Aurora fue creciendo hasta convertirse en una hermosa jovencita. Cada cumpleaños pedía el mismo deseo, esperando que algún día el hechizo se rompiese.
Cuando cumplió los dieciocho años sus padres hicieron una gran celebración, a la que invitaron a príncipes y princesas de todos los reinos vecinos. Allí Aurora conoció al príncipe Bash, un apuesto caballero de armadura brillante. El amor surgió como una chispa entre los dos y el príncipe que conocía el padecimiento de la joven, se apresuró en decirle lo bella que le parecía y lo mucho que deseaba volverla a ver, antes que la noche se la arrebatara de sus brazos.
Aurora y Bash se comprometieron y eran felices, compartían todo el tiempo que la luz del sol les daba para estar juntos. Pero el príncipe veía cómo la tristeza de Aurora empañaba aquella felicidad, así que decidió darle a su amada lo que tanto deseaba.
No se sabe cómo fue que lo consiguió, pero un día se marchó y regresó pasada una semana con un saco, cuyo interior relucía intensamente. Le había traído la luna a la princesa Aurora, solo por una noche, ya que después tendría que regresarla al cielo.
La princesa fue tan feliz aquel día que no quedó ni un poquito de tristeza en su corazón, logrando así que el hechizo se rompiera. Y vivieron felices por siempre.
FIN
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