Todas
las mujeres de mi familia conocen la fórmula secreta para obtener el resultado
de una coleta simétrica y de excelente fisonomía.
Mi
madre repasaba mi pelo, elegía una cinta de color y yo atesoraba una coleta de
proporciones exactas, aunque después de repasar la lección de las propiedades
conmutativas de los conjuntos, la coleta ya había alterado su forma perfecta,
debido a su tendencia natural a despeinarse.
Con
la suma de los años, mi coleta respira en libertad, mejorada su silueta a lo
largo de muchas generaciones de moños y pañuelos negros. Aunque diestra en
despeinarme, tan sólo me resta la práctica exacta que multiplique la habilidad
familiar, a pesar de mi adversión a las matemáticas.
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