El leñador dio las gracias, y colocó las hachas en su saco. Por el camino se encontró con su vecino. Era un hombre era muy codicioso a quien no le gustaba trabajar. Al saber lo que había pasado, corrió buscar un hacha vieja. Después fue al río a probar suerte. Al llegar a la orilla tiró el hacha al río, y empezó a llorar. No tardó venir la ninfa y le preguntó el motivo de su tristeza.
— He perdido mi hacha en el río – dijo llorando. La ninfa se sumergió en las aguas y reapareció con un hacha de oro. — ¿Es esta tu hacha? – le preguntó.
— ¡Sí! – gritó él estirando la mano para cogerla. — Te equivocas – dijo el hada -, esta es la mía. La tuya está en el fondo. Si quieres recuperarla, zambúllete como yo.
Y el hada desapareció entre las aguas del río.
FIN
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