– ¡Bravo, bravo, lo he conseguido! ¡El plan ha funcionado!
Bajó por el lado opuesto a modo de tobogán, y dando trompicones corrió por la arena dorada hasta que se lanzó al agua. Nada más sumergirse, la harina que cubría su cuerpo se disolvió y las hojitas de nenúfar del tocado se alejaron arrastradas por la brisa. Fue una sensación increíble ver que sus plumas recuperaban el magnífico color verde del que tan orgulloso estaba.
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