo podía reaccionar Lucas. El primer paquete contenía CARBÓN.
La cara de mi hermano era un poema. Creo que en ese momento su enfado se dirigió al mundo entero…
Entonces, mamá se acercó con el segundo paquete, en el que venía el número 2. Supongo que seguían las instrucciones de la nota que Papá Noel había dejado.
Lucas lo abrió y…, bueno…, su sonrisa lo dijo todo.
Papá Noel es un tío genial. Primero asustó un poco a Lucas, pero al final le trajo lo que más quería, el videojuego que llevaba meses pidiendo y un libro de historias de terror que estaba como loco por leer.
Marta y yo estábamos sentados observando la potencia con la que se deslizaba mi tren, cuando Lucas se acercó a nosotros y se unió a la diversión.
Creo que papá y mamá también tenían regalos, pero estábamos tan emocionados los tres, que no nos dimos cuenta de lo que les había traído Papá Noel.
Lucas se acercó para decirme algo al oído – Eh, Pablo, no sé quien se comió los canapés que dejaste en la vía, pero me pareció escuchar un cascabel ese día en el jardín. – y me hizo una de esas caricias en el pelo que me dejan despeinado para todo el día.
– Gracias, Lucas – sonreí.
Y así fue como pasamos nuestra mañana de Navidad y como descubrí que Papá Noel siempre, siempre, siempre, comprueba si lo que ponemos en las cartas es o no verdad.
FIN.
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