martes, 31 de julio de 2018

La broma de hoy (parte 1)

Volvió a sonar la alama; eran las 7:05. Esos 5 minutos me servían siempre para despertar a la realidad del día que empezaba. Él se había levantado el primero; se había duchado, paseado al perro, preparado los tupper que nos alimentarían el día y ya preparaba la ropa de los que retozaban aún en la cama.
“¿Dónde vamos mami?” Era la primera frase que oía cada día. No era la única que podría aventurarme a adivinar: “No quiero. Me quiero quedar en casa a jugar”, “y tú, ¿dónde vas?”, “me quiero ir contigo”, “¿por qué no me puedo ir contigo?…”. Todas, una tras otra, cada día de lunes a viernes.
Luego venía el vestirles, la lucha del desayuno, peinarles, lavarles la carita y las manos, el abrigo, su bolsa de tela, revisar sus agendas del cole y al coche. Tres besos a las 8:30 de la mañana, si íbamos bien de tiempo, te hacían entender que tocaba cambiar el chip y poner en marcha el de mujer trabajadora. Con un poco de suerte, ese día llegaría a casa a las 21:30. ¡Ah, no!. 22:30. Era lunes y este año me había prometido que me presentaría y aprobaría el bendito examen de inglés. Así que, pasara lo que pasara, a las clases de inglés no podía faltar. Y los deberes. Los deberes había que llevarlos hechos sí o sí. Seguro que encontraría un hueco a lo largo del día.
Llegaba a impartir mi primera clase de seguridad privada a las 9 y algo. Mis alumnos me estaban ya esperando. No recuerdo un solo día que hubiera llegado antes, ni siquiera puntual. Y corriendo, siempre corriendo. La clase duraba hasta las 14 horas y antes de entrar me repetía siempre un mantra: “Estás aquí y ahora dando clase. Da lo mejor de ti”. Había llegado a él sólo unos pocos meses antes, tras mi segundo parto, al darme cuenta de que mis hormonas habían tenido, en demasiadas ocasiones, un protagonismo excesivo en varias de mis clases. Pero lo cierto es que no había sido consciente de lo que había ocurrido porque la baja maternal -no sé si llamarla así-, duró 15 días y ese fue el tiempo en el que pasé de ser profesora a profesora con un bebé y, tiempo más tarde, a ser profesora con un niño y un bebé. Trabajadoras autónomas nos llaman. Así que eso: “Estás aquí y ahora dando clase. Da lo mejor de ti”. Durante el descanso saqué un café de la máquina para leer un comunicado que la empresa, para la que presto mis servicios desde hace 5 años, me había entregado. Bueno, a mí y a todos los docentes del centro:

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